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María Olga González

Diseñadora con alma emprendedora, promueve un cambio en la educación tan importante como los contenidos curriculares: la implementación de salas de clases donde el mobiliario favorezca la concentración y el aprendizaje.

Sillas que ayudan a la circulación de la sangre, alfombras que evitan la propagación de ácaros y pupitres con formas que permiten agrupar a los alumnos de distintas maneras son sólo algunas de las propuestas diseñadas especialmente para potenciar el estudio en colegios y universidades. Sumadas a una buena iluminación, una adecuada temperatura, una correcta acústica y al uso de tecnología, pueden marcar una gran diferencia en un salón de clases.

María Olga González comenzó a estudiar el tema hace casi 10 años, cuando decidió emprender con su marido, creando la empresa Dimobili, donde es la actual gerente de proyectos. Ambos se conocieron trabajando, ella como diseñadora y él como ingeniero. Se enamoraron, se casaron y, años después de colaborar juntos para varias organizaciones, ya convertidos en padres de cuatro niñitas, decidieron iniciar su propio negocio. Empezaron desde la casa, dedicándose primero a desarrollar proyectos para oficinas y cocinas (área que posteriormente abandonaron), para descubrir al poco tiempo que también podían aportar en el ámbito de la enseñanza.

“En el 2010 fuimos por primera vez a una feria de educación en Chicago, Estados Unidos –recuerda–. Alojamos en un hotel de carretera, barato, pero lo pasamos muy bien, fue una gran experiencia, conocimos mucha gente y empresas que hasta hoy son nuestros proveedores. Vimos un potencial importante, porque en Chile había pocas empresas que traían este tipo de cosas y muy caras. Comenzamos a viajar más a seminarios y muestras especializadas, donde nos capacitan, nos explican metodologías y cuáles son los resultados al realizar una modificación del ambiente de aprendizaje”.

“La tendencia hoy es que las aulas sean más dinámicas, que inviten al trabajo colaborativo, fomentando la participación y las capacidades de investigación, reflexión y creatividad”, dice María Olga, quien a través de Dimobili ha llevado a cabo proyectos tanto en establecimientos públicos como privados. Asimismo, ha organizado en el país la ExpoAula, feria que este año se realizó por segunda vez, incentivando a incorporar en el debate nacional el tema de las condiciones de estudio dadas desde el diseño y la arquitectura.

“Lo que le falta a Chile es darse cuenta de cuáles son las teclas que hay que tocar para que se produzca el cambio en la educación. No basta con mejorar los contenidos curriculares, capacitar a los profesores o construir tremendos edificios. Lo que le llega realmente al alumno es lo que está en la sala de clases, el espacio donde aprende”, agrega.

Compartir en el plano laboral con su marido ha sido una buena experiencia para ella. Si bien reconoce que “es imposible no llevar los problemas de la oficina a la casa”, asegura que ambos se complementan muy bien. “Como diseñadora, de repente me vuelo, quiero hacer mil cosas y él me aterriza. Muchas personas me dicen: yo no podría. Pero nosotros nos conocimos trabajando juntos y nos apoyamos mutuamente, tanto en los negocios como en la casa”.

Se relaja haciendo ricos platos para su familia. “De hecho, estudié cocina al mismo tiempo que diseño –cuenta–. Y me salvó en un momento en que mi marido y yo quedamos sin pega. Vendí preparaciones para las fiestas de fin de año. En otra época, antes de que comenzara el boom de la comida sana, inicié un proyecto de colaciones saludables, pero después empezamos con Dimobili y no seguí”.

“Siempre he sido bien busquilla –dice–. Era de las que ponía la mesita afuera de la casa para vender jugo. ¡Me hacía la América!”. Hoy, a través de su empresa, busca “ayudar a que la educación mejore. Poder abrir un poco los ojos, tanto al Estado como a colegios particulares, para que puedan ver que realmente es posible hacer un cambio”.

Sabías que… 

  • Contar con las condiciones adecuadas en una sala de clases puede incrementar en un 25% el rendimiento académico de los alumnos, según un estudio efectuado el 2016 en la Universidad de Salford, Inglaterra.
  • Una silla ergonómica permite un correcto apoyo lumbar y buena postura, aumenta en un 20% la oxigenación, favorece la irrigación sanguínea del cerebro y el niño es capaz de enfocarse más en lo que está haciendo.
  • La temperatura ideal dentro de una sala de clases fluctúa entre 19 y 22 grados Celsius. El frío puede provocar inquietud y el calor, letargo y somnolencia.

 

Foto: Sylvio García F.

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