Ganadoras 2015 Historias Ganadoras

Nicola Schiess

Presidenta de la Corporación Cultural del Teatro del Lago en Frutillar, fue merecedora del Premio Mujer Impacta 2015 por su labor en el arte y la educación en el sur de nuestro país, donde más de 120.000 niños han podido disfrutar de espectáculos y talleres artísticos desde que se inauguró el Teatro. Además pertenece a los fundadores del Colegio Kopernikus en la misma localidad, que posee una metodología innovadora. Con excelencia y pasión, Nicola ha logrado fusionar el estudio de la música y la gestión turística y cultural con la administración, logrando resultados espectaculares.

“Todavía llego a las lágrimas”, asegura Nicola Schiess; “hasta ahora hemos editado 25 documentales del trabajo en el teatro con los niños y jóvenes. Cada vez que se los presento a los auspiciadores, me emociono hasta llorar, aunque los he visto cientos de veces. Es porque ha sido mucho trabajo”, cuenta acerca del Teatro, que se encuentra en Frutillar, una ciudad de la X región en la que viven cerca de 16.000 personas.

Lleva el pelo corto y rubio, es delgada y se viste con ropa con colores sobrios y bien planchada. Su acento deja entrever sus raíces alemanas y pese a que nació y vivió en Chile hasta terminar el colegio, en su casa siempre se habló en alemán. Tiene un carácter templado, es organizada, habla en un tono de voz suave y se toma su tiempo para explicar sus proyectos, repitiendo las mismas respuestas las veces que sea necesario para darse a entender.

Una de las cosas que más la impactan es la emoción de las personas cuando salen de ver un espectáculo en el Teatro. Su pasión por la música no se percibe en su voz ni en el constante movimiento de sus manos al hablar, sino en la expresión de sus ojos, que brillan cuando habla del proyecto que inició su padre en esa zona. “Me gusta ser de bajo perfil, pero mucha gente con la que trabajo me dice que los motivo y los saco adelante”, explica.

Sus papás fomentaron la educación artística en su casa como un hobby, por lo que creció rodeada de música. Cada uno de los hermanos Schiess tocaba un instrumento y ella eligió la flauta traversa. Nicola ha vivido en 10 ciudades en 5 países; cuando terminó el colegio se fue a vivir a Sudáfrica y después a Europa, ahí estudió administración de empresas en Alemania y después musicología en la Universidad de La Soborna en Francia. Recuerda aquellos años como alegres y en los que recibió una excelente educación integral.

Luego de titularse, trabajó durante cuatro años en la Filarmónica de Viena en Austria. Era la encargada de la administración diaria de los conciertos y las grabaciones. Acompañaba a la Orquesta a sus giras internacionales y al Festival de Salzburgo todos los años. Para cualquier persona ligada al mundo de la música, era un trabajo soñado. Pero a Nicola le faltaba algo. Pese a estar en la cima de su carrera, decidió dejarlo todo por otro sueño; acercar la música a Chile.

Nicola conoció a su marido, Uli Bader, cuando estaba a cargo de recibir a los artistas en la Filarmónica de Colonia. Él también trabajaba en el ámbito de la música y en ese minuto le ofrecieron trabajo en varias Filarmónicas en Estados Unidos y Europa; “Frutillar”, respondió él. Juntos prepararon sus maletas y se vinieron a nuestro país a trabajar por la cultura, pero no querían hacerlo al modo chileno en donde predomina el centralismo. La familia de Nicola estaba ligada a negocios en el sur, y su papá convenció a la Municipalidad de Frutillar para que les cediera un terreno en donde construir el Teatro, tras lo cual les facilitaron uno en la orilla del lago, donde antes estaba emplazado un hotel que se quemó en 1996. En el intertanto, el padre de Nicola murió y los hijos se comprometieron en el proyecto.

