Destacados Mujeres de Ayer

Emilie Flöge

Dicen que fue pareja y musa de Gustav Klimt, y que en el cuadro El Beso estarían ambos retratados. Sin embargo, su real relación con el pintor, si bien era cercana, permanece en el misterio. Lo que sí se sabe con certeza es que esta modista y empresaria austríaca fue una de las principales revolucionarias de la moda femenina, a principios del siglo XX.

¿Cuáles fueron tus principales aportes en el diseño de vestuario?
– Mi familia pertenecía a los altos círculos de la sociedad vienesa, en una época en que las mujeres debíamos ser bien portadas, de modales exquisitos y maneras agraciadas: para tenerlas en casa, como piezas de joyería. Pero yo no quería eso: deseaba convertirme en diseñadora de modas. Mi hermana mayor, Pauline, abrió una escuela de confección, donde comencé a trabajar y, más tarde, junto a mi otra hermana Helene, instalamos un salón de alta costura. Mi labor principal era la de diseñar y viajaba bastante a Londres y París buscando tendencias. Así conocí a Christian Dior y a Coco Chanel. Al igual que ella, quería emancipar a la mujer del corsé y creé vestidos de estilo Reformkleidung, que buscaba la libertad de movimiento.

¿Por qué tu nombre no resonó tanto como el de Coco Chanel?
La clientela de mis modelos “revolucionarios” era limitada, porque se trataba de alta costura y estábamos en tiempos difíciles en Europa debido a las guerras mundiales. Nuestra casa de modas, que se llamaba Schwestern Flöge (Hermanas Flöge) sobrevivió hasta 1938. Con la ocupación nazi de Austria y dado que la mayoría de nuestras clientes eran de ascendencia judía, tuvimos que cerrar. Después empecé a atender en mi domicilio y volví a los diseños más convencionales. Quizás por eso mi nombre no alcanzó mayor repercusión.

¿Es cierto que Klimt colaboró contigo?
Sí, elaboró algunos diseños de telas y modelos. Él era cuñado de mi hermana Helene y llegamos a tener una relación muy estrecha. A los dos nos gustaba la vida bohemia, teníamos intereses similares. Hizo varios retratos míos, como aquel de 1902, donde aparezco vestida con un elegante traje azul, adornado con formas típicamente modernistas, destacando mi altura y esbeltez. Pasamos muchos veranos juntos, nos escribíamos cartas… En su lecho de muerte susurró: “Traed a Emilie”.

* Frases extraídas y adaptadas para efectos de esta nota, a partir de textos sobre Emilie Flöge publicados en artehistoria.com, elpais.com y wikipedia.org.