Marcela Zubieta

Fundación Nuestros Hijos

Premio Mujer Impacta 2018

En Chile el cáncer infantil representa el 6,4% de las muertes en infantes y en promedio se diagnostican entre 400 y 500 casos al año. Esto según el informe realizado por la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Marcela Zubieta sabe en carne propia lo que representa la pérdida de un hijo debido a esta terrible enfermedad, por eso lleva 28 años trabajando a favor de “Nuestros hijos”

Quienes conocen a la doctora Marcela Zubieta y la labor que realiza a través de la Fundación Nuestros Hijos, reconoce el trabajo y esfuerzo que le dedica día a día a su causa. Ella es una mujer incansable, sonriente y llena de convicción, características intrínsecas de una mujer que impacta.  

Nos recibe en su oficina sin dar señales de la profunda pena que guarda en su interior. Un dolor desgarrador que, lejos de derribarla, le dio las fuerzas para fundar en 1991, la institución que hasta hoy trabaja por los niños chilenos que padecen de cáncer, apoyando a las familias de escasos recursos que están pasando por esta situación y se atienden en el sistema público de salud. Su objetivo es ofrecerles oportunidades de tratamiento, rehabilitación y asistencia integral, que les permitan mejorar su bienestar y aumentar sus posibilidades de sobrevida.

“Yo siempre fui bien privilegiada”, cuenta, rememorando su niñez y juventud. Nacida en la Provincia de Arauco, pasó sus primeros años en Curanilahue, junto a sus padres y cinco hermanos. Allí inició sus estudios en la Escuela Nº38, que aún recuerda con cariño. Más tarde, su familia se trasladó a Santiago, donde se graduó de cuarto medio en el colegio Compañía de María de Apoquindo. Luego “entré a medicina en la Universidad de Chile, conocí a mi marido –también médico– durante el quinto año de la carrera y nos casamos una semana después de haberme recibido”.

Ella analiza su historia y expresa que “en la vida nada es al azar; todo lo que nos pasa es una invitación a seguir un camino”. Sus primeros hijos, dos gemelos, fallecieron a las pocas horas de vida. “Fue terrible”, confiesa Marcela. Después pudo dar a luz a otras cuatro guaguas. Antes de la llegada de la más pequeña, nació Claudia, quien al año y medio fue diagnosticada con un tumor cerebral. “En esos tiempos no había ningún tratamiento disponible en Chile para ese tipo de cáncer y el único lugar que nos ofreció una posibilidad fue el St. Jude, en Estados Unidos. Tuvimos que dejar todo y partir de un día para otro”, relata.

Marcela agradece haber tenido los recursos suficientes como para solventar esa estadía, que se extendió por dos años. “Allá mi hija tuvo un tratamiento de fantasía, nunca sufrió, salvo en algunas ocasiones –recuerda–. Nosotros sabíamos que la probabilidad más alta era que muriera, pero nunca la vimos con dolores, todo era una fiesta y siempre pudo estar en brazos conmigo. Mientras, yo pensaba en la realidad de los niños con cáncer en Chile y cómo las familias de más bajos ingresos podrían acceder a una atención de calidad como la que nosotros tuvimos en Memphis”.

Claudia, finalmente, perdió la batalla y murió en los brazos de su madre quien, al día siguiente de los funerales, junto a su marido y otros padres, inició la creación de la Fundación Nuestros Hijos. “Redirigí mi vida a la oncología infantil y me especialicé en infecciones en niños con cáncer, en el mismo centro donde atendieron a la Claudita”, cuenta.

Nace la Fundación Nuestros Hijos 

La fundación comenzó sus labores mejorando las condiciones de la sala de espera del Hospital Exequiel González Cortés, en Santiago. Hoy cuenta con unidades oncológicas en varios recintos de salud pública, establecimientos de atención ambulatoria, casas de acogida, un centro de rehabilitación de última generación, escuelas hospitalarias (reconocidas por el Ministerio de Educación) y diversos programas de apoyo, tanto para los niños como para sus familias, en distintas regiones de Chile. Tal ha sido su éxito, que muchos de ellos se están exportando a otras naciones de América Latina.

“El cáncer es una enfermedad que tiene impacto en todos los aspectos de la vida: psicológico, social y económico –enfatiza la doctora–. En países pobres, sólo el 10% de los niños se mejora. En los de medianos ingresos, el 30%, mientras que en los desarrollados, un 80%. Chile es mirado en el mundo como un modelo, porque tiene resultados comparados a los de naciones ricas. Esto, que ha sido destacado por la Organización Mundial de la Salud, se debe a una muy buena política pública, pero además al complemento de organizaciones como la nuestra”.

Este es un logro realizado a pulso, donde muchos han puesto un granito de arena para hacer esto posible, para que tanto la familia y los niños que padecen de cáncer puedan vivir esta etapa de la forma menos traumática posible. Marcela es el motor de este círculo virtuoso que ha dignificado tantas vidas. 

“El Premio Mujer Impacta ha sido un regalo muy especial, nos ha llenado de energías, cariño y nos ha permitido conocer personas maravillosas, inspiradoras, que se dedican a mejorar la vida de los demás”, sostiene, aclarando que habla en plural “porque esta obra (Fundación Nuestros Hijos) no la hago sola. Somos muchos los que estamos trabajando”.

Sin duda alguna ella es una Mujer Impacta; su historia motiva e inspira a muchos y nos demuestra cómo transformar el dolor en acción y así ser forjadores de cambio.