María Angélica Baragaño

Corpaliv

Premio Mujer Impacta 2017

 

En Chile en promedio existen 600 mil personas que sufren de alguna discapacidad visual y no hay una cifra exacta que indique cuántos de ellos también son sordos. María Angélica vivió en carne propia la realidad al tener un hijo ciego y con un grado de déficit intelectual; en base a su experiencia decidió tomar acción.  

¿Qué pasaría si el día de mañana, al levantarte, descubres que no puedes ver? ¿Y cuando intentas pedirle ayuda a alguien, sientes que de tu boca salen las palabras pero no puedes oír porque también has perdido la audición? Para cualquiera que nació con esos dos sentidos desarrollados, esta realidad podría ser parte de una película de miedo.

En Chile hay muchas personas que  experimentan algo así a diario. Un ejemplo de ello es Pablo, todas las mañanas se levanta, se recorta la barba, se asea, se viste y arregla, para luego prepararse el desayuno. Lo hace sin mucha dificultad, con calma y paciencia,  claro que esto lo ha conseguido con el tiempo, ya que a sus 45 años de edad este hombre se ha convertido en un experto. 

No fue fácil. Antes de ser lo que es hoy en día, el hijo de María Angélica Baragaño fue un niño con dificultades. Ella nos cuenta su historia; Pablo nació en Estados Unidos y al nacer los médicos le indicaron que tenía poca visión en un ojo -su instinto materno le indicaba algo más-. Decidió volver a Chile con él de 3 meses y fue hasta entonces que recibió un diagnóstico distinto: el pequeño era ciego y tendría múltiples dificultades.

María Angélica decidió que intentaría ofrecerle una vida lo más normal posible. Siendo madre de otros dos hijos y recién separada, comenzó a recorrer muchos centros y escuelas para niños con capacidades diferentes, pero se dio cuenta que no había ningún lugar en que se atendiera a niños con estas condiciones.

Al cumplir doce años y gracias al largo camino que recorrió Pablo, ella se encontró con otros padres en similar situación. Ante la falta de un centro adecuado para ellos, muchos habían decidido dejar a sus hijos en la casa, pero esa no era una opción para María Angélica. 

Nace Corpaliv

Es por eso que decidió buscar la ayuda de otros apoderados y juntos organizaron un grupo que sería la voz de estos niños. Ese fue el puntapié inicial para que naciera Corpaliv.

Siete años después de que se instauró Corpaliv, abrieron una escuela reconocida por el Ministerio. Hoy atiende a 38 niños de entre 0 y 25 años de forma completamente gratuita. En sus salas se pueden encontrar varios jóvenes de distintas comunas que llegan al lugar gracias a un bus que viaja a recogerlos todos los días. “Por suerte, a nosotros nos llegan personas con un gran corazón en donde prima la labor que hacemos por sobre la plata que les podemos pagar y eso es maravilloso”, cuenta María Angélica.

No fue fácil. “Faltó ayuda económica. Al principio nos conseguimos una casa de bienes nacionales para armar la escuela y que fuera reconocida. También nos costó el tema de la difusión pero, gracias a Dios, mientras íbamos avanzando, comenzaron a llegar más personas a ayudarnos. Al final con la subvención del gobierno pagamos con suerte un tercio de nuestros gastos.”

Hoy María Angélica es la voz y la esperanza para muchas familias que tienen hijos con doble discapacidad. “Mi sueño es tener una casa de acogida porque a veces pienso, ¿qué va a pasar con los niños que están en un hogar, pero que cumplen la mayoría de edad? Ellos no tienen la suerte de Pablo que me tiene a mí y a sus hermanos”, cuenta.

Su propósito es que otras personas cuenten con las mismas oportunidades que tuvo Pablo. Ella pudo no haber hecho nada, pero vivió esta realidad y decidió ser parte del cambio y ayudar a otros.