Elisa tiene dos fechas de nacimiento: el 11 de febrero y el 26 de agosto. Su padre quería ser minero y se fue con su señora embarazada y sus dos hijos al norte, ilusionado con la idea de encontrar oro. En el trayecto a Copiapó nació la niña, pero no la pudieron inscribir en el Registro Civil hasta que volvieron a Santiago ocho meses después. Es por eso que decidieron que Elisa tendría dos cumpleaños: el día en que vino al mundo y el que sale en el carnet.

Pero si tener dos cumpleaños no es suficiente para provocar extrañeza a cualquiera que vea su currículum, resulta que Elisa también es una profesional de lo más diversa: es teóloga, terapeuta especializada en prevención de drogas, auxiliar de enfermería y contadora. Sin embargo – y para terminar de enredar la historia- ella no ejerce ninguna. Hoy esta mujer es la líder de la fundación que está dando esperanza a los enfermos que luchan contra el Parkinson en Curicó.

Todo comenzó hace unos años atrás cuando su marido fue diagnosticado con esa enfermedad a los 62 años. “Durante doce meses lo llevé al servicio público, pero no veía progresos”, dice ahora sentada en la cafetería del Hospital Militar, donde trae a su marido a hacerse exámenes de forma periódica.

¿Cómo fue esa época?
– Difícil. Viajábamos a Santiago los dos y era muy duro ver que la enfermedad seguía avanzando. Por esa razón me puse a pensar en qué hacer, hasta que me motivé y comencé a trabajar en una solución.

Elisa recuerda que cuando tenía 11 años su madre pasaba mucho tiempo enferma y ella le prometió que iba a trabajar en el hospital para aprender a tratar pacientes y así cuidarla en un futuro. A los 15 entró de voluntaria y siete después hizo el curso, convirtiéndose en la primera mujer que trabajaba en Urgencias del Hospital de Curicó.

¿Fue difícil ser la pionera?
– Siempre es complicado trabajar con hombres (risas) y para mí más porque soy muy “mandona” y cabezona. Cuando se me mete algo en la cabeza, no hay cómo sacármelo.

¿Usted la encuentra mandona? – pregunto al marido.
– Sí. Pero la verdad es que ella siempre tiene la razón.

UN PRIMER IMPULSO

Elisa recuerda que cuando conoció a su marido -hace 46 años atrás-  a ella no le gustaban los militares. “No podía verlos, me molestaban sus uniformes y hasta los botones que usaban”, cuenta ahora entre risas. Pero él estaba vestido de civil y cuando ella descubrió que él era militar, ya se había enamorado. Sólo seis meses después de casaron y tuvieron cuatro hijos de los cuales solo quedan dos vivos.

“Yo tuve la suerte de que él me conoció trabajando y que siempre me dejó hacer lo que yo quisiera. En mi época eso no era tan común”, cuenta. Y lo que Elisa quería hacer eran miles de cosas, porque debido a su inquieta personalidad, no podía estar sentada en la casa. Si un día se quedaba sin trabajo en el hospital, se ponía a vender ropa y si eso no funcionaba, trabajaba como contadora. “Creo que toda la experiencia que gané en cosas tan distintas, me sirve hoy para administrar la fundación”, relata.

Hoy la Fundación Parkinson Maule atiende a 47 personas en la sala de lo que era un colegio en Curicó. Allí los enfermos pueden optar a terapias con un kinesiólogo y una fonoaudióloga, además de recibir la oportunidad de hacer tratamientos alternativos como el reiki. El costo para los pacientes es cero y también pueden pedir apoyo psicológico. “Aunque la enfermedad no tiene cura, la terapia te ayuda a paliar los síntomas y hacer que la progresión sea más lenta. Además les ayudamos a enfrentar un diagnóstico que es difícil de recibir”, agrega.

Para Elisa una de las cosas más complejas ha sido tener que movilizar a los enfermos de la Fundación porque muchos de ellos están en etapas avanzadas de la enfermedad. Sin ir más lejos, su marido necesita de su ayuda para hacer tareas de uso cotidiano. “Sueño con tener un bus que los traslade, porque así podríamos llegar a más gente de la región”, dice.

¿De dónde cree usted que le viene este lado social?
– Yo siempre recuerdo que la casa de mis padres era como el “Hogar de Cristo” (risas). Éramos 10 hermanos, pero dentro de mi casa siempre había gente alojando o comiendo. Incluso tengo dos hermanos del corazón, los cuales fueron acogidos por mi madre cuando eran niños. Ella fue una persona muy generosa.

¿Ha pasado momentos de rabia en esta etapa?
– Creo que no he tenido tiempo para enojarme, porque él lo tomó con tanta dignidad (se emociona). Las cosas siempre resultan tarde, pero llegan y tengo la fe de que la fundación algún día va a ser grande.  

¿Nunca le han dado ganas de descansar?
– ¡No! Si no me estoy moviendo, yo creo que me moriría. Si no estuviera en la fundación, estaría toda “achacosa” y enferma (risas).

¿Qué cosas sueña con hacer?
– A mí me encanta viajar. Soy de las que junta de a poquito para poder salir y además pienso que cuando me muera, la plata ya no sirve en el cajón. Ahora estoy juntando las monedas para llevar a mi nieta y a mi familia a Disney.