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Elba Muñoz

Desde 1994 funciona en Peñaflor un centro que acoge a un centenar de monos que han sido rescatados. El sitio fue creado por una matrona, quien gracias a este espacio, ha logrado disminuir 90% del tráfico de este tipo de especies dentro del país.

La labor que Elba Muñoz desempeña desde hace 24 años rima con solidaridad y entrega. Su trabajo no tiene descanso ni tampoco vacaciones. Ser responsable de 170 monos que le han sido entregados por ser una mascota prohibida en Chile, la ha convertido en pionera del Centro de Rescate y Rehabilitación de Primates –único en el país– y, además, le ha enseñado lo que significa trabajar 24/7. Esta obra ha sido posible por medio de autofinanciamiento y el aporte familiar.

“Yo dejé de trabajar como matrona en hospitales y clínicas en 1996 y me empecé a dedicar al centro. Hoy trabajo en la parte administrativa de una sociedad médica que tengo con mi marido y así me puedo dedicar completamente al cuidado de las 11 especies distintas que tenemos bajo nuestro cuidado”, explica Elba.

Todo comenzó gracias a Cristóbal, un mono lanudo que llegó a la casa de Elba porque un niño se dejó ver con el animal, por los predios de Peñaflor, y comenzó a decir que la tienda de mascotas donde lo estaban vendiendo cerraría y que no podía quedárselo porque su mamá estaba por dar a luz y temían que el animal atacara a la mujer o al recién nacido. “Decía que lo iban a vender a un circo. Yo me enteré cuando vi a mi marido con el mono en brazos y me impactó ver que el monito no era como los otros animales, sino más parecido a los humanos y como teníamos hartas mascotas en la casa, decimos quedarnos con él”, cuenta risueña.

Desde pequeña, Elba ha tenido una relación especial con los animales gracias a su papá. El respeto por la vida siempre fue una consigna en su casa para ellas y sus seis hermanos. “Mi papá nos decía que si queríamos ver más pájaros en el patio de la casa, debíamos darles comida y construirles casitas. Nunca alejarlos de su libertad. Además, un día en la Universidad, un profesor de sexología nos dijo que los niños nacen con una capacidad de amar pero que muchos nunca la desarrollan porque son maltratados, su entorno no los quiere, no les aporta cariño y no lo ayuda a desarrollar esa capacidad de amar… por eso, nos decía que la mejor manera para ir superando eso y aumentar el desarrollo de esa capacidad de amar era incentivándolos a criar animales, porque así el niño va viendo el resultado de la atención que él le está dando al animal; o sea, si el niño le habla en forma cariñosa, lo alimenta, lo cuida, lo pasea… el niño ve que el animal le responde, el animal se hace más cariñoso con él, el animal se cría bonito, bueno, crece”, relata.

Tanto su esposo como ella creen en la vida y en el respeto, por ello ese amor hacia los animales. Así que ambos aplicaron todo esto cuando nacieron sus cuatro hijos. Los enseñaron a amar y a respetar a los animales rescatándolos, cuidándolos y siempre velando por su libertad y bienestar. Su esposo, neonatólogo, la ha apoyado siempre. No ha querido jubilar y sigue en su cargo como director del Hospital de Talagante porque su sueldo sirve para mantener gran parte del centro. Toda la familia colabora para que el Centro de Rescate y Rehabilitación de Primates siga adelante. “Pero es mi esposo el que mantiene el centro, eso demuestra su gran amor por los animales y por mí, porque me impulsa a seguir adelante”, comenta entre risas.

