Andrea Henríquez

Fundación Volando en V

Premio Mujer Impacta 2018

Tras ser víctima de acoso escolar en su infancia, decide tomar acción, a sus 21 años se convirtió una precursora de las relaciones positivas entre los estudiantes. Gracias a su motivación, el movimiento que buscaba inspirar a niños y jóvenes se convirtió en una fundación, Volando en V

 

Un mañana, Andrea se topó con un hecho que la hizo remontarse a su infancia. Ve a la distancia una pequeña esconderse entre las plantas, sin conocerla se acerca a ella, porque desde lejos la podía ver sollozar. ¿Qué te pasa? Le pregunto, la niña le conto –con lágrimas aun en sus ojos-  como unas compañeras la molestaban y le confeso que se sentía muy sola, que no tenía amigas. 

En ese momento Andrea evoco lo que años atrás le había sucedido a ella, “cuando estaba yo en los zapatos de esta niña: los insultos, los apodos y la soledad. Los gritos y empujones, los ataques virtuales, los mensajes en el chat y las fotos ofensivas. Mi mente regresó un episodio de mi vida repleto de angustia, inseguridad y miedo. Con sólo 11 años, me enfrenté a una serie de agresiones que no estaba preparada para encarar.”

Recordar lo que había vivido en esa etapa de su vida, la hizo pensar ¿Cuántos más? Cuantos niños como ella han tenido que pasar por la desagradable situación de no sentirse queridos, incomodos al tener que ir al colegio, culpables, ansiosos.  Ahí comprendió que esos hechos le habían marcado la vida, revivió la sensación de ser esa niña, recordó como sus piernas le temblaban y sus lágrimas caían de manera automática. 

“Era una mañana calurosa y oscura, estaba en la mitad del patio del colegio y se me acercó una compañera para decirme: ‘No vayas para allá’. Le pregunté por qué no, pero no supo responderme. Se puso nerviosa y sólo atinó a repetir su recomendación. Ahí me di cuenta que todas las que generalmente me molestaban, estaban riéndose. Llevaban puestas unas poleras blancas, con un cuadrado rosado lleno de insultos y la imagen de una Barbie, que se suponía era yo. Me quedé paralizada mientras sacaban de una bolsa más prendas iguales y las repartían.”

Recuerda cada detalle y añade que nadie merece pasar por algo así. Fue en ese momento, en el patio del colegio, junto a esa pequeña que nació la promesa de hacer  todo lo que estuviera a su alcance para ayudar a otras víctimas de acoso escolar. Con esa convicción nació Volando en V.

Esta iniciativa busca promover la convivencia escolar positiva. Partió en su colegio, en Ecuador, donde vivió un tiempo por el trabajo de su padre. Luego de conversar con la niña tras las plantas, hablo con la directora del establecimiento con el fin de encontrar una solución. Junto al Consejo Directivo, crearon un proyecto basado en la intervención organizada por alumnos mayores, con el fin de crear conciencia de la gravedad del maltrato escolar, para así potenciar las relaciones sanas y alegres en el recinto.  

Volando en V 

Decidida a cumplir su promesa, a los 14 años comienza a contar su historia de manera pública y con detalles, pero desde la superación y resiliencia, dejando a quien la escuchaba un mensaje positivo. A su corta edad logro comprender que el cambio viene con el ejemplo, por eso decidió ser uno.

Volando en V hace referencia a las aves que vuelan en forma de V. La que va adelante, marcándoles el paso a las demás, le hace más fácil la tarea a las que la siguen, todas se necesitan, son un gran ejemplo de compañerismo. 

Su proyecto cruzó las fronteras en el 2013 gracias a la Superintendencia de Educación del Gobierno de Chile, estos le extendieron una invitación a Andrea para que diera su testimonio en el seminario sobre el maltrato escolar. Dos años después vuelve a su país y Volando en V’ se expandió a más de 13 colegios en distintas zonas. 

Esta joven emprendedora social de corta edad pero de gran ímpetu decidió transformar una realidad que a muchos afectaba. Hoy sigue trascendiendo y convirtiéndose en un ejemplo para otros. “Ahora estoy en el desafío diario de compatibilizar mis esfuerzos como alumna de Ciencia Política en la PUC, con la administración y organización de esta iniciativa, que ya es fundación. Así le encontré un sentido a todo lo que me pasó y que se concreta en la ayuda a otros.” 

Andrea no estaba sola, el apoyo incondicional de sus padres, familia y amigos le permitió eliminar las consecuencias negativas de lo que vivió en su infancia y también a cumplir su promesa. Expresa que ellos fueron el pilar para potenciar su trabajo liderando a jóvenes a generar cambios y para que otros niños no sufrieran lo que ella vivió un día. 

“Recibir el Premio Mujer Impacta me ha permitido reafirmar mi vocación de servicio. He visto cambios tangibles y concretos, tanto en niños que se convierten en líderes positivos, como en casos de víctimas o agresores de bullying que logran salir adelante. Han sido muchas las personas que me han ayudado a llegar adonde estoy y sé que este trabajo no puedo hacerlo sola. Pero también estoy consciente de que le he dedicado prácticamente toda mi adolescencia, que he aprendido mucho, pero principalmente, que le he dado un sentido distinto a mi vida.”

Esta joven forjadora de cambio, se convirtió en la voz de muchos que en silencio sufrían. Su ejemplo nos demuestras que no existe una edad para tomar acción y tratar de cambiar el mundo. Ella es una Mujer Impacta.