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Carolina Pérez

Saliendo a Flotes

Premio Mujer Impacta 2015

Publicado Diciembre 15