“Hay verdades dolorosas, pero con el tiempo sanan”, dice la creadora de la ONG Nos Buscamos, que ayuda a hijos adoptados de manera ilegal a encontrar a sus familias biológicas. A ella le tocó vivirlo. Aquí nos relata su historia:

“Fui adoptada en febrero de 1973 a través de un proceso absolutamente ilegal que se usaba en ese tiempo y que, lamentablemente, sigue utilizándose. Lo supe en el 2012, para mi cumpleaños. Mis papás se vieron un poco obligados a contarme, por consejo de su psicóloga. En ese tiempo yo había empezado a hacerles muchas preguntas y ellos respondían cualquier tontera. Finalmente, me dijeron. Pero no hablaban de ilegalidad, sino de ‘distinto’. Hoy lo cuento tranquila, aunque en ese momento fue demoledor. Sentí que me habían mentido toda la vida.

Pensé que nunca iba a saber de mi familia sanguínea ni de dónde venía. No había papeles, no existía un hogar ni el Sename. Después del nacimiento de mi hermana mayor, la primera hija biológica de mis papás, mi mamá tuvo problemas serios, perdió el útero, casi se murió y quedó sin posibilidad de volver a embarazarse.

Cuando lo supe, entré en shock, estuve como una semana llorando. Me miraba al espejo y no me reconocía, fue bien raro. Me fui a China, arrancándome lo más lejos que pude. Y cuando pasé por Australia, leí en el diario que había un banco de ADN en Estados Unidos. Esto me puede servir, pensé.

El 2014, cuando ya estaba un poco más armada, apareció en la prensa un reportaje sobre adopciones ilegales ocurridas en Chile. Hasta ese día, yo juraba que era la única. Pero ahí me di cuenta que no. Fue bien espantoso. ¿Cuántas guaguas más hay, cuántas madres?, me preguntaba.

Esa semana no dormí. Pensaba que tenía que hacer algo. No imaginé que después iniciaría una fundación ni nada por el estilo, sólo necesitaba conocer mis orígenes. Y como soy diseñadora gráfica, levanté una página web. Empezaron a llegar un montón de casos de hijos y mamás que se buscaban. Nos constituimos como organización legal en julio de 2014. Siempre he trabajado con puros voluntarios, nadie gana plata. Para vivir, me desempeño como secretaria en una empresa y el resto del tiempo se lo dedico por completo a la ONG.

Hubo personas que empezaron a amenazarme en la calle. Dejé de ir a misa, me aburrí. La última vez que fui, me pegaron… me decían: ‘¡Córtala, hasta cuándo!’. Eran mamás que adoptaron, abuelas que entregaron, amigas de ellas, testigos, toda gente que no quería que esto se supiera.

Después de hacerme el ADN, pasé cuatro meses armando el árbol genealógico de mi familia sanguínea. Comencé a encontrar gente y a ver si me acercaba o no a mis padres. Así di con mi mamá biológica. Me junté con ella el 4 de septiembre del 2015 y me reconoció que había entregado una guagua, pero me dijo: ‘No sé si tú serás mi hija’. Ella no se hizo el ADN, pero tiempo después me contacté con su hermana, que me ayudó a llegar a mi papá. Cuando me reuní con él, el 29 de noviembre de ese mismo año, nos abrazamos. Me contó que llevaba mucho tiempo buscándome y llamó a su mamá, o sea a mi abuela, para decirle: “La encontré”.

En el 99,9% de los casos, los adoptados que buscan a su familia biológica, lo hacen solamente para saber su verdad: dónde nacieron, en qué fecha, qué pasó, por qué… Y todas las veces en que hemos logrado el abrazo del reencuentro, como le decimos nosotros, el beneficio ha sido del 500 por ciento. Incluso, madres que fueron violadas y que entregaron a sus guaguas, hoy agradecen la posibilidad de saber de sus hijos.

En nuestra base de datos tenemos más de tres mil personas que buscan a alguien, hasta abuelitos que quieren encontrar a un hermano, primo o sobrino. Lo primero que hacemos nosotros es rezar. Nos encomendamos a la Virgen y a todos los santos para que cada reencuentro resulte bien, porque no hay un protocolo de cómo juntar a personas que no se han visto en 40 años.

Yo no tengo hijos, nunca quise tenerlos. Tal vez algo me quedó de esa experiencia temprana de abandono. Estoy separada de mi exmarido, vivo sola y si algún día llegara a adoptar, lo haría con la verdad siempre por delante. Gracias a la ley de lobby, somos parte importante en la ley de adopción, que creo hay que modificar, porque siguen hablando de los derechos de los padres, pero no de los que corresponden a los niños. No puede ser que dependa del criterio de la madre si el hijo va o no al colegio, si se vacuna o no, si le dicen o no que es adoptado.

Cuando mis padres me contaron, pudieron sacarse un gran peso del pecho. El mundo se abrió, tanto para mí como para ellos. Mi papá llevaba 14 años enfermo y cuatro meses después de conocer a mi familia biológica, se fue, se murió tranquilo. Hay verdades dolorosas, pero con el tiempo sanan.

Recibir el Premio Mujer Impacta ha sido increíble. Muchas cosas buenas han pasado en el último tiempo y es impresionante darse cuenta que gran parte de las mujeres que son líderes, han llegado a serlo por una experiencia de vida”.

Constanza pudo no haber hecho nada….. Pero lo hizo. Conoce más historias de las ganadoras del Premio Mujer Impacta AQUÍ.

 

Foto: Sofía Araos