Ganadoras 2015

Carolina Pérez

Docente de la Universidad de Chile y conductora del programa radial “Saliendo a flote”, fue reconocida con el premio Mujer Impacta 2015 por su constante esfuerzo en informar y educar sobre la realidad de la discapacidad en Chile. Por años visitó hospitales y clínicas, brindando apoyo emocional a los pacientes a través de su propia experiencia. Participa constantemente en conferencias, donde explica a la audiencia que su movilidad no es un aspecto negativo en su vida, sino que por el contrario, la ha transformado en una mujer agradecida y feliz. Con el paso de los años, se ha convertido en un ejemplo de motivación para todos aquellos que buscan salir adelante en un país donde la discapacidad continúa siendo una adversidad para quienes la viven.

A sus 35 años, Carolina Pérez se ve relajada y contenta. Es día de grabación y desde los estudios de la radio Universidad de Chile, ubicada en Providencia, relata cómo su forma de vivir cambió drásticamente hace once años atrás. En esos tiempos, era una persona muy activa. Mientras recuerda su infancia, con una sonrisa y mirada amable, cuenta que desde su época escolar ya era inquieta y sentía una fuerte inclinación hacia el deporte. “Cuando estaban en matemáticas, yo estaba haciendo vóleibol y cuando estaban en castellano, yo estaba jugando básquetbol, haciendo cualquier cosa, menos estar en la sala”, dice.

Con el correr de los años, su ritmo de vida se fue intensificando y, sin darse cuenta, se transformó en una mujer dedicada por completo a su trabajo. “Nunca entendí por qué estaba trabajando tanto, yo me levantaba a las cinco o seis de la mañana. A las siete ya estaba en la piscina, hacía natación en YMCA (Asociación Cristiana de Jóvenes) y después de eso iba a trabajar al hotel Ritz, donde hacía terapia de acupuntura y masajes”. Carolina también tenía su propia consulta y practicaba Aikido, arte marcial de origen japonés. Finalmente, durante las últimas horas del día, se dedicaba a estudiar medicina china. “Llegaba a mi casa a las 12:30 de la noche”, relata.

Fue en ese entonces, a los 24 años, cuando sufrió un accidente automovilístico que la mantuvo durante 18 días en estado crítico y con una lesión cervical que la dejó tetrapléjica. Cuando comenzó a recuperar la sensibilidad, la derivaron a una clínica donde pasó por un proceso de rehabilitación que duraría un año y medio. “Creo que es el proceso más duro que he tenido en toda mi vida, desde lo físico y emocional, pero más desde el área física. Nunca había sentido tanto dolor en mi vida. Jamás. Pero es lo más lindo que he vivido, me di espacio tanto para llorar como para hacer pataleta, pero nunca falté a una hora de terapia”, señala.

A pesar de las dificultades y el dolor, pronto retomó su pasión por el deporte. Durante tres años, se ha erigido como la única mujer chilena que, sin movilidad de manos y muñecas, juega tenis en silla de ruedas. “Lo que no se mueve, se muere”, dice Carolina, una frase que no es sólo un reflejo de su energía física, sino también en sus ganas de vivir.

Su hermano Adrián, de 29 años, trabaja junto con ella y es quien la acompaña la mayor parte del tiempo, la ayuda a movilizarse con su silla de ruedas y en cualquier actividad que requiera su asistencia. Pero la relación con su familia no siempre fue cercana. “Había cosas a las que necesitaba darle importancia y que nunca le di. No puede ser que yo, hasta los 24 años, no me relacionara con mi hermano, de hecho, no tenía idea por ejemplo, que a mi papá no le gustaban los tallarines, no tenía idea que a mi mamá no le gustaban ciertas cosas. Y vivía en la misma casa”, comenta.

