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Connie Achurra

Sin ser chef ni nutricionista, aprendió a crear ricas y saludables recetas por la propia necesidad de curarse. Hoy las comparte con nosotros, en sus redes sociales, a través de la televisión y en libros como “Comida sana y feliz 2”, publicado este año.

Lo pasó pésimo. Con uno o dos kilos de más, se sentía fea y gorda. La obsesión por adelgazar, la distorsionada imagen que tenía de sí misma y la baja autoestima llegaron a tanto, que terminó enfermando de bulimia, desde los 13 a los 22 años. “Empecé a hacer dieta muy chica, a escondidas de mi mamá. Durante mucho tiempo, alterné el ayuno con atracones e ingestas desproporcionadas y después vomitaba. Me volví mentirosa, manipuladora… Ahora miro fotos de esa época y encuentro que era tan linda. Pero estaba incómoda con mi cara y con mi cuerpo. No podía ver la realidad”, confiesa Constanza Achurra. O Connie, como la llaman sus cercanos y seguidores.

“Música, profesora de canto, diseñadora y actriz de profesión” –como se presenta en su sitio web–, rememora de ese modo aquella amarga etapa de su vida, que con el tiempo la llevó a descubrir la comida sana y su extraordinario poder curativo. “Comencé a sentirme tan bien”, reflexiona. De manera autodidacta, aprendió recetas con productos sin azúcar refinada ni aditivos. Hoy crea las propias y es generosa al compartirlas abiertamente a través de sus redes sociales. Ha publicado dos libros (“Comida sana y feliz 1 y 2”) y nos ha enseñado los secretos del bienestar que es posible alcanzar con los alimentos a través de sus programas en el canal 13c: “Mi lado dulce y saludable” –que ya no está al aire– y “Cómo me sano”, emitido los domingos, miércoles y jueves. Asimismo, espera estrenar pronto un nuevo espacio en la televisión abierta.

“Lo que más me gusta de todo esto es que las personas preparan mis recetas. Usan mis libros, los tienen rayados y manchados porque los utilizan en la cocina. Y eso era lo que yo quería, no un adorno para la mesa de centro. Estoy siempre elaborando cosas nuevas, porque además tengo un emprendimiento, ‘Contenta cocina’, que consiste en despacho de almuerzos a empresas. Y obviamente, también tengo que inventar ideas para mis niñitas”, cuenta, refiriéndose a sus dos hijas, nacidas durante su hoy disuelto matrimonio con el productor musical Claudio Carrizo.

¿Ellas no se rebelan en contra de la comida saludable?
Para que eso no pase, trato de ser flexible. Tienen casi 10 y 11 años y ya les doy un poco más de libertad. Lo que me importa es que el 80% de su alimentación de base sea de buena calidad. Hay un margen del 20%, que es cuando pasan el fin de semana con el papá, van a un cumpleaños o salen con los abuelos. Pero ellas saben y entienden que hay cosas que las alimentan y otras no. Mis niñitas no toman bebida, no porque yo se los tenga prohibido, sino porque ya es un hábito y tienen claro que no les hace bien.

¿El cuerpo se acostumbra a comer sano?
Sí. Pero también tiene que ver con habituar a los niños a consumir de todo. Está bien si no les guste una fruta, porque de 20 aceptarán 17. También hay que respetar los gustos personales: si mi hija come de todo menos pimentón, para qué la voy a obligar si está ingiriendo los mismos nutrientes en otros alimentos.

¿Cómo pasaste de la bulimia a la alimentación saludable?
Fue un proceso súper largo. Me empecé a tratar porque mi hermano, Ignacio, me pilló. Pasé por un montón de centros de trastornos alimenticios, mis papás se gastaron la plata que no te imaginas en equipos multidisciplinarios, con nutricionistas y psicólogas… ¡No me sirvieron! Finalmente, hice terapia con un doctor homeópata y me fui a un retiro de sanación por unos días. Con eso, empecé de a poco a sentirme mejor y me interesé en el mundo de lo natural y lo sano, que para mí no existía, me moría de la lata… Pero aún estaba en un equilibrio precario. Fue cuando nacieron mis niñitas que sentí la necesidad de un cambio profundo. Creo firmemente que estas historias se heredan, por imitación, por osmosis, no sé… Uno tiene que hacer un corte para no traspasarlas.

¿Qué quedó fuera de tu menú?
Dejé de consumir azúcar refinada y por fin logré estabilidad en mi relación con la comida. Para mí fue tan sanador, que quise empezar a compartirlo. El principio de mis recetas es que son fáciles, nutritivas, con pocos ingredientes y casi sin procesos.

¿Qué te dice la gente?
Se me acercan en la calle y comentan: “Conita, déjame abrazarte. Me cambiaste la vida”. Me llegan cientos de mails, incluso de personas de pueblos lejanos. Estoy con una cantidad de pega que nunca había tenido. A veces me hace falta más tiempo para leer, pintar, meditar, jardinear, tocar el piano, compartir con mi pareja… Por primera vez, pago el arriendo y no quedo desfinanciada; puedo vivir tranquila y acceder a pequeños lujos. Pero lo que de verdad me llena el corazón es la sensación de que hago algo que beneficia a otras personas. Ese es en realidad el valor de mi trabajo. Ayudando a otros a sanar su historia, he ido también sanando la mía.

* Foto: Carlos Ibarra

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