Mientras aún se espera la aprobación del proyecto de ley que sanciona la agresión en parejas sin convivencia, esta periodista apuesta por la prevención, ofreciendo charlas informativas en colegios a fin de crear conciencia en los estudiantes.

Terminan las vacaciones de invierno y Mariana Madariaga regresa a las salas de clases. Es profesora de oratoria, debate y argumentación jurídica en dos universidades y un centro de formación técnica. Le apasiona la docencia y las asesorías comunicacionales que realiza, pero disfruta aún más el trabajo que desarrolla como directora de la ONG Parejas sin Violencia: junto a una asistente social, cada semana va a un colegio para reunirse con alumnos de séptimo básico a cuarto medio y conversa con ellos –en ocasiones también con sus educadores y apoderados– sobre la violencia en el pololeo, cómo reconocerla, detenerla y ojalá evitarla.

“Hemos llegado a más de 5.500 chiquillos”, cuenta sobre la labor que ha efectuado de manera gratuita la institución desde sus inicios, hace tres años. “Muchas niñas y también varones se acercan después de las charlas y nos dicen que gracias a esto se dieron cuenta que están o estuvieron en una relación violenta. Les falta información. La mayoría cree que la agresión comienza con un primer golpe, pero para que eso suceda, tiene que haber pasado algo antes. Situaciones como burlas, celos o indiferencia son ataques sicológicos que se suelen normalizar”.

Según cifras del Ministerio de la Mujer y Equidad de Género, más de un cuarto de las jóvenes entre 15 y 25 años ha sufrido algún tipo de violencia por parte de su pareja. Asimismo, un reciente estudio del Instituto Nacional de la Juventud reveló que el 51% de los estudiantes chilenos conoce a alguna persona que ha vivido agresión en el pololeo. Mariana agrega que “del total de femicidios ocurridos este año en el país, cinco se han producido en el marco de relaciones sin convivencia. Si yo pudiera salvar sólo a una…” dice, sin poder terminar la frase.

Con tristeza confiesa que antes era de esas personas que juzgan a las víctimas de violencia. Hasta que en uno de sus primeros trabajos como periodista debió cubrir casos de femicidio. “Estuve 10 años en el área policial y tenía que ir a los tribunales. Ahí se me acabaron los prejuicios, logré generar empatía con esas mujeres que estaban muriendo”.

Interesada en el tema, quiso abordarlo como proyecto de tesis para su magíster en Gobierno y Gerencia Pública. “Realicé un sondeo en liceos de Maipú y detecté que al menos el 50% de los alumnos encuestados, de ambos sexos, había sufrido violencia –relata–. La ONG nace en respuesta a este estudio, a la necesidad de informar a la ciudadanía, no sólo a los jóvenes, sobre este problema a fin de producir un cambio sociocultural”.

Acostumbrada ya a leer, investigar y hablar sobre temas de pareja, Mariana vive sola, está soltera y no tiene hijos. Reconoce que no le ha sido fácil encontrar al compañero indicado. “Los chilenos son muy machistas y creo que muchos se asustan conmigo, porque me ven muy independiente. No los controlo y eso los desencaja un poco. Con la ONG necesito a alguien que entienda que esto para mí es prioridad”.

Tanto es así, que hasta ha cambiado su modo de vestir. “Antes no usaba zapatillas. Andaba siempre arreglada, maquillada, con tacos. Pero ahora, cuando voy a las charlas, trato de ponerme ropa más relajada para que los jóvenes no me vean tan lejana. Ellos suelen desconfiar de los adultos y de la autoridad y para nosotros es importante poder generar una cercanía”, explica.

Añade que la ONG tiene una deuda con los estudiantes de regiones, “donde no hemos podido llegar por falta de recursos”, y que uno de sus anhelos es que los problemas de violencia en la pareja sean preocupación no sólo del Ministerio de la Mujer y Equidad de Género, sino también de Educación: “Nos gustaría que se actualizaran los planes de estudio para incorporar temas como la tolerancia y el respeto, que son muy necesarios, a fin de educar con valores”.

Foto: Fernando Gutiérrez