Ganadora del Premio Mujer Impacta 2016, acompaña a niños enfermos de cáncer y sus familias, ayudándolos a sobrellevar el dolor a través de su creatividad y alegría.

“Es una persona que entrega demasiado sin pedir nada a cambio”, cuentan Javier y Alicia, papás de Simón, que el 2014 vinieron desde La Serena a Santiago para tratar a su hijo de leucemia en el Hospital Calvo Mackenna, ya que se abría una posibilidad de trasplante de médula. Fue ahí donde conocieron a Carolina -apodada por todos como la Caracola-. “Me preguntó si era el papá de Simón, me abrazó, me entregó energía y me sentí apoyado de inmediato. No cualquiera te conversa y te anima en una situación como la que estábamos con mi señora… ella tiene un ángel especial”.

Como ellos, muchos padres deben viajar a Santiago para continuar con el tratamiento que la mayoría de los hospitales de regiones no pueden proveer. “En el Calvo Mackenna se reciben pacientes de todo Chile, de Arica a Punta Arenas. Lo potente de esta enfermedad es que es de largo aliento y no se sabe si va a derivar en más vida o en muerte, y el proceso puede durar dos años. Por lo mismo, he sido testigo de cómo se separan las familias, especialmente los niños de regiones, que se quedan sin mamá o papá y que, en muchos casos, los padres tienen que dividirse entre los hermanos. He visto cómo una enfermedad segrega, separa y pone en absoluto jaque lo que es la familia”, afirma Carolina.

Alicia y Javier recuerdan como si fuera ayer el día en que Simón se despidió para siempre. Ocurrió durante la mañana del 10 de diciembre de 2015. “La Caracola llegó en la madrugada y lloró con nosotros. Una persona que no tiene ningún lazo sanguíneo contigo no se preocupa como ella lo hizo: nos abrazó y acompañó. Es excepcional, vivió nuestro dolor, las alegrías que teníamos al salir buenos los exámenes y también las tristezas y enojos cuando las cosas no resultaban”, cuenta Javier.

En el living de su casa están enmarcados los dibujos que Simón realizaba junto a Carolina. Cada uno acompañado por una descripción escrita por ella, de todo lo que él quería transmitir con sus trazos. “Simón tenía mucha llegada con la Caracola, crearon un lazo muy fuerte y a través de la conversación y el dibujo, expresaba sus sentimientos. En una ocasión nos dibujó, explicando que íbamos a estar muy tristes en el futuro… ella hace que el alma de los niños hable a través del arte”, dice Javier.

Belén Zerán (36) se desempeña como psico-oncóloga desde el 2008 en el Hospital Calvo Mackenna. Trabaja junto a Carolina para complementar el tratamiento de los pacientes con arte-terapia. “Trata temáticas muy adecuadas a la realidad que están viviendo, por ejemplo, con los chiquillos explora muchísimo el tema del duelo, el dolor, cómo expresar las emociones negativas en las fases del tratamiento. Puede hacer que el paciente avance de manera mucho más fluida, más rápida”, afirma.

Según cuenta Belén, la metodología de Lacaracola es la primera experiencia con arte-terapia que se ha implementado con los pacientes oncológicos en el hospital. “No es sólo arte por hacer arte, el método que tiene la Caro es muy desde el cariño, desde el conocer al paciente, el trabajo en equipo y un quehacer muy profesional y ético. Ha sido un aporte al 100%”.

En el equipo del hospital también realizan sesiones de autocuidado para apoyar, en los procesos de pena, a los profesionales que trabajan con los niños enfermos. “Uno se vincula con ellos y los quiere muchísimo; cuando los pierdes o se van, duele. Admiro mucho la entrega de la Caro y he intentado contagiarme de eso. Tiene una energía muy rica, muy vital, desde el servicio”.

