Ganadoras 2018

Marcela Zubieta

Septiembre es el mes de Chile. Pero también el de concientización sobre el cáncer infantil, un mal que hace 27 años se llevó a una de las hijas de esta médico pediatra, quien hoy ayuda a miles de niños chilenos y a sus familias a enfrentar de mejor manera el difícil proceso de la enfermedad.

Quienes conocen a la doctora Marcela Zubieta y la labor que realiza a través de la Fundación Nuestros Hijos, saben por qué se convirtió en una de las ganadoras del Premio Mujer Impacta 2018.

Siempre sonriente, nos recibe en su oficina sin dar señales de la profunda pena que guarda en su interior. Un dolor desgarrador que, lejos de derribarla, le dio las fuerzas para fundar, en 1991, la institución que hasta hoy trabaja por los niños chilenos de escasos recursos con cáncer y sus familias, que se atienden en el sistema público de salud. ¿Su objetivo? Ofrecerles oportunidades de tratamiento, rehabilitación y asistencia integral, que les permitan mejorar su calidad de vida y aumentar sus posibilidades de sobrevida.

“Yo siempre fui bien privilegiada”, cuenta, rememorando su niñez y juventud. Nacida en la provincia de Arauco, pasó sus primeros años en Curanilahue, junto a sus padres y cinco hermanos. Allí inició sus estudios, en la Escuela Nº38, que aún recuerda con cariño. Más tarde, su familia se trasladó a Santiago, donde se graduó de cuarto medio en el colegio Compañía de María de Apoquindo. Luego, “entré a medicina en la Universidad de Chile, conocí a mi marido –también médico– durante el quinto año de la carrera y nos casamos una semana después de haberme recibido”.

Analizando su historia, dice que “en la vida nada es al azar; todo lo que nos pasa es una invitación a seguir un camino”. Sus primeros hijos, dos gemelos, fallecieron a los pocas horas de vida. “Fue terrible”, confiesa la pediatra, que después pudo dar a luz a otras cuatro guaguas. Antes de la llegada de la más pequeña, nació Claudia, quien al año y medio fue diagnosticada con un tumor cerebral. “En ese tiempo no había ningún tratamiento disponible en Chile para ese tipo de cáncer y el único lugar que nos ofreció una posibilidad fue el St. Jude, en Estados Unidos. Tuvimos que dejar todo y partir de un día para otro”, relata.

Marcela agradece haber tenido los recursos suficientes como para solventar esa estadía, que se extendió por dos años. “Allá mi hija tuvo un tratamiento de fantasía, nunca sufrió, salvo en algunas ocasiones –recuerda–. Nosotros sabíamos que la probabilidad más alta era que muriera, pero nunca la vimos con dolores, todo era una fiesta y siempre pudo estar en brazos conmigo. Mientras, yo pensaba en la realidad de los niños con cáncer en Chile y cómo las familias de más bajos ingresos podrían acceder a una atención de calidad como la que nosotros tuvimos en Memphis”.

Claudia, finalmente, perdió la batalla y murió en los brazos de su madre, quien al día siguiente de los funerales, junto a su marido y otros padres, inició la creación de la Fundación Nuestros Hijos. “Redirigí mi vida a la oncología infantil y me especialicé en infecciones en niños con cáncer, en el mismo centro donde atendieron a la Claudita”, cuenta.

La fundación comenzó sus labores mejorando las condiciones de la sala de espera del Hospital Exequiel González Cortés, en Santiago. Hoy cuentan con unidades oncológicas en varios recintos de salud pública, establecimientos de atención ambulatoria, casas de acogida, un centro de rehabilitación de última generación, escuelas hospitalarias (reconocidas por el Ministerio de Educación) y diversos programas de apoyo, tanto para los niños como para sus familias, en distintas regiones de Chile. Tal ha sido su éxito, que muchos de ellos se están exportando a otras naciones de América Latina.

“El cáncer es una enfermedad que tiene impacto en todos los aspectos de la vida: psicológico, social y económico –enfatiza la doctora–. En países pobres, sólo el 10% de los niños se mejora. En los de medianos ingresos, el 30%, mientras que en los desarrollados, un 80%. Chile es mirado en el mundo como un modelo, porque tiene resultados comparados a los de naciones ricas. Esto, que ha sido destacado por la Organización Mundial de la Salud, se debe a una muy buena política pública, pero además al complemento de organizaciones como la nuestra”.

Marcela dice que le cuesta mucho recordar nombres. Pero nos damos cuenta que ese olvido sólo le sucede con adultos. Tratándose de niños, en especial de sus pacientes, la memoria no le falla. O la traiciona menos. María, Moisés y tantos otros que han pasado por la fundación, permanecen tan presente como la memoria de su pequeña Claudia.

“El Premio Mujer Impacta ha sido un regalo muy especial, nos ha llenado de energías, cariño y nos ha permitido conocer personas maravillosas, inspiradoras, que se dedican a mejorar la vida de los demás”, sostiene, aclarando que habla en plural “porque esta obra (Fundación Nuestros Hijos) no la hago sola. Somos muchos los que estamos trabajando”.

Como sea, hay algo cierto: ella podría no haber hecho nada… Pero lo hizo. Conoce más historias de las ganadoras del Premio Mujer Impacta AQUÍ.

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