El génesis

Cuando Cristóbal ya se había hecho parte de la familia, la tomó como figura materna. Ella no quería enjaularlo y pocas veces lo dejaban solo en la casa. “Necesitaba mucho al humano y rápidamente me fui dando cuenta que yo no podía suplantar a su familia biológica, porque por mucho que quisiéramos y lo regaloneáramos, teníamos que salir a nuestras actividades y no podíamos salir con él, porque además había muchos riesgos. Ahí me di cuenta de que teníamos que construirle una jaula porque cuando quedaba suelto en la casa, empezaba a destruirlo todo. Pensar en encerrarlo me dio una pena terrible porque yo decía: uno lo cría como un niño y resulta que el fondo lo castiga porque lo encierra, y él no hizo nada malo, solo es mono y se comporta como tal, no hay nada malo”.

La jaula no se construyó de inmediato, pasó un tiempo antes de formalizar la decisión. En unas vacaciones que Elba quería tomar para Brasil con su esposo, comenzó las gestiones para poderse llevar con ella a Cristóbal. Su agente de viajes le dijo que el mono era un animal protegido y que no podía llevárselo.

“Cuando pasó esto, empezamos a averiguar y nos dijeron que teníamos que informar al SAG la tenencia del mono. Fuimos y nos informaron que nos lo podían quitar porque estaban prohibidos en Chile, pero yo les discutí que yo no había violado ninguna ley, porque no lo había traficado, ni lo había comprado, solo me lo habían llevado a la casa y para eso, el animal había tenido que atravesar una aduana, viajar por todo Chile hasta llegar a Santiago y luego a Peñaflor. Me dijeron que me lo iban a quitar para sacarlo a un zoológico y por eso yo decidí que no lo iba a entregar… y les insistí que eran ellos los que estaba fallando en pesquisar ese tráfico”.

En el intertanto, la voz se fue corriendo y empezaron a llegar más primates a su casa. La gente se los llevaba para que tuvieran una mejor calidad de vida, porque ellos ya habían comenzado las construcciones en los amplios terrenos de su casa y así ofrecerles un lugar digno para vivir.

“Mientras todo eso seguía su curso, en 1995 nos enteramos que existía una ley desde hacía 20 años que prohibía el tráfico y tenencia de monos como mascotas en Chile, pues se había firmado la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) y en 1995 se ratificó y se hizo una ley al respecto. Para ese momento se vendían monos en cualquier parte y el SAG no hacía nada, básicamente porque no había un lugar donde refugiarlos”, recuerda Elba.

El centro que regenta Elba es el único en Chile y los monos llegan gracias a particulares y a las incautaciones que hace el SAG. “Esto lo debió crear el Estado apenas entró en vigencia la ley CITES, pero no lo hicieron. Nosotros no tenemos nada que ver con el gobierno, ni recibimos ayuda de nadie, ni siquiera del SAG, pero estamos satisfechos porque gracias a este vínculo con las autoridades, hemos contribuido a disminuir el tráfico de primates en 90%. Ya casi no entran monos a Chile. Hoy tenemos bajo nuestro cuidado 170 y estamos por recibir 11 más desde la Pintana. La Municipalidad de La Pintana nos está apoyando económicamente porque nos encontramos con una alcaldesa que está muy comprometida con el tema”.

En total son ocho las personas que trabajan en el centro que acoge 11 especies distintas siendo el capuchino la que más se repite.

Gracias a la venta de tortas y queques que prepara una de las hijas de Elba, a la colaboración de dos hijos ingenieros informáticos y al diseño que lleva a cabo otra de sus hijas, y gracias al apadrinamiento de personas que colaboran vía internet y hacen un aporte por su ahijado. El ingreso por padrinos solo cubre el 40% de los gastos, lo demás sale del bolsillo de la familia y de visitas guiadas que organizan.

“Se organizan visitas a colegios –y a particulares–, siempre en grupos pequeños, al Museo de Tráfico de Primates que creamos. Claro, esto no es abierto a todo el mundo con boletería, ni nada de eso… es algo muy pequeño y exclusivo, porque lo que queremos es que la gente que verdaderamente esté interesada, aprenda sobre el tráfico y la ilegalidad de tener monos”, concluye Elba.

Foto principal: Gonzalo Muñoz.