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Margot Duhalde

Siendo niña se subía al techo de su casa para observar los aviones que volaban sobre las tierras de su familia en Río Bueno, donde nació y creció. Más tarde se convirtió en la primera aviadora de combate chilena y llegó a formar parte de las fuerzas británicas que lucharon contra los nazis en la Segunda Guerra Mundial. Pilotó más de cien tipos de aeronaves.

¿Cuándo descubriste tu vocación?
– Crecí en una familia sumamente tradicional. Mi padre era agricultor, un hombre de esfuerzo que debía mantener a un clan numeroso. ¡Éramos 12 hermanos! El recuerdo que tengo de mi mamá es el de una mujer esperando guagua o amamantando. Me criaron para seguir ese mismo camino, pero mis aires de independencia y mi carácter fuerte dispusieron lo contrario. Me encantaba mirar los aviones que volaban por encima de nuestras tierras. Un día, uno cayó cerca debido a una emergencia. Cuando me acerqué y pude tocarlo, supe inmediatamente que quería ser aviadora. Todos pensaban que estaba loca.

Además de convencer a tus papás, ¿tuviste que enfrentar muchos prejuicios por ser mujer?
– En mi casa yo era la “regalona” y eso me ayudó a conseguir la autorización de mis padres. A los 16 años me mudé a Santiago e ingresé al Club Aéreo de Chile, donde había pocos instructores, todos de la Fuerza Aérea. Tuve que mentir sobre mi edad, porque era muy joven. Y la verdad es que me costó bastante encontrar a alguien que me enseñara. No me tomaban en serio: era mujer y medio huasita. En ese tiempo, los hombres estaban convencidos de que eran los únicos que podían hacer las cosas. Los criaron así.

¿Por qué te uniste a las fuerzas británicas para la Segunda Guerra Mundial?
– Cuando estalló el conflicto, tenía 18 años y ya era piloto civil, pero en Chile no me daban la oportunidad de volar. Dada mi ascendencia vasco-francesa, opté por presentarme como voluntaria para formar parte del ejército libre de Charles De Gaulle. Pero los franceses no sabían qué hacer conmigo. Confundieron mi nombre con el de Marcel; es decir, pensaron que era hombre. Y como no usaban pilotos mujeres, me mandaron a realizar labores de empleada doméstica en una casa de reposo para aviadores. Así es que me las ingenié para ingresar a la Real Fuerza Aérea de Gran Bretaña. Junto a otras 165 mujeres, formé parte del grupo de auxiliares de Transporte Aéreo. Era difícil, teníamos que volar en pésimas condiciones, con un mínimo de visibilidad y estaba prohibido el contacto con tierra, porque los alemanes podían escuchar.

¿Te casaste? ¿Formaste familia?
– Terminada la guerra permanecí en Inglaterra, pero trabajando para la Fuerza Aérea Francesa. Al poco tiempo volví a Chile para ser piloto de una firma privada, fui controladora de tránsito aéreo e hice instrucción de vuelo en clubes nacionales. Me casé no una, sino tres veces. Sin embargo, para mis parejas fue difícil entenderme. Durante los adiestramientos, a veces tenía que despegar de un minuto a otro, sin avisar y en varias oportunidades llegué a la casa al día siguiente. Eso, sumado al machismo del chileno, provocó que mis relaciones no prosperaran más de tres años. De mi segunda unión fallida nació mi único hijo, que me dio dos nietos. Aunque los veía muy poco, porque se fueron a vivir fuera de Santiago. Jubilé a los 81 años y pasé mis últimos días en mi departamento, acompañada por mi perra y mi gato.

* Frases extraídas y adaptadas para efectos de esta nota a partir de textos sobre Margot Duhalde publicados en euskonews.com, elpais.com y ansalatina.com.

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