Rosa Tamsec

Fundación Tamsec

Premio Mujer Impacta 2017

En Chile, los niveles de deserción comienzan desde la básica. Uno de cada tres adultos no termina el colegio, lo cual trae repercusiones en muchas familias al existir una alta probabilidad de que los hijos también abandonen la educación formal. Rosa, al darse cuenta de esta realidad, decidió actuar y hacer lo que estuviera a su alcance para cambiarla.

 

Rosa es una mujer de genio pacífico, que habla de forma pausada y reflexiva. Oír contar su historia es inspirador, cuenta cada uno de los detalles que recuerda y hace las pausas necesarias para reflexionar. A pesar de tener una personalidad tranquila, su vida no está ni cerca de ser apacible. Su mente es una máquina que no se apaga, no deja de crear nuevas formas de emprender.. 

El emprendimiento siempre fue parte de la vida de Rosa. Hija de un inmigrante chino, desde niña fue testigo de cómo su padre negociaba mientras su madre vendía dulces; Ella recuerda de adulta que su primer acercamiento al mundo empresarial fue luego de un accidente que la dejó internada en la clínica. Aburrida de estar todo el día sentada, se consiguió unos palillos, unos ovillos de lana y tejió una puntilla. La enfermera que la atendía quedó impactada con la creación y Rosa se la vendió. Se corrió la voz entre los trabajadores de la salud y Rosa formó su primera “PYME” en la habitación del hospital.

Años después y una vez casada, comenzó a vender empanadas y pasteles que hacía en su casa. Su marido, que trabajaba y estudiaba Prevención de Riesgos, compraba los insumos en el centro de la ciudad. Pero ante la falta de productos, Rosa tuvo una idea: abrir un minimarket, el que dura hasta el día de hoy. “Aproveché la oportunidad, ya que los vecinos necesitaban comprar cerca de sus casas y yo cubrí esa demanda. Crear el minimarket me motivó a desarrollar otros negocios, siempre pensando en qué podía hacer yo para satisfacer a  los clientes”, dice.

Su marido llegaba en las noches para contarle sobre sus estudios en Prevención de Riesgos y eso le dio una nueva idea a Rosa: “los extintores”. Luego de convencer a su familia, acondicionaron el living de la casa para que les sirviera de oficina y apenas salía del minimarket, se dedicaba a su emprendimiento. En esos 50 metros cuadrados crearon la que se convirtió en una gran empresa: Wilug, llamada así porque es la mezcla de los nombres de sus dos hijos de la pareja.

Gracias al crecimiento de su empresa, las mineras se interesaron en los extintores que ella vendía. Esto llevó a que los trabajadores de WILUG tuvieran que ir a las minas, pero se vieron enfrentados a un problema que les impedía trabajar en ellas: no habían terminado el colegio. En vez de despedirlos y buscar unos nuevos, Rosa decidió que debía hacer otra cosa: fundar un colegio abierto para adultos y gratuito.

Para Rossa cada problema que se le presentaba era oportunidad de emprender o de ayudar a otros. Así que hizo los arreglos necesarios para organizar la casa de dos habitaciones que había arrendado. Ella pensaba que con ese espacio iba a ser suficiente, ya que “serian pocos los estudiantes que llegarían”. Pero se llevó una enorme sorpresa: más de 200 personas se matricularon. Muchos de ellos eran mayores de 50 años e incluso llegó un hombre de 70 que soñaba con poder titularse.

Hoy el colegio cuenta con tres cursos, además tiene talleres de capacitación con el fin de mejorar las posibilidades laborales de sus alumnos. “Queremos que sean capaces de emprender tal como lo hicimos nosotros”, sueña Rosa.

Pero eso no es todo. Una vez iniciado el proyecto educativo de adultos, Rosa descubrió una nueva necesidad: muchos de los alumnos no tenían un lugar para dejar a sus hijos mientras ellos estudiaban. ¿La solución? Abrir un segundo colegio, ahora enfocado en los niños. Al día de hoy en ambos establecimientos se han educado más de 6.000 personas.

Rosa habla de forma pausada y reflexiva. Pero su mente se mueve rápido y no deja de crear nuevas formas para emprender y ayudar a los que lo necesitan. Y es que sin tener la necesidad de hacer algo, Rosa decidió jugársela y educar a los adultos y niños de la Región de Coquimbo.