Uli actualmente es el Director Creativo del Teatro. “Es genial ver cómo sacamos adelante las ideas que tenemos juntos, es un tema constante del día, de la almohada. Nosotros nos conocimos trabajando juntos y pensamos muy similar, así que no nos cuesta esa parte. Él se hizo cargo de la construcción del teatro y yo de la programación, somos una muy buena dupla”, comenta Nicola. Tienen un hijo, que está en la educación básica, y su madre cuenta que está rodeado del arte, “tiene compañeros que tocan chelo, sus amigas bailan ballet, pero su mundo es el teatro”, reflexiona.

El 2010, y tras seis años de trabajo, terminaron de construir el Teatro, que cuenta con un anfiteatro de 280 butacas y la sala principal con 1.200. “Nuestra misión es fomentar la creatividad a través de la música y el arte como un aporte clave para la comunidad; cantar, bailar, forman parte de un desarrollo humano relevante para esta generación, porque va a ser muy demandado en los próximos años”, explica Nicola.

Pero el camino ha sido largo y la perseverancia vital. En un momento, Nicola se paseaba con un megáfono por la playa avisando que había show para invitar a la gente. “Mi fortaleza es que difícilmente me deprimo cuando las cosas no resultan como uno quiere. Normalmente tengo cinco opciones en mi cabeza; si una no funciona, trabajo la segunda y así. Es difícil deprimirme, es un tema de personalidad”.

En el teatro se desarrollan 250 espectáculos al año, de los cuales 90 son abiertos a público, los restantes son con fines educacionales como parte del programa Edu Vida, donde se acerca a los niños en forma interactiva a expresiones artísticas como el flamenco, el jazz, la mímica, coros, música, teatro, circo y otros. Cerca de 20.000 niños de todas partes de Chile asisten anualmente a este programa. “Para traer a los artistas al teatro, a cualquiera de nuestras actividades, lo más relevante es que sean de excelencia. En el Teatro del Lago pedimos, por sobre todo, calidad”, recalca la musicóloga.

Además, Teatro del Lago ofrece a través de su Escuela de las Artes diferentes talleres a los cuales asisten cerca de 350 niños, para que aprendan nuevas disciplinas,de entre los cuales la mitad está becado por la imposibilidad de costear las clases. “Hasta el día de hoy es muy relevante la participación de la comunidad. Justamente la gran labor educativa requiere de muchos y muchísimos amigos que se van sumando al proyecto: apoyan como padrinos, como auspiciadores, como fundaciones, como patrocinadores y vecinos. Esa es la clave”, explica.

“Para nosotros es fundamental el sentido en el que usamos el “tú puedes” como una herramienta de aprendizaje. Creemos que este tipo de experiencia les da a los niños la vivencia de la perseverancia, el autocontrol y les aumenta la autoestima. Se ven arriba del escenario y después de eso saben que son capaces de hacer lo que quieran en su vida. Muchos han tomado decisiones de vida claras; tenemos familias impresionadas por niños que, después de participar en los talleres y terminar el colegio, decidieron trabajar o ir a la universidad”.

Nicola también es una de los fundadores del colegio Kopernikus en Frutillar, cuya metodología de enseñanza incentiva una formación más personalizada al desarrollar los intereses como habilidades del niño, junto con el respeto y el autocontrol. Además las artes, la música y todo lo relacionado con el movimiento y outdoor son fundamentales, “aquí no se potencian las pruebas, sino que, por ejemplo, al final de cada unidad los mismos niños arman una obra de teatro para representar lo aprendido”, cuenta Nicola. Las vacantes del colegio están llenas y cerca de un 10% de sus alumnos son de familias extranjeras.

Toda esta labor llevó a Nicola, junto a otras seis mujeres, a ser reconocida con el Premio Mujer Impacta 2015, que fue entregado este 27 de agosto en una ceremonia realizada en la Universidad Católica. “A veces uno es la primera loca que baila, que tiene una idea que la apasiona tanto que es capaz de ir sumando a otros que busquen el mismo objetivo, y que vayan derribando muros con uno”. Al preguntarle por sus desafíos, Nicola se ríe, “siempre me entusiasmo mucho, creo que abarco demasiado, pero me encanta y no creo que cambie. Pero al final del día, es el teatro completo… sueño que se navegue como un buque solo”, cuenta sonriendo.

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