Mujeres de Ayer

María Teresa de Filippis

Fue la primera mujer en la historia del automovilismo que compitió en la Fórmula Uno, categoría en la que debutó en 1958. Nacida en Nápoles, en el seno de una familia de importante posición social –su padre era el Conde de Filippis–, pudo haber seguido un camino tradicional. Pero a causa de una apuesta que hizo con sus hermanos, a los 22 años decidió convertirse en piloto de carreras. Conocida como “Il Pilotino”, participó en tres torneos mundiales, sin lograr la primera posición en ninguno de ellos, pero abriendo el camino para que otras amantes de la velocidad pudieran también correr en las pistas de los Grandes Premios de la F1. Hasta hoy, sólo cuatro han seguido su ejemplo.

¿Cuál fue esa apuesta con tus hermanos, que te llevó a descubrir el automovilismo?
Siempre me gustó la velocidad. Desde niña hice equitación y me encantaban los caballos. Hasta que un día mis dos hermanos, Antonio y José, empezaron a desafiarme por mi habilidad al volante. Apostaron a que yo no sería capaz de manejar un automóvil a alta velocidad. Y como era muy orgullosa, decidí inscribirme en una carrera para demostrarles lo contrario. Terminé riéndome en sus caras cuando triunfé con un Fiat 500, regalo de mi padre. Esa fue mi primera competencia de muchas que vinieron después. La que más sufrió fue mi madre, a quien no le gustaba esta afición mía. Pero yo tenía coraje, quizás demasiado; no sentía miedo y eso no siempre es bueno. Antes de llegar a la Fórmula Uno, sufrí muchos accidentes. Sin embargo, me recuperaba y seguía. Si pudiera empezar otra vez, haría exactamente lo mismo.

¿Fuiste bien recibida en este mundo “tuerca” dominado por hombres?
Absolutamente. La única vez que me discriminaron por ser mujer, fue cuando comencé en la Fórmula Uno y quise participar en el Gran Premio de Francia, en 1958. El director de carrera me prohibió entrar, argumentando que el único casco que una mujer tenía que llevar era el del peluquero. Pero, más tarde, ese mismo año, pude competir en otros tres Grandes Premios: en Bélgica, donde terminé décima, y luego en Portugal e Italia, carreras que debí abandonar por problemas mecánicos. No sentí haber sido víctima de prejuicios. Si bien hasta hoy el automovilismo es un deporte muy masculino, la mayoría de los pilotos me daban consejos, me ayudaban y me trataban como una más. Entre ellos estaba Luigi Musso, mi novio de entonces; Juan Manuel Fangio, que era como un padre para mí y me decía que tuviera cuidado, que no corriera tanto, y mi querido amigo Jean Behra. No entiendo por qué tan pocas mujeres han llegado a la Fórmula Uno. Los automóviles ahora son mucho más fáciles de conducir que en mi época, cuando el cinturón de seguridad y el casco integral eran ciencia ficción.

¿Arrepentida de haberte retirado en 1959, cuando aún podías seguir?
No. Ese año mi amigo Jean Behra falleció en un accidente durante la carrera de Avus, en Berlín, y fue devastador para mí. Él había construido un coche con motor Porsche para que yo lo corriera en esa competencia. Como no califiqué, se lo cedí. Demasiados amigos habían muerto en poco tiempo. Mi novio Luigi Musso, Peter Collins, Alfonso de Portago, Mike Hawthorn… Pero la muerte de Behra fue la más trágica para mí, porque ocurrió en una carrera en la que yo debí haber tomado parte. No volví a los circuitos nunca más. Al año siguiente conocí a Theo Huscheck, con quien me casé, nació mi hija y la vida familiar se hizo más importante. Regresé al mundo del motor en 1979, para unirme al Club Internacional de Antiguos Pilotos de Fórmula Uno, del que fui elegida vicepresidenta en 1997 y, más tarde, presidenta de honor.

Frases adaptadas para efectos de esta nota, a partir de artículos sobre María Teresa de Filippis publicados en latercera.com, emol.com, elconfidencial.com, marca.com y lacapital.com.ar.

Agregar comentario

escribir comentario