En uno de los centros penitenciarios más peligrosos de Chile, impulsó un proyecto medioambiental que ha mejorado las perspectivas de cientos de hombres privados de libertad. Los “chiquillos”, como los llama con cariño, han disminuido sus niveles de violencia y han adquirido herramientas que podrían ayudarlos en su proceso de reinserción. Hoy no sólo plantan, cosechan y reciclan. También desarrollan ideas con paneles solares y elaboran cremas de biocosmética. “El niño ya camina solo, no necesita a la mamá”, dice Claudia, quien por esta iniciativa ganó el Premio Mujer Impacta en 2015. Aquí nos cuenta su historia.

Siempre he dicho que al mirar atrás quiero ver mis huellas. Y es una gran satisfacción darme cuenta de lo que se logró con el proyecto medioambiental en el Centro Penitenciario de Colina II. Ganamos el Premio de Cárcel Sustentable, fuimos finalistas para el Premio Nacional de Medio Ambiente, participé en un encuentro de agroecología en Ecuador y fui reconocida con el Premio Mujer Impacta, que es una de las experiencias más lindas que me han pasado. Porque uno hace las cosas sin darse cuenta del impacto que puede estar generando y es bueno que te lo hagan notar.

Algunas cosas han cambiado. Ya no formo parte del proyecto por el que fui reconocida. De asistente social de Gendarmería pasé a ser profesional de gestión de los Centros de Educación y Trabajo (CET) que la institución tiene de Arica a Punta Arenas. Ahora no me contacto directamente con la población penal, pero sí estoy aportando en la línea de la reinserción sociolaboral y sigo defendiendo los derechos de los chiquillos, para que tengan condiciones más dignas y que a su vez ellos entiendan que los cambios sí se pueden hacer.

Para mí fue un duelo dejar Colina, donde estuve por casi 10 años. Era mi casa, mi espacio, donde me sentía cómoda. Pero tuve que cerrar el ciclo. Lo bueno es que el taller medioambiental, que llamamos “Colina 2.zero”, se asentó de tal manera, que los internos siguen trabajando en él. Ya no hay una línea institucional, sino que ellos lo han perfeccionado. Incluso han asumido otros desafíos: por ejemplo, cuando llegan los nuevos, los suman de inmediato al proyecto, para que no se empiecen a meter en problemas y comiencen a generar hábitos positivos. Si bien no es garantía de reinserción afuera, funciona bien adentro. Los chiquillos cambian su lógica, se relacionan con la familia de manera distinta, tienen otra proyección.

He ido a verlos en tres ocasiones desde que me fui y están felices. Me dicen: “Mire, hemos aprendido mucho. Aunque usted no está, nosotros seguimos”. El niño ya camina solo, no necesita a la mamá al lado y eso es una satisfacción.

Además, como muchos dicen, lo bueno se copia. Hay algunos funcionarios que lo están replicando en otros lados. Y a fines de año, la Universidad Católica –que participó del proyecto- publicará una memoria y realizará una exposición en el Museo de Bellas Artes con todo el trabajo en conjunto que se efectuó.

Siempre digo que Gendarmería me ha dado mucho: mi pega, mi crecimiento profesional, personal y además, la posibilidad de conocer al hombre con el cual comparto mi vida, que es gendarme y también fue muy importante en la creación del taller.

Hacer visible lo invisible

En forma paralela a mi trabajo y a modo más personal, hoy estoy buscando desde dónde y cómo seguir aportando a la sociedad. Hay varios temas que me interesan, como el de la endometriosis, una condición que padezco, súper compleja y que muchos desconocen. Es una de las principales causas de infertilidad y te lleva a replantear la maternidad, porque las alternativas son la fertilización in vitro y la adopción. Yo aún no resuelvo eso. Antes decía “no importa, están los internos que son como mis hijos”, pero ya no los tengo. Estoy con el síndrome del nido vacío, pero he aprendido a vivir con la enfermedad. Me han operado varias veces y las cicatrices ya no duelen, aunque existe la inquietud de querer ayudar a otras mujeres que están recién enfrentándose a estas circunstancias.

También me interesa mucho el tema de los migrantes y de los pueblos indígenas. Siento que hay mucha discriminación y vulneración. Como también ejerzo la docencia, trato de presentarle estos temas a mis alumnos para crear conciencia.

Mi lema hoy es hacer visible lo invisible. No me puedo quedar mirando cómo las cosas pasan, sin hacer algo. Para mí, ser Mujer Impacta es una responsabilidad más allá del proyecto por el que fui reconocida. Hay que hacer que la gente mire a su alrededor. Hay muchas mujeres impacta y tantas que aún no han sido descubiertas.

¿Conoces a una mujer que esté impactando positivamente en su entorno? Queremos premiarla. Cuéntanos su historia AQUÍ.

(Crédito foto: Fernando Gutiérrez)