Eliana Amirá

Creadora Masitas Ruhue

Premio Mujer Impacta 2014

Ser esquizofrénico, ¿es estar incapacitado?
Eliana Amirá, Mujer Impacta 2014

En Chile el 2%  de la población tiene ciertos trastornos psíquicos y de ellos muchos sufren de esquizofrenia.

Es una enfermedad de difícil diagnóstico que afecta mayormente a los hombres y suele presentarse entre los 18 y 20 años, período en el que la corteza cerebral está consolidando su desarrollo.

Los síntomas son distorsiones de la percepción, el pensamiento y las emociones. Se pueden escuchar voces, ver cosas o creer que otros leen su mente. En la esfera cognitiva, algunos presentan dificultad para mantener la atención, aprender y retener información nueva, les cuesta comunicar sus ideas, y pueden tener problemas para planificarse. Es por esto que la esquizofrenia es altamente invalidante, al punto que muchos deben dejar sus estudios y sus trabajos. A esto se suma el desconocimiento generalizado de la esquizofrenia en la población que puede llevar a producir el rechazo de la persona en los demás.

En el  Instituto Psiquiátrico Dr. José Horwitz Barak se realizan talleres de rehabilitación para estos pacientes. A cargo de este departamento está Eliana Amirá, terapeuta ocupacional.

Para ella, la esquizofrenia no tiene por qué ser sinónimo de limitaciones; manteniéndola controlada es posible tener sueños, tener una profesión y desarrollarse en la sociedad como cualquier persona. Incluso hasta tener una familia. La clave está en el tratamiento oportuno y en la disciplina que se tenga con los medicamentos.

Hace 10 años decidió dar un salto y hacerse cargo del entusiasmo que los pacientes del taller de repostería tenían por vender sus productos. Se capacitó y formó una organización  comunitaria  bajo el nombre de “Masitas  Ruhue”,  panadería en donde son los mismos pacientes los que producen, venden y administran el local. Hoy tienen  dos locales; Recoleta e Independencia. Actualmente trabajan 25  pacientes con esquizofrenia  crónica donde logran triplicar su pensión  de discapacidad. Felipe es uno de ellos, que además de ahorrar para su pensión de vejez, ayuda a su madre con el sueldo que recibe haciendo empanadas y dobladitas.

Bajo  esta organización se postuló al Fonadis para la compra de maquinarias y cursos de capacitación. “En estos diez años hemos ido de menos a mucho más; partimos con chicos que no tenían la capacidad para producir a gran escala como ahora; ha sido con har­to esfuerzo, empezamos de cero. Costó, pero después ellos tomaron las riendas y hemos potenciado las capacidades de cada uno”, comenta Ingerbord Müller, monitora que trabaja en la panadería desde sus inicios.

Este proyecto ha sido expuesto en el extranjero como proyecto insigne de Chile. Representa un modelo adecuado para ayudar a muchas personas a insertarse en el mundo laboral. Ser esquizofrénico no tiene por qué ser siempre sinónimo de discapacidad, y esto lo tiene claro Eliana Amirá.