Así se definía esta escritora y filósofa británica, que fue pionera en la reivindicación de los derechos femeninos. Crítica de la sociedad de su época, alegaba que las mujeres eran criadas “débiles”, “superficiales” y hasta “estúpidas”, al no tener acceso a la educación. De ideas liberales, se oponía al matrimonio, aunque igualmente se enamoró y terminó casándose. Murió a los 38 años, poco después de dar a luz a su segunda hija, la autora de “Frankenstein”, Mary Shelley. Sus libros, llenos de cuestionamientos a las normas de su tiempo, quedaron en el olvido tras su fallecimiento hasta que figuras como Virginia Wolf la redescubrieron. Hoy es considerada la madre del feminismo.

¿Qué circunstancias de tu vida crees que te llevaron a desarrollar ese pensamiento?
– Fueron varias cosas. Quizás una de las más determinantes tenga relación con lo que mis dos hermanas y yo tuvimos que vivir desde pequeñas. Nuestro padre no solo derrochaba el dinero familiar, sino que además era abusador con nuestra madre. Eso generó en mí un peculiar entendimiento de la amistad y el amor. Por otro lado, me vi obligada a buscar trabajo siendo muy joven, como cuidadora o institutriz. Así conocí los libros que, en ese tiempo, estaban destinados a lograr que las niñas aprendieran lo que se esperaba de ellas. Empecé a ser consciente de cómo en el mundo se privilegiaba a los hombres y que las mujeres éramos tratadas como juguetes, sin acceso a la educación ni a la posibilidad de vivir de nuestro propio esfuerzo. Eso me llevó a escribir mis primeras obras: literatura infantil y manuales de conducta, en los que comenzaban a asomar mis ideas liberales.

¿Cuáles eran tus planteamientos?
– Optar por ser escritora profesional no fue fácil. Si resultaba complicado para los hombres, más lo era para una mujer. Así es que primero, conseguí empleo en una editorial de corte liberal. Gracias a que hablaba inglés, francés y alemán, allí me dediqué principalmente a traducir varias de las obras que estaban causando polémica en ese tiempo, a fines del siglo XVIII, a causa de la Revolución Francesa. En forma paralela, escribí ensayos, novelas y todo lo que me permitiera cuestionar las normas de la época. Estaba decidida a ser la primera de un nuevo género. En 1790 publiqué “Vindicación de los derechos del hombre”, libro con el que logré cierta repercusión, aunque nada comparado a lo que dos años más tarde se generó a partir de “Vindicación de los derechos de la mujer”. El él planteaba que el Estado debía permitir a las mujeres practicar la medicina, administrar una granja, dirigir una tienda. Defendía que si éramos más débiles o menos hábiles para los asuntos públicos, no se debía a una inferioridad congénita, sino a que simplemente no se nos permitía acceder a la educación en igualdad de condiciones que a los varones. Además, exponía que el matrimonio era un mero contrato de compra por parte del hombre, pues en ningún caso existía una relación de equidad entre las dos partes.

¿Por qué te casaste, si no creías en ese vínculo?
– Es una larga historia. Con poco más de 30 años, me fasciné por el artista Henry Fuseli y llegué a proponerle a él y a su mujer una relación abierta y que los tres podíamos convivir bajo el mismo techo. Ellos no aceptaron y quizás por ese desengaño decidí irme sola a Francia en 1792, con “Vindicación de los derechos de la mujer” bajo el brazo. Dicen que París es la ciudad del amor, así es que ahí me enamoré de nuevo. Esta vez, de Gilbert Imlay, un aventurero norteamericano con el que viví una apasionada relación y tuve a mi primogénita, Fanny. Pero el romance no prosperó y me afectó una severa depresión que me llevó a intentar el suicidio. Fui traída de vuelta a la vida y ya de regreso en mi natal Inglaterra, conocí a William Godwin, filósofo precursor del anarquismo, con quien me casé. Pero no lo hice por creer en el matrimonio, sino porque quedé embarazada. Mediante esa unión, él y yo solo quisimos proteger a nuestra hija Mary. De hecho, no vivíamos juntos sino en casas adyacentes. Siempre me mantuve más bien alejada de los convencionalismos y por mucho tiempo se habló más de mi estilo de vida que del pensamiento que pude haber legado a través de mis obras.

* Frases creadas y algunas extraídas y adaptadas para efectos de esta nota, a partir de textos sobre Mary Wollstonecraft publicados en elespanol.com y publico.es.