Bajo la una lluvia torrencial, un grupo de bueyes intentaba tirar con fuerza de una casa. El objetivo era moverla para poder comenzar la reconstrucción de una iglesia que tenía al lado. Pero por más fuerza que ejercían los animales, no había forma de que la casa se desplazara. La arquitecta Macarena Almonacid, una de las encargadas del proyecto, pensaba que sería necesario traer camionetas o tractores para ayudar. Hasta que junto a los vecinos decidieron que la solución sería otra: llenar de sogas la casa y con sus manos intentar trasladarla. Finalmente, los cuarenta vecinos empapados, llenos de barro y con todos los músculos cansados, lograron su objetivo.

“Fue una analogía de la vida”, dice ahora Macarena con voz suave y alegre “una vez que se movió la casa, todos se abrazaron e incluso algunos lloraron porque en el fondo fue un objetivo común. Al final todo estaba en las personas ya que sin ellas, no se hubiera podido”.

Para Macarena, movilizar una casa con sogas no era algo fuera de lo común porque desde niña recuerda haber visto las famosas “mingas” de Chiloé. Nacida y criada en la isla, recuerda que siempre admiró la arquitectura de la zona y el uso que le daban a la madera. Cuando estaba en el liceo, conoció al arquitecto Hernán Montecinos (popular en la zona por su trabajo en la restauración de iglesias) y desde ese momento todo cambió para ella. “Desde allí nació mi amor por la arquitectura y en especial por el patrimonio, que es una rama más chiquitita. Me gustó también el estilo de vida que tienen… es algo bien poético y contemplativo”, cuenta.

Partió a estudiar a la Universidad Austral, pero sentía que algo la quería llevar de vuelta a la isla. “Desde que me fui, logré comprender de donde provengo. Porque yo comentaba que venía de Chiloé y los profesores ya conocían muchos detalles de lo que había allá. Entonces cuando viajaba a ver a mi familia, me iba a recorrer para aprender más. Por otro lado, los chilotes tenemos esa añoranza de volver a nuestra tierra”, relata.

Haciéndole caso a su corazonada, Macarena regresó al islote con el plan de trabajar en una fundación que apoyaba la restauración de las iglesias patrimoniales. “Cuando entré allí, me di cuenta de que ese era el camino que yo quería seguir”, recuerda. De forma autodidacta estudió todo lo que encontró sobre los procesos de restauración.

Su nuevo trabajo la llevó a tener que vivir como una nómade dentro del archipiélago: estuvo en ciudades como Ancud hasta en una isla de 14 km de ancho y que tenía sólo 200 habitantes. “Por primera vez me sentí como miembro de este archipiélago porque entendí lo que significa realmente vivir en él”, dice sobre su experiencia.

Debido a la falta de recursos, la fundación en la que estaba trabajando Macarena dejó sus proyectos en pausa y por esa razón ella y dos compañeros fundaron el Taller Patrimonio y Restauro. Su trabajo consiste en ayudar a crear nuevos proyectos y realizarlos en conjunto con la comunidad.

En la actualidad, Macarena está viviendo en la Isla Lemuy porque junto a seis carpinteros de chilotes están construyendo un fogón tradicional en el Parque Municipal Hueñoco de la comuna de Puqueldón. “Llegue hace un mes acá porque antes estaba en Valdivia. Todos los días me levanto muy temprano para trabajar hasta las siete de la tarde. Nos ha tocado difícil eso sí, porque el tiempo ha estado muy malo”, cuenta.

¿Es difícil tu estilo de vida?

Creo que en algún momento voy a tener que parar porque en algún punto me van a dar ganas de formar una familia y dejar mi semilla en la tierra. Pero al mismo tiempo, no me quejo porque estoy muy agradecida de poder moverme. Me da la opción de conocer gente y crear con ellos.

¿Qué característica personal crees que te ha ayudado?

Soy una persona bastante sociable y eso importante, porque yo al final llego a intervenir la historia de los territorios. Además, creo que soy cercana y empática, porque también me sirve como aprendizaje ponerme en el lugar del otro.

¿Tienes algún hobby?

Me gusta mucho moverme. Si tengo algún minuto libre en la agenda, parto al tiro a conocer todo lo que me rodea. Además, me gusta mucho conversar, así que si me encuentro con alguien, puedo pasar bastante rato (risas).