“Soy la segunda de siete hermanos y en mi casa todos eran civiles. Yo había visto que mi hermana mayor trabajaba en las brigadas escolares de la década del 60 y eso me gustaba. Ella me hablaba de las carabineras, pero yo no le daba mucha importancia porque pensé que no reunía los requisitos. Sin embargo, después vi un comercial en la televisión y me di cuenta que era lo que quería hacer”.

“En ese momento se había recién abierto la puerta para las mujeres en Carabineros y la inspiración inicial era que las carabineras trabajaran con la infancia. Éramos un contingente de 100 mujeres y estábamos instaladas en hogares o comisarías de menores. Por eso después siempre me quedé en esa área, fui jefa de personal del sector de ayuda a los niños, fui instructora como teniente y fui coronel en la prefectura de menores. Lo curioso es que mi objetivo principal no era la infancia. Nunca he sido como una educadora de párvulos, que sabe que le encantan los niños. Fue algo que se fue dando con el tiempo”.

“Mirando hacia atrás creo que lo que más valoro de mi paso por la institución fue haber dejado un legado. Como por ejemplo, el haber creado la Dirección de Protección de la Familia o también cuando en 2001 mandé a instalar el primer sistema audiovisual de grabación de entrevistas para niños víctimas de abuso. Eso fue un logro personal. Y otra cosa muy importante de lo que me siento orgullosa es que junto a un trabajador social de la Municipalidad de Conchalí fuimos los gestores del programa de prevención 24 horas, que hoy está instalado en más de 300 comunas. Para mí dejar ese sello es un motivo de mucha alegría”.

“La experiencia más increíble que me dio Carabineros fue el poder conocer la pobreza más cruda y ayudar. Pero también me dio la posibilidad de compartir con personas interesantes del ámbito diplomático. Además, tuve la suerte de que me tocó enfrentar el día a día y de a poco se fueron abriendo los caminos. Por ejemplo, en el momento en que yo entré, la posibilidad máxima para una mujer era ser capitán. Cuando cumplí 30 años se abrió la opción del Generalato. Son cosas que se fueron dando”.

“Para mí los instantes en los que sentía impotencia era cuando había situaciones que yo no podía revertir. Una de esas es cuando un niño no tiene el amparo y la protección de una madre. Si ella es negligente e irresponsable, el niño tiene que asumir, desde muy temprana edad, que en realidad nunca va a tener ese cariño: el calor de su mamá. Y eso es lo que yo veía en los hogares y por eso uno muchas veces entiende su rebeldía o su baja autoestima”.

“El día que me nombraron General fue algo muy emocionante. Generó mucho impacto y me pidieron miles de entrevistas, me llamaban por teléfono y me llegaron miles de flores, una locura muy grande. Después el chofer me contaba que se encontraba con personas, como por ejemplo el Contralor, que le decían: “pero si hay una mujer General, ¿por qué no nombró a una mujer contralor?”. Era un logro para las mujeres”.

“Una anécdota divertida que recuerdo es que al poco tiempo del nombramiento fui a comprar uniformes con mis hijos. Cuando llegué a Falabella, me di cuenta que no tenía el carnet de identidad que en ese tiempo te pedían para comprar. Entonces se acerca el supervisor y me dice “no hay problema”. Yo lo miré y le dije: “¿Cómo no hay problema?”. Y él me dice: “Es que cómo no conocerla”… ¡Me había visto en las noticias!”

“Yo creo que en mi personalidad lo que me ayudó mucho fue que soy muy empática. Tengo inteligencia emocional y eso me sirvió para armonizar las relaciones y para mantener el contacto con la gente. Cuento con mucho sentido de la responsabilidad y trato de ser muy generosa”.

“Tengo dos hijos, un hombre y una mujer. Ser madre supone un desafío muy grande y entrega una sensibilidad distinta. Por ejemplo, me pasaba que cuando mi hija era muy pequeña, yo trabajaba en la comisaría de menores y si escuchaba a una niña llorar, se me partía el corazón. Para mí trabajar y ser mamá fue algo complicado, pero pude salir adelante sola. Recuerdo que muchas veces le tuve que hacer el cambio a la empleada en la escalera. A lo mejor no pude ser la mamá presente -por ejemplo mi hijo sale en la foto de la graduación de octavo con el conductor-, porque durante los cinco años de General tenía mucho trabajo. Pero en la vida todo se equilibra y por suerte nunca me sentí como una madre culpable”.

“Hoy estoy viviendo la jubilación en Canadá. Mis dos niños trabajan en Chile y por ahora no tengo nietos. Estoy disfrutando de mi vida acá junto a un amor. Es un regalo que me dio el destino”.