El meitnerio (Mt), un elemento de la tabla periódica, fue bautizado así en su honor. Dicen que fue una forma de compensar el error histórico que se cometió al no entregarle en 1944 el Premio Nobel de Química, que merecía por su aporte en el descubrimiento de la fisión nuclear. La distinción la recibió Otto Hahn, con quien ella había estado trabajando durante años en experimentos e investigación. Si bien su hallazgo se utilizó para el desarrollo de armas nucleares, Lise Meitner jamás estuvo de acuerdo: “¡Nunca voy a tener nada que ver con una bomba!”, declaraba. Nacida en la actual Austria, en el seno de una familia de origen judío, no se casó ni tuvo descendencia. Fue la segunda mujer en conseguir un doctorado en física en la Universidad de Viena, la primera de toda Alemania en lograr el puesto de profesora titular de física en la Universidad de Berlín y la primera investigadora en integrar la Academia Austríaca de Ciencias. Falleció en Cambridge, Inglaterra, poco antes de cumplir los 90 años.

¿Es verdad que te negaste a participar en el Proyecto Manhattan de Estados Unidos?
– Rechacé la invitación que se hizo a los científicos para formar parte de ese plan llevado a cabo durante la Segunda Guerra Mundial y cuyo fin era el desarrollo de la primera bomba atómica. Jamás quise involucrarme en un proyecto que tuviera como objetivo la construcción de armas de destrucción masiva. Siempre luché por el uso pacífico de la energía nuclear. No trabajé, de ninguna manera, en la fisión del átomo con la idea de producir armas mortíferas. Si hay algo que le critiqué a Otto Hahn, mi compañero en muchas investigaciones, fue que él y otros científicos hubieran colaborado con la Alemania nazi. Claro, para limpiar su conciencia, ayudaron a alguna persona perseguida por ahí y por acá, pero se permitió que mataran a millones de seres humanos inocentes sin que se emitiera ningún tipo de protesta.

¿Cómo se desarrolló tu trabajo con Otto Hahn y por qué, finalmente, se le otorgó el Premio Nobel sólo a él?
– Tiempo después de obtener mi doctorado en física, solicité una plaza en el laboratorio de Emil Fischer en el Instituto Químico de la Universidad de Berlín, donde no se permitía trabajar a las mujeres. Sin embargo, él me aceptó y me hizo prometer que nunca entraría cuando hubiera hombres. Allí conocí a Otto Hahn, quien pidió permiso para trabajar conmigo. Tuvimos una larga y compleja relación profesional y sentimental. La Primera Guerra Mundial detuvo nuestras investigaciones: él partió al frente y yo, a realizar labores de enfermería. Con la llegada del nazismo, debí huir al extranjero, pero continuamos trabajando juntos, manteniendo una fluida comunicación epistolar. El descubrimiento de la fisión nuclear, que es la ruptura de los núcleos atómicos al ser bombardeados por neutrones generando una gran energía, ocurrió en 1938 y fue el resultado de más de cuatro años de estudios, realizados tanto por Otto como por mí. De hecho, yo creé el modelo teórico. Sin embargo, el Premio Nobel de Química de 1944 le fue otorgado sólo a él. Darme el crédito podía resultar peligroso en esos tiempos de la Alemania nazi y así lo comprendí. Fue un período muy oscuro de la historia, marcado por los conflictos bélicos, la discriminación racial y la intolerancia de género.

¿Cómo lograste abrirte paso frente a tales circunstancias?
– Siempre fui tímida, pero tenía determinación. Crecí en una familia de ocho hermanos. Mis padres eran de origen judío, pero de fe protestante y bastante liberales. Se preocuparon por darnos una buena formación a todos. Desde niña me atrajo la ciencia, pero mi padre pensaba que era más propio de una señorita convertirse en profesora de francés y yo seguí su recomendación. Después de titularme, gracias a un tutor particular, no me sentía conforme y me preparé para ingresar a la universidad a seguir lo que yo quería. Fui insistente, obstinada y perseverante, hasta que logré mi doctorado. Muy pocas mujeres accedían en ese tiempo a la educación superior. Poco a poco, fui abriéndome camino con esfuerzo y voluntad. Me enfrenté al medio y encontré la motivación suficiente para dedicarme a mi vocación investigadora en una comunidad preferentemente masculina. Codescubrí el llamado efecto Auger y varios nuevos isótopos, uno de los cuales me llevó a su vez al hallazgo del elemento químico protactinio. Y a pesar de no haber recibido el Nobel por la fisión nuclear, tuve muchos otros reconocimientos importantes en mi carrera, como el haber sido nombrada Mujer del Año en 1946 por el presidente estadounidense Harry Truman o recibir el Premio de la Ciudad de Viena a la Ciencia en 1947.

* Frases extraídas y adaptadas para efectos de esta nota, a partir de textos sobre Lise Meitner publicados en huellasdemujeresgeniales.com, bbc.com y mujeresenlahistoria.com.