“Papelucho” y su serie de 12 volúmenes la convirtieron en la escritora chilena de libros infantiles más famosa del mundo. Editada en distintos países y en diferentes lenguas, esta magnífica obra le permitió a Ester Huneeus –verdadero nombre de la autora– no sólo transformarse en la voz de millones de niños que hasta hoy la leen con devoción, sino además ser distinguida con el Diploma de Honor Hans Christian Andersen (1968) y el Premio Nacional de Literatura en 1982, entre otros galardones. Sin embargo, las letras no fueron el único interés de esta gran mujer, que llegó a ser directora de la Asociación Internacional del Libro Juvenil (IBBY). También desarrolló una importante labor social en nuestro país, fundando en 1924 la Sociedad Protectora de Ciegos Santa Lucía (hoy Colegio de Ciegos Santa Lucía), primera institución en su tipo de América Latina.

¿Qué te impulsó a fundar, siendo tan joven, un hogar para ciegos?
Crecí en el seno de una familia santiaguina acomodada. Mis hermanos y yo nos educamos con institutrices, porque mi mamá pensaba que el colegio podía ser peligroso. Mi hermana mayor, Anita, murió pequeña a causa de la diabetes y mi madre temía que pudiéramos contraer alguna enfermedad. Además, quería para nosotros una instrucción muy ligada a las artes, los idiomas y la fe católica. Quizás por eso surgió en mí un espíritu justiciero. Pero había realidades que desconocía. Un día, cuando iba con una amiga a comprar telas para mi baile de estreno en sociedad, que se usaba mucho en esa época al cumplir los 18 años, se nos acercó una niña a pedir limosna y sus ojos eran unas cuencas vacías. Fue tal mi impacto, que no descansé hasta lograr fundar, con un grupo de amistades, el Hogar Sociedad Protectora de Ciegos Santa Lucía, del que fui secretaria durante 25 años, hasta 1950. Para mí era una labor muy importante y parte de mis ganancias por derecho de autor las destiné a la institución.

¿Por qué te diste a conocer como Marcela Paz y no con tu nombre verdadero?
Todo lo que publiqué, aun antes de “Papelucho”, lo hice utilizando seudónimos, como Paula de la Sierra, Nikita Nipone, P. Neca, Retse (Ester al revés) o Marcela Paz, con el que me hice finalmente conocida y que surgió de mi admiración por la escritora Marcelle Auclair y por mi anhelo de Paz para el mundo y para mí misma. Creo que se debía a mi profunda timidez y a la inseguridad que sentía siempre. Nunca pensé en alcanzar fama ni distinciones, todo llegó casi por casualidad e incluso a mi pesar. Cuando me tocó recibir el Premio Nacional de Literatura, no quería enfrentarme a los periodistas ni a las cámaras. Cuando exponía mis esculturas, un arte al que me dediqué en menor grado, también buscaba identidades distintas. Hubo un tiempo de juventud en el que incluso no quería casarme…

Pero te casaste, tuviste cinco hijos y fuiste feliz en tu matrimonio.
¡Me enamoré! Eso fue lo que pasó. Y sí, tuve una relación extraordinaria con mi marido, José Luis Claro, que falleció en 1954 a causa de una afección cardiaca. Quedé desolada. En él está inspirado el nombre “Papelucho”, ya que le decían Pepe Lucho. Aún recuerdo cuando, años antes, en 1934 me regaló una agenda que empecé a llenar con el diario de un niño que relataba desde su ángulo cómo sus padres se separaban. Pero no lo publiqué en ese tiempo porque, si bien estaba escrito en un lenguaje infantil, no era un tema para niños. Mucho después, en 1947, la antigua editorial Rapa Nui hizo un concurso de libros infantiles, y yo saqué lo que tenía durmiendo tanto tiempo. Naturalmente, tuve que recortar mucho. Mis hijos, a quienes adoré pero no acaricié lo suficiente y a los que también escribí cuadernos que se mantienen en el plano íntimo, son hoy los que guardan la primera versión de “Papelucho” y otros textos no editados. Ellos saben que no me gustaría que salieran a la luz, porque no los concebí para publicar, lo hice por gusto, por la necesidad de escribir.

* Frases creadas para efectos de esta nota a partir del libro “Marcela Paz, una imaginación sin cadenas”, de Ana María Larraín, y de artículos sobre la escritora publicados en papelucho.cl, dibam.cl y web.archive.org.