Paulina Soto

Premio Mujer Impacta 2018

Paulina Soto es una mujer acogedora. Siempre tiene una sonrisa dibujada en su rostro para quienes necesitan de ella, por eso su carrete de los viernes es cocinar para su familia: los propios que viven con ella y un centenar de personas que viven en situación de calle en Quilicura.

Cada viernes sale de su trabajo y llega con la mejor disposición para hacer el menú del día. Sus jefes la dejan irse un poco más temprano para que cumpla con esa labor que lleva a cabo desde hace unos cuatro años.

Ganar el Premio Mujer Impacta fue el empujón que necesitaba para convertir su iniciativa ‘Me pongo en tu lugar’ en una fundación. “aunque parezca increíble, a mí todo me da susto y recibir este reconocimiento fue fabuloso, ha marcado mi vida de una forma súper positiva y me genera más energía para seguir creciendo y ayudar al que más lo necesita.”

“Vivo una Teletón cada semana.”

Ella labora 24/7 de secretaria en una oficina, se dedica a su familia y a sus labores en la fundación. “Tengo que motivar a la gente que colabora a través de Facebook, de Whatsapp, para que no decaigan las donaciones y poder llegar a la meta… Muchos me dicen: “¿Por qué no lo dejas? No es obligación que lo hagas siempre”. Otros me preguntan: “¿Y qué ganas tú?” Su mayor remuneración es salir todos los “viernes de carrete” y regresa a casa con la satisfacción de haber ayudado a alguien.

“Cuando partí, empecé a salir una vez al mes a entregar platos de comida a personas que duermen en la calle en mi comuna. Ahora voy todos los viernes. Un fin de semana largo no fui, decidí irme a la playa con mi familia. Y cuando volví a repartir, uno de los beneficiarios que ya me conocían me dijo, como en broma: “Tía, ¿por qué no vino?”. Estas palabras calaron hondo en Paulina. Se dio cuenta que si bien ellos no le piden, sí esperan que llegue con algo. Saben que el viernes en la noche van a comer rico, tomarán un café calentito o un vaso de jugo en verano.

“Me gusta que la gente que colabora con esta causa va conmigo a repartir comida, se da cuenta de la realidad y puede ver qué se hace con el kilo de arroz o con los cinco mil pesos que dona. A todos los invito a que vengan a cocinar, a emplatar, a salir… A muchos les da susto ir de noche. Pero se hace así por un problema de tiempo, ya que todos los que participamos tenemos un trabajo. Durante la semana reúno los ingredientes y los viernes cocinamos en mi casa y entregamos. Hemos salvado a varias personas de morir de hipotermia, porque pudimos darles algo caliente o llevarlos a un albergue.”

Son muchas las personas en situación de calle en Chile. Paulina quiere llegar más allá, se organizó para realizar una sucursal en Cauquenes, lugar donde nació y creció. “Quiero contagiar de toda esta locura a mucha gente.”

Siempre he sido bien rebelde, nos cuenta Paulina; “A los 14 años, con uniforme de colegio, me vine a Santiago haciendo dedo. Había peleado con mi mamá y llegué a la casa de una tía. Mi primer empleo fue de nana puertas adentro. Terminé la enseñanza media en jornada nocturna y a los 20 tuve a mi primera hija. Fui mamá soltera, hasta que conocí a mi actual marido.” Su sentido de empatía se hacía notar desde muy joven, decidió estudiar enfermería para ayudar a otros,  y a pesar de que no pudo concluir su carrera ya que había quedado embarazada, su deseo seguía latente.

Ahora trabaja como secretaria en un estudio de abogados, ama su trabajo y afirma haber construido la mujer que es ahora en el camino, gracias a su actitud perseverante. “Jamás hice un curso ni nada para llegar adonde estoy. Todo lo aprendí en el camino. Cuando partí entregando comida, mi jefe creyó que se trataría de una acción social esporádica, de un par de veces. Después se dio cuenta que iba en serio. Y ahora que “Me pongo en tu lugar” ya es fundación, me pregunta si me voy a ir de la oficina, considerando que soy presidenta… Y la verdad es que no, porque ese es el trabajo que me da de comer.”

A su vez no cuenta que esa misma actitud que la llevo hasta el lugar donde está ahora, es la que la movió a empezar con esta maravillosa labor, que la permite hablar por los que no son capaces de hacerlo. Sin duda alguna, su motivación es la gasolina que mantiene la fundación, pero admite que sin su familia nada podría ser posible. “Mi Familia me apaña en todo, imagínate tener una mamá que atiende a la gente de la calle y que quiere traerla a la casa. Los niños me ayudan a hacer las colaciones y entre todos colaboramos para que esto pueda  se pueda lograrse.

“Todos felices de colaborar. Mi marido es un ángel, me saqué la lotería con este hombre. Cuando nos pasa que no llegamos a la meta de reunir todos los alimentos, abro mi despensa y completo con lo que hay en ella. No me preguntes cómo, pero si me faltan cinco kilos de arroz, los encuentro. Y mi marido jamás me ha preguntado si los voy a reponer ni cuándo”

Paulina siempre piensa en brindarles una comida, nutritiva y sabrosa, por eso a veces se hace preguntas como: ¿qué me gustaría que me llevaran? ¿Una hamburguesa de 100 pesos o una comida casera rica? ¿Qué comerías tú…? Entonces, ella está resuelta a llévales lo mejor que puedas darles y sin queja ponen todos manos a la obra.