En 1967 se convirtió en la primera modelo afro-americana en aparecer en la portada del suplemento de moda del New York Times, transformándose así en la musa del movimiento “Black is Beautiful”, que surgió a fines de los 60 con el fin de resaltar la belleza de las personas de color. Distinguida como la modelo revelación del año en 1969 y 1970, logró una exposición y un reconocimiento mundial que nunca antes había alcanzado una maniquí negra. Posó para Ladies’ Home, Vogue y otras importantes revistas y trabajó con renombrados diseñadores, abriendo el camino para que, después, otras como ella pudieran triunfar en el mundo de la moda. También empresaria, creó una línea cosmética especial para mujeres de piel oscura, publicó libros con consejos para que potenciaran su atractivo y, aprovechando su fama, dedicó parte de su tiempo a ayudar a drogadictos, veteranos de Vietnam, grupos cívicos negros y diversas instituciones de beneficencia. Perdió la vida a causa del cáncer de mama, a los 61 años.

¿Cómo llega una joven a triunfar del modo en que tú lo hiciste?
Viví una infancia difícil y solitaria y creo que eso fue determinante para que aprendiera a salir adelante pese a los obstáculos. Éramos tres hermanas y, por problemas económicos, a los 10 años mi madre debió dejarme en un hogar para niños, en Pennsylvania. A los 13 ya medía más de un metro ochenta, por lo que muchos de mis compañeros de clase se burlaban de mí. Me sentía muy sola, pero sabía que no podía decaer. Al terminar el colegio, conseguí una beca para estudiar diseño en el Fashion Institute of Technology, en Nueva York, y en forma paralela, seguía la carrera de psicología en las noches. Pero necesitaba dinero para vivir, así que empecé a posar para ilustradores y me atreví a postular a agencias de modelos. Todas me rechazaban, decían que mi piel era demasiado oscura. Decidí acercarme a fotógrafos y así conocí a Gosta Peterson, que me fotografió para el suplemento del New York Times. Después llegué a la agencia de la ex modelo Wilhelmina Cooper, que me permitió dar sus datos de contacto a las agencias de publicidad, junto con mi foto. Así logré ser contratada para una campaña de AT&T, que me hizo conocida. Fue todo gracias a mi esfuerzo y tenacidad, y también por el momento que vivíamos al surgir el movimiento Black is Beautiful.

¿Por qué decidiste dejar el modelaje pocos años después, en 1973?
Hubo varias razones. Pese a mi éxito y el de otras mujeres negras, seguía existiendo mucho racismo en la industria. Además, era un mundo de chismes, de consumo de sustancias… Yo era más bien solitaria y no fui capaz de soportar esas presiones. Por otro lado, sentía que podía aportar de otra manera y así fue como creé mi empresa, dedicada a promover productos que exaltaran la belleza de la mujer de color, desde pelucas hasta maquillaje, que en ese tiempo no era fácil de encontrar. De hecho, cuando era modelo, tenía que maquillarme y peinarme sola, porque los estilistas no estaban acostumbrados a manejar el pelo afro ni la piel oscura. Y bueno, todo coincidió también con mi matrimonio: me casé en 1973 con quien fue mi único marido, Michael Findlay. Él era blanco y en ese tiempo el casamiento interracial era bastante tabú. Fuimos felices, tuvimos un hijo, Bob, pero finalmente nos separamos en 1991.

¿Tu hijo fue, entonces, el gran apoyo que tuviste durante tu lucha contra el cáncer?
Sí. Fue el hombre más importante de mi vida. La verdad es que llevé mi enfermedad de manera muy silenciosa, no quise compartirla con muchas personas. Así también, pocos sabían que tenía trastorno bipolar… Quizás fui siempre demasiado reservada, pero a la vez muy luchadora. Tenía una fuerte fe católica, que me ayudó a levantarme y a mirar con optimismo la vida, incluso en los momentos más difíciles.

* Frases creadas para efectos de esta nota a partir de publicaciones sobre Naomi Sims en thefashioninsider.com y wikipedia.org.