“Ellas se sienten muy cansadas… Todas son mamás y les atemoriza que sus hijos se enteren de lo que ellas hacen… Llegan aquí buscando otro tipo de vida.”

Patricia Beltrán, Premio Mujer Impacta 2014 y Directora de la Fundación Betania Acoge que busca rehabilitar y reinsertar a mujeres que ejercen la prostitución

Pocas personas son capaces de dimensionar la extrema vulnerabilidad que sufre la mujer que ejerce la prostitución. Esta realidad tiende a disfrazarse con colores, poemas, risas y bohemia, que poco tienen que ver con el desconsuelo diario que ella enfrenta cuando al día siguiente ve su realidad y sus sueños deshechos.

Patricia Beltrán pudo conocer de cerca este sufrimiento y decidió no quedarse al margen. Esto significó hacer un ejercicio de reflexión durante un año, dejar el hábito de monja y dedicar su vida completa a atender a estas mujeres que le robaron el corazón.

Entrar a la Fundación Betania Acoge es conmovedor, porque se palpa la transformación que están experimentando aquellas jóvenes que hasta hace poco sólo pensaban en sobrevivir. Basta una visita al lugar para conocer a la chiquilla que está estrenando su uniforme de enfermera, a otra que se está preparando para su examen final de IVº medio y otra que se rehabilitó hace unos años y que hoy atiende a las mujeres que ahí llegan. En tres años de travesía, han pasado más de 50 mujeres entre 18 y 35 años que además de desarrollarse en nuevos trabajos, se han transformado ellas mismas: les ha cambiado su cara, su sonrisa, sus temas de conversación, su vida familiar, sus relaciones interpersonales, su manera de expresarse y la forma en que se valoran a sí mismas. Se han reinsertado más de 20 mujeres en trabajos formales, han tenido la oportunidad de ser atendidas por médicos, dentistas, muchas de ellas han podido obtener becas para estudios superiores y otras para comenzar emprendimientos. Sus hijos han podido acceder a terapias psicológicas.

Patricia ha sido valiente. La prostitución margina a todos los que entran en contacto con ella. No pocas veces se ha sido enfrentada y cuestionada, pero no se amilana porque tiene la certeza de que les puede ayudar a encontrar un mundo mejor.

Espera fuera de los clubes nocturnos y en la medida que las mujeres van saliendo las invita a una conversación. Cuando deciden ir a la fundación, generalmente llegan en un estado de angustia y dolor. Lo importante es que sólo se sientan acogidas, en ningún momento juzgadas.

A la vez siguiente, ya tienen una entrevista con la psicóloga para poder pensar en un plan de trabajo hacia a delante. En el camino la mirada se les torna más directa y más segura. De a poco se van queriendo más ellas mismas. Hasta la forma de vestirse va cambiando. Después de un tiempo de trabajo personal, en que además pueden ir participando en diferentes talleres, se va dando la posibilidad de un cambio real, con posibilidades de trabajo y capacitación en diferentes áreas.

Patricia sabe que la prostitución no va a terminar nunca. Sin embargo, está convencida de que si una mujer se logra rehabilitar, para ella sí se acabó la prostitución. Esto la ha llevado a dar su vida en este trabajo lento y personalizado, en que un cambio genera muchos cambios en el entorno de la mujer que se rehabilita. ¡Gracias a Patricia, que ha impactado tantas vidas!