DONDE TODO SE PUEDE

“Para mí, éste es el olor de la vida”, dice Carolina, refiriéndose a su taller de arte ubicado en Vitacura. Son las 6 pm y el lugar se llena de energía de la mano de ocho niños, la mayoría de 13 años, que trabajan en sus esculturas de cartón, diario y pintura. Las obras tienen una forma difícil de describir: son grandes, alrededor de un metro y medio, cada una con el rostro de su creador plasmado en papel maché. “Yo no hago obras conceptuales, esta es una experiencia que tiene que ver con la conexión emocional, y por lo tanto no usamos la intelectualidad sino solamente las manos, que son finalmente las que nos acercan al corazón”.

Según explica, la escultura se llama “Yo me atrevo”; la idea es dejar un registro de las cosas que les pasan a los niños para conectarse con la vulnerabilidad de cada uno, reconocer lo que los hace sentirse frágiles y, desde ahí, encontrar el superhéroe que está en cada uno de ellos, que les dará la confianza para atreverse y enfrentar lo que antes no podían.

“Lacaracola Espacio Creativo”, es un taller que Carolina creó hace casi 20 años, dirigido a niños y jóvenes de entre 2 y 16 años. A través del arte, aborda la creatividad como un recurso de vida y aprendizaje que adquieren de forma lúdica y experiencial. Comenzó con 16 niños y adolescentes hoy ya son más de 9.500 los que han tenido la experiencia metodológica. “Acá todos podemos ser como somos y demostrar cómo estamos. Puedo conocer la esencia de cada uno, no hay etiquetas. Juntos vamos descubriendo nuestra identidad, podemos equivocarnos y no hay prejuicios”.

Rosario (13) lleva seis años asistiendo al taller de Lacaracola. Para ella es una manera de descubrirse a sí misma y conectarse con sus sentimientos. “Yo siento que el arte es algo propio, no para el resto. Cuando creo una escultura, pasa a formar parte de mí”.

Lacaracola es una metodología que potencia el ser a través del hacer y promueve el encuentro entre el inconsciente y el consciente. Ayuda a que cualquiera comprenda e internalice la idea de que puede lograr desarrollar el máximo potencial tanto de sus fortalezas como debilidades. “Ojalá ningún niño vea interrumpida su infancia; prolonguémosla, valorémosla, que no se queden sin jugar, sin descubrir y que se rodeen de alegría y seres queridos. Nosotros podemos elegir cómo vivir lo que nos está pasando”.

Impacto

  • Desde el 2013 La Caracola Espacio Creativo imparte su metodología en cuatro escuelas municipalizadas y subvencionadas en 5tos y 6tos básicos. “Nos encontramos también con muchos niños con necesidades de contención, muy solos. Es una situación que se produce de manera transversal”.
  • El mismo año comenzó a trabajar en Vitaintegración, atendiendo a personas con discapacidad. “Se usa la misma metodología, pero desde sus capacidades y eso es súper importante. Nuestro desafío es la flexibilidad para trabajar con quien sea que tengamos delante”.
  • Este año se constituyó la Fundación Lacaracola, a Ser Feliz, que tiene por objetivo acompañar a niños y adolescentes con cáncer en la red de hospitales de la salud pública. A través de su metodología, busca mejorar su calidad de vida lo más posible, dado el contexto de su enfermedad.

¿Quién es?

Carolina Galaz es artista plástica y autodidacta. Al salir del colegio viajó a Estados Unidos donde siguió la carrera de danza.
A causa de una lesión sin retorno, su carrera de bailarina se vio truncada, enfrentándose a uno de los momentos más difíciles de su trayectoria.
Se volcó a trabajar en programas de desarrollo de la creatividad artística para niños en situación de calle y en cuidados paliativos con cáncer terminal, ayudándolos a identificar, expresar y elaborar sus emociones. Regresó a Chile en 1997 convencida que la creatividad es una herramienta poderosa para la vida y que todos la pueden potenciar y desarrollar.