Un año después del accidente, Carolina comenzó a acercarse a los hospitales y a las clínicas para buscar personas que hubieran sufrido accidentes similares al suyo y no hubiesen tenido las herramientas emocionales que ella para salir adelante. “Estas experiencias hay que darlas a conocer, siempre y cuando para los otros sirvan, porque si no sirve, da lo mismo (…) Cómo hago de esta adversidad algo positivo… era precisamente lo que yo quería conversar con la gente, cuenta. “Me imaginé que en algunos lugares, en muchos lugares, debía existir gente que estaría pasando por lo mismo, y durante tres o cuatro años me dediqué a eso”.

Luego comenzó a dar conferencias y charlas motivacionales, se acercó a los colegios, a las instituciones públicas y privadas. Así fue como llegó a la Universidad de Chile. Cuando le pidieron ir a dar una charla a los estudiantes, fue la primera vez que se enfrentó a una audiencia de esa magnitud, con 480 asistentes. En ese momento comenzó a tomar conciencia de que las comunicaciones la enamoraban, que eran su pasión. Interactuar socialmente siempre le había gustado, pero no lo había desarrollado hasta ese entonces.

La casa de estudios le ofreció ser docente en la Facultad de Medicina y, en una de sus clases, conversando con sus alumnos, comprendió que todavía faltaba mucho por hacer en cuanto a educación y cultura en temas de discapacidad. “Me di cuenta que al preguntarle a los estudiantes qué era lo primero que se les venía a la cabeza cuando les mencionaba la palabra discapacidad, las respuestas eran: drama, rehabilitación, pena, niño símbolo, dificultad, compasión. Nada positivo, ninguna de las cosas que ellos nombraban eran algo positivo. Y si yo había hecho con mi vida algo positivo, por qué ellos lo miraban desde otra perspectiva”.

Carolina pensó que debía difundir las historias de personas que hacían cosas maravillosas con la discapacidad y envió un mail a Juan Pablo Cárdenas, director de la Radio Universidad de Chile. Sin tener nociones sobre periodismo o locución, la voz de Carolina se ganó un espacio en la emisora y su programa “Saliendo a flote” cobró vida.

Sobre su misión como educadora y docente, afirma que lo más importante es escuchar, conocer primero las necesidades del interlocutor, del estudiante. Cree que en Chile falta aceptar que el otro es diferente y que su opinión es tan válida como la propia. En ese sentido asegura que “si uno no hace ese click, es muy difícil que se pueda avanzar en materia de inclusión”.

Hoy Carolina Pérez reflexiona sobre los eventos de su vida y concluye que lo más importante que ha aprendido es a respetar su espacio y el de los demás, a no juzgar, a respetar sus tiempos y aprovecharlo con sus seres queridos. “He aprendido a autorreconocerme, a descubrirme poco a poco. Antes, mi desconexión emocional, el no escucharme, me hacía arrancar de mí misma”, recuerda.

El reconocimiento de Mujer Impacta lo recibe como una señal de que debe seguir trabajando, de que está haciendo las cosas bien. “Siempre he dicho que si el reconocimiento se hiciera en todas las aéreas y si yo reconociera tu trabajo y tú reconocieras el mío, constantemente, éste sería otro Chile”, dice.

Muchas personas se han visto beneficiadas de su fuerza y energía para afrontar las dificultades, gracias a su perseverancia en difundir lo que ha aprendido. De esta forma hace un llamado a que, quienes viven esta realidad, tengan una postura activa, a ser actores preponderantes para cambiar la situación actual de la discapacidad en Chile, a exigir políticas públicas eficientes. “Creo que dentro de las responsabilidades que tiene el Estado nosotros somos una de las últimas, no somos prioridad y, para cambiar eso, hay que empezar a movilizar a las personas con discapacidad y eso ha costado muchísimo”, asegura.

Pero también Carolina ha logrado a reencontrarse consigo misma a partir de su experiencia, y hoy cree que la clave para ser feliz es quejarse menos y aprovechar más la vida. “Todas las personas tenemos problemas, todas. Para mí el estar vivo es suficiente”, dice la radiolocutora y agrega “¿por qué vale la pena seguir luchando? Porque no vale la pena, vale la alegría. Y con mi silla de ruedas yo soy una mujer tremendamente feliz”, afirma.

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