Mujeres de Ayer

Sylvia Bloom

Miles de niños y jóvenes de escasos recursos podrán terminar su escolaridad y cursar una carrera universitaria gracias a esta secretaria estadounidense. Durante los 67 años que trabajó para la misma empresa en Nueva York, logró reunir 9 millones de dólares, estipulando en su testamento que, tras su muerte, gran parte de ese patrimonio fuera destinado a financiar becas para estudiantes. Sencilla en su estilo de vida, nunca se dio grandes lujos. Recién después de su fallecimiento, familiares y amigos conocieron la realidad de sus estados bancarios.

¿Cómo conseguiste ahorrar tanto dinero?
– En 1947, comencé a trabajar en Cleary Gottlieb Steen & Hamilton, un incipiente bufete de abogados de Wall Street, que hoy cuenta con más de 1.200 juristas y una nómina de centenas de personas. Creo que fui la empleada que más tiempo ha permanecido ahí. Era de esas secretarias a la antigua, que se hacían cargo de la vida de sus jefes, incluyendo las inversiones personales. Cuando el mío compraba acciones, me tocaba efectuar el negocio por él y luego hacía lo mismo a mi nombre, pero invirtiendo una menor cantidad, de acuerdo a mi salario. Así fui juntando. Y no gastaba, porque con mi marido (Raymond Margolies) no teníamos grandes necesidades, éramos personas bastante sencillas. Él se desempeñó como bombero hasta que jubiló. Luego hizo algunas clases y atendió público en una farmacia. Dado que no pudimos tener hijos, nuestros sueldos nos alcanzaban para estar bien. Vivíamos en un departamento arrendado y yo utilizaba el metro para ir de un lugar a otro.

¿Ni siquiera tu marido sabía que estabas ahorrando una fortuna?
– No sé bien por qué, pero jamás lo comenté. Quizás pensaba que era algo que sólo me incumbía a mí. Además, después de que él falleciera, en el 2002, yo seguí trabajando hasta los 96 años, cuando decidí retirarme. Y si bien nadie conocía la existencia de ese dinero, mi sobrina Jane, a quien escogí como albacea de mis finanzas, sí sabía acerca de mis intenciones de ayudar a niños y jóvenes necesitados.

¿Por qué decidiste donar y no heredar, por ejemplo, a tus familiares?
– Dejé una parte para mis seres más cercanos. Obviamente, no los olvidaría. Sin embargo, me importaba mucho poder apoyar a personas que, queriendo seguir una carrera, no consiguen hacerlo por falta de medios económicos. Yo era hija de inmigrantes europeos en Estados Unidos, crecí en Brooklyn durante la Gran Depresión que afectó al país y supe de necesidades. Estudié en colegios públicos y cursé la enseñanza superior en horario nocturno mientras trabajaba durante el día para que alcanzara el dinero. Ahora mis donaciones servirán en parte para becas en Hunter College, mi alma mater, y 6,42 millones de dólares para el grupo de servicio social Henry Street Settlement, que anunció invertirlos en un programa de ayuda a jóvenes de bajos recursos, ofreciéndoles consejería universitaria gratuita, preparación, tutoría y apoyo continuo hasta que completen su título.

* Frases extraídas y adaptadas para efectos de esta nota, a partir de textos sobre Sylvia Bloom publicados en nytimes.com, cnbc.com y philanthropynewsdigest.org.

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