La historia de María Paz no es la clásica de una joven de su edad: apenas terminó el colegio decidió que quería dedicar su vida a ser bombero, luego de sentir la impotencia de no poder actuar ante un incendio que le tocó presenciar.

Sin embargo, tres años después vio que su destino estaba en los Topos, el grupo que ante una catástrofe como un terremoto, aluvión o inundación colabora en las labores de rescate. Un trabajo arriesgado, pero a la vez heroico porque se calcula que tienen aproximadamente 72 horas para salvar a una persona atrapada. Hoy esta enérgica joven, conociendo el riesgo, dedica su vida a darle una luz a las familias.

“Mi historia como bombero partió a los 19 años vi cómo se quemó la casa de una vecina de mi abuela y no pudimos hacer nada y me dio mucha rabia. Es por eso que hablé con un amigo del Cuerpo de Bomberos y él me ayudó a postular a la institución en Puente Alto. Durante ese mismo tiempo yo hacía malabares en la calle para poder financiar mi trabajo como bombera, porque lo que la gente no sabe es que uno tiene que costearse todo para ser parte de esa institución, ya que no hay plata. Igual confieso que me encanta todo lo que es el mundo circense, además de malabares me gusta hacer trapecio y tela”.

“El año 2015 un amigo que estaba en los Topos me invitó a trabajar en el caso de Kurt Martinson (N.R: jóven chileno que desapareció en el norte de Chile el año 2015) en el que hicimos una búsqueda muy técnica de la persona. Esa primera vez recuerdo que pregunté todo y que al final fui como una esponja porque quería aprender. Pero también aprendí algo muy bonito, porque cuando llegué a San Pedro, pensaba que venía a buscar a un desconocido, pero uno de los Topos me cambió la percepción cuando me explicó que él también podría ser mi hermano o mi primo”.

“Cuando entré al mundo de Los Topos obvio que a mi familia al principio no le gustó. En estos últimos años me tocó ir buscar gente en terremotos y derrumbes e incluso viajar por el mundo haciendo esto. Y este trabajo tiene obviamente un lado negativo porque si a uno lo llaman, uno deja todo y parte, dejando atrás el trabajo y la familia. Sin embargo también tiene un lado muy lindo que se ve cuando la gente nos agradece. Por ejemplo en México nos despidieron con aplausos… fue muy emotivo”.

“Nuestro trabajo como Topos es llegar a un lugar y ver en qué estado están los edificios. Tenemos una prevencionista de riesgos que es seca y nos ayuda a ver dónde es necesario hacer fijaciones para que exista peligro de derrumbe. Después trabajamos en grupo haciendo una fila de manera que nos vamos pasando las rocas o materiales que están colapsados. Trabajamos en turnos de cuatro horas con Topos o rescatistas de otros países. Y cuando nos toca dormir, lo hacemos con la ropa y la radio puesta en caso de que nos necesiten”.

“Nuestro trabajo es completamente voluntario y cada vez que nos llaman hay que pedir permiso en el trabajo y financiar nuestros pasajes. Recuerdo incluso que cuando fuimos a México nos quedamos un día esperando en el aeropuerto hasta que una aerolínea nos regaló los pasajes. Además es una labor cansadora psicológicamente porque te enfrentas a situaciones muy duras. Porque para nosotros no hay diferencia entre una persona que está viva o fallecida en un derrumbe: aquí la familia necesita una respuesta y nosotros nos ponemos en su lugar y buscamos incansablemente hasta encontrarlos. En caso de que creamos que la persona murió, uno de nuestro grupo prepara psicológicamente a los familiares”.

“Además de mi trabajo como bombero, siempre me llamó la atención el tema social y de la educación. En 2009, trabajé por un año como voluntaria del programa Colonias Urbanas, donde había niños de escasos recursos y nosotros íbamos todos los sábados a ayudarlos a hacer las tareas. Por eso después me hizo sentido entrar a estudiar Educación de párvulos y hoy trabajo en la Protectora de la Infancia”.

“Mi trabajo como topo sirve en mi labor como educadora en el sentido que siento que uno le tiene que mostrar a los niños que hay que ser empático y a preocuparse por los demás. Yo no digo que soy la mejor persona del mundo, pero sí soy empática y eso creo que hay que traspasarlo a los niños. Son características que se necesitan cuando uno es Topo porque es un trabajo que requiere de ponerse siempre en lugar del otro y dar todo lo que uno tiene”.