Bárbara Soto

Yo Elijo

Premio Mujer Impacta 2015

Publicado Diciembre 15, 2019
Por Mujer Impacta

Bárbara nació en Valparaíso, pero vivió gran parte de su niñez en Iquique. Junto a su hermano, ingresó a un establecimiento educacional de excelente nivel, que fomentaba la competencia sana, el esfuerzo, la autosuperación y la responsabilidad, elementos que ya entonces la niña apreció muchísimo y que la mujer terminó implementando después en sus programas educativos. En sus padres vio siempre la generosidad y el esfuerzo como pilares de su vida en común, cualidades que afloraron en ella cuando se vino a Santiago a estudiar periodismo. Una vez titulada, sin embargo, ingresó a Enseña Chile, donde descubrió que su verdadera vocación – y también su destino- era claramente la docencia.

Siendo ya profesora en un colegio, su curso obtuvo el mejor resultado de la comuna en el SIMCE, en circunstancias de que pocos alumnos de los establecimientos municipales de Peñalolén ingresaban a la universidad. Entonces le pidieron a Bárbara que hiciera algo al respecto y su primera iniciativa fue crear un preuniversitario social. El modelo tuvo éxito el primer año; no obstante, tras el ingreso de sus alumnos a la universidad, uno de ellos reprobó todos los ramos el primer semestre, lo cual llevó a Bárbara a replantearse el método: de nada servía acceder a la educación superior para desertar de ella en forma casi inmediata o dejar sin término la carrera escogida.

Entonces Bárbara se tomó un año ”para pensar”, durante el cual -y gracias a una beca- se fue a Estados Unidos para interiorizarse de los modelos educacionales que allí se estaban implementando. Los estados escogidos fueron Nueva York y Nueva Orleans, donde descubrió el rol fundamental que cumplen las actividades de los jóvenes tanto en las vacaciones como en el tiempo que pasan fuera de la escuela: “los niños de clase más alta (mayores recursos) disponen de un amplio repertorio para culturizarse, mientras los nuestros miran videos o juegan con el celular y cosas así… cuando no trabajan.

La comparación entre ambas realidades indujo – probablemente con más matices- a esta mujer curiosa a explicarse, en parte, la brecha educacional de la que tanto se habla, incorporando datos derivados de las diferencias económicas y socioculturales del país. Y así, de regreso ya en Chile, Bárbara reanudó su programa en Peñalolén el 2013, introduciéndole por cierto algunos cambios y brindándoles ahora un apoyo específico a aquellos alumnos que se encontraban cursando una carrera. Puede decirse, además, que lo anterior fue el puntapié inicial para su programa YO ELIJO, el primer afterschool de nuestro país… y donde se implementó un modelo de aprendizaje que, aparte de enfocarse en los resultados académicos, entrega a los jóvenes siete valores claves para formar el carácter. A saber: determinación, autocontrol, creatividad, trabajo en equipo, liderazgo, comunicación efectiva y… coraje.

Vale decir, una canasta limpia para vivir la vida según tus parámetros y, en lo concreto, un instrumento sumamente valioso para sacar adelante tus propósitos. Tanto, que la propia Bárbara decidió – impulsada por su padre- estudiar pedagogía tras su enriquecedora experiencia docente.  “Durante mi trayectoria como profesora observé muchos aspectos de la educación. Uno de ellos es el poder que tienen los educadores para ejercer una influencia positiva y motivar a sus alumnos. Vi muchos profesores que odian lo que hacen, pero también vi muchos héroes, personas que lo siguen intentando, que se siguen levantando cada día a las seis de la mañana para ir a enseñar a los niños. Por eso creo que los docentes son personas claves en la formación de los jóvenes y, en conjunto con un programa-país, quizás se podría cambiar la realidad de la educación en Chile”.

El programa YO ELIJO llegó a contar con 300 alumnos de establecimientos municipales en Peñalolén, la cárcel de Santiago y dos colegios de Belén Educa en La Pintana. Y los resultados fueron alentadores: el 85% de los estudiantes logró becas en un 100% a la educación superior. Sin embargo, según la experiencia de Bárbara (y esto vale para tenerlo en cuenta), lo más difícil de levantar este proyecto fue la falta de financiamiento. 

“ No sólo tuve que golpear puertas al principio, sino que, hasta el final, me tocó lidiar con la incertidumbre de no saber si contaría con los recursos necesarios para que el programa Yo elijo siguiera funcionando.”