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Eliana Busch

Cuenta más de 80 años de vida, pero con la energía de los 20. Campeona de natación en la categoría Máster, sigue compitiendo en el agua, mientras fuera de la piscina defiende con fuerza los derechos de deportistas y adultos mayores.

Vino a Santiago desde Viña del Mar, donde vive, entre otras cosas a presentarse en un casting para un programa de concursos. Su idea es poder conseguir el dinero que le permita –a ella y a otros deportistas que apoya– viajar al extranjero y medirse en campeonatos internacionales. “Actualmente estoy peleando por dos causas: el deporte y la tercera edad”, sostiene la nadadora Eliana Busch, seria y vehemente. Se ha reunido con diferentes autoridades para abogar por un mejor trato para estos dos grupos a los que ella pertenece. “Cómo es posible que no exista patrocinio para quienes representamos a Chile afuera. Y ni hablar de los problemas que afectan a los adultos mayores”, alega.

Por estos días se prepara para el Campeonato Sudamericano de Natación Máster 2018, que será en Argentina del 13 al 17 de noviembre. A través de sus redes sociales, ha hecho un llamado para recibir apoyo en financiar su participación. “Ahora nacen con el teléfono en la mano, pero a mí con suerte me da para usar Facebook y Whatsapp”, comenta, mientras mira en su celular un mensaje que le llega por chat. “Para el Mundial de Budapest del año pasado –continúa– me pagó la Municipalidad de Viña del Mar y el IND (Instituto Nacional del Deporte). Después fui al Sudamericano en Arica y ahí mi hijo asumió los gastos. Pero ahora no quiero pedirle, sería una mala señal… No puede ser que en Chile no se apoye a los deportistas económicamente”.

A sus 84 años, habla con pasión y sin pelos en la lengua. Tiene una energía que impresiona y un carácter estricto pero encantador. “Yo camino muy mal, pero nado bien (ríe). Si me haces andar 800 metros me duele todo. En cambio, en el agua no tengo problemas. Por algo soy campeona, tengo espíritu competitivo, me gusta ganar… Pero no plata, porque soy pobre como las ratas”, confiesa con humor. Casada y divorciada dos veces, vive sola en un departamento y la pensión de 160 mil pesos que recibe la complementa con la ayuda económica que le da su hijo.

“Por suerte, estoy con la mente clara”, afirma. Las cataratas y un marcapasos son unas de las pocas consecuencias físicas que parecen afectarla a causa de la edad. “Nunca he tenido vicios. La gente quiere llegar bien a vieja, pero cómo, si se están matando”, dice. “Ahora creo que me voy a tener que estancar un poco en la natación, porque a medida que envejeces, vas perdiendo fuerza”.

Le cuesta levantarse temprano. “Siempre he sido floja en ese sentido”, revela. Por lo mismo, entrena durante las tardes en la piscina municipal. “Pero no es competitiva: los niños que se preparan ahí, no cuentan con la infraestructura necesaria para un campeonato. No hay plata. Yo tuve que ir al Mundial de Budapest sin poder practicar bien, porque no hay partidores”.

Nacida en Valdivia, pasó su infancia en esa ciudad. Con 9 años ya estaba asentada en Santiago junto a su familia, dando los primeros pasos en la natación. “A los 13 era campeona de Chile –recuerda–. No existían las divisiones infantiles y juveniles, así es que competía con nadadoras de todas las edades. Y era conocida, porque no había televisión y la farándula éramos los deportistas”.

Se mantuvo nadando de manera constante hasta los 20 años, cuando se casó y se fue a vivir a la Región de Valparaíso. “Después seguí en forma esporádica”, resume. La equitación se convirtió entonces en su otra gran pasión y llegó a ser campeona nacional de salto en esta disciplina, además de alcanzar el mismo título en natación. “Tenía la aspiración de triunfar en los dos deportes y lo conseguí. Después continué andando a caballo y me gané la vida haciendo clases”.

Bromeando cuenta que se sentía como la Mujer Maravilla. “Pero no lo era (ríe). Me caí y me quebré el hombro derecho. Fue culpa mía. La equitación es peligrosa cuando uno es tonta y yo lo fui, porque se me ocurrió amansar un potro árabe. Tenía 78 años y mis hijos me aconsejaron dejar los caballos y volver al agua. Nadé en un campeonato en Chile, quebré todos los récords y me empecé a entusiasmar de nuevo”.

Este año, Eliana logró tres medallas de oro y dos de bronce en el Panamericano de Estados Unidos. La gente la reconoce y la saluda en la calle. “Para mí es un agrado –confiesa–. Me quedan mirando y me preguntan: ¿Usted es la nadadora? ¿Y qué está haciendo aquí? No soy Alexis Sánchez, pero que se me acerquen indica que las personas sí están interesadas en el deporte. Sin embargo, cualquier práctica en Chile siempre ha sido complicada y por eso hay mucha gente que desiste. Para todo se necesita plata”.

“Hay que apoyar a los niños cuando tienen condiciones –concluye–. No sólo los padres; también el Estado. Se ha comprobado que un dólar invertido en deporte equivale a seis menos en salud. He visto señoras mayores que han tenido derrame cerebral, llegan a la piscina cojeando y al mes y medio ya están bien”.

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