Popa Ramírez

Fundación Amigos De Jesús

Premio Mujer Impacta 2017

En Chile aproximadamente el 16% de la población vive con alguna discapacidad. 7,5% de este grupo, son niños que se encuentran en situaciones vulnerables. Popa Ramírez conoce muy de cerca esta realidad y un día se preguntó: ¿Cuántos más como yo?

 

Gladys Ramírez es el nombre que sale impreso en su identificación, pero ella afirma que lo siente ajeno, porque desde muy pequeña su padre la apodó con el nombre con el cual se identifica y todo el mundo la conoce: Popa Ramírez.

Ella trasmite amor, seguridad y tranquilidad, da unos abrazos profundos, siempre sonríe y brinda palabras cálidas en todo momento. Irradia tanta paz que quien no la conoce podría creer que ha tenido una vida plena y serena, sin embargo ha sufrido sus altos y bajos. Se mudó desde Sagrada Familia- Curicó- hasta Cerro Navia, se fue con sus dos hijos y su marido cuando aún eran muy jóvenes; allí llegaron otros tres niños, entre ellos Camila, una de las menores de la familia y literalmente la más delicada, ya que nació con osteogénesis imperfecta, también conocida como “huesos de cristal”. 

“Aquí conocí a una persona que me cambió la vida para siempre: el padre Mariano Puga. Él me ayudó a conocer de manera más profunda el amor que Dios tiene por todos nosotros. También me introdujo a una comunidad que nos dio la opción como familia de irnos a vivir a Francia para apoyar el tratamiento de Camila”. 

Popa viajó con su hija al viejo mundo donde conocían mejor esta condición y por ende podrían tratar con más eficacia a la niña. Tras esperar unos meses largos al resto de la familia, se encontró con un percance al llamar a su marido: “Lo llamé y me dijo que sentía que no quería irse, porque no podía dejar su entorno. Lo estaba pasando mal y lo entendí. Compré pasajes de regreso y ese mismo día en la tarde él me comentó que estaba listo para partir a Francia”.

Toda esta situación fue complicada para la familia, fueron momentos duros. Sin embargo Popa estaba infinitamente agradecida por las oportunidades que le había dado la vida, sus amigos, familia y vecinos. Por tal razón ella esperaba encontrar una manera de devolver tanta bondad. 

“Decidí que iba a poner una Casa de Acogida para recibir a niños vulnerables con discapacidades porque se quedan en su casa sin posibilidad de tratamiento. Muchos de ellos también están postrados al no tener espacio para trasladarse con la silla de ruedas”.

 Por lo que una vez en Chile, fue a trabajar como voluntaria en una Casa de Acogida de niños con discapacidad, donde se formó y capacitó para lograr hacer lo que más adelante se propondría, formar un centro como ese en Cerro Navia. 

 “Partí a la municipalidad y molesté hasta que me ofrecieron cinco terrenos y elegí el más pobre y sucio porque estaba segura de que ahí iban a estar los jóvenes con mayor necesidad. Lo más difícil fue conseguir el financiamiento, pero siento que todo de alguna manera llega y que Dios nos va a ayudar”.

Así nació la Fundación Amigos de Jesús. Popa se preocupa de cada detalle, todo limpio e impecable. Su exigencia y responsabilidad hacen esto posible. 

“Tengo fe en que no nos va a faltar nada, pero muchas veces terminamos sin mucho a fin de mes y ahí es cuando hay que ir a pedir ayuda a amigos increíbles que tengo. Ellos conocen la Fundación y por eso confían en el trabajo que hacemos. Mi compromiso es que lo que me prestan, después se los devuelvo”.

La labor que se realiza en la fundación no es solo una ayuda para los chicos, sino que también es un trabajo que se realiza para sus familias.. Se les presta ayuda a los niños en cuanto a su formación y capacitación y se le brinda a su vez el apoyo emocional que tanto necesitan los padres. 

Popa nos hace creer que todo es posible. Tras ver cómo familias de Sagrada Familia en la comuna de Curicó -donde vivía antes- viajaban para llevar a los niños a  la capital, así que ella decidió tomar acción. 

 “En Sagrada Familia se enteraron de este centro en Santiago y me venían a dejar niños. Pero yo sentía que eso no estaba bien porque tenían que viajar demasiado tiempo para llegar. Así que con mucha ayuda abrimos una casa allá. Estoy viajando constantemente a verla”.

Popa es un ejemplo de amor y abnegación, es una mujer encantadora y llena de energía y su historia es una de las que inspiran y motivan a cambiar el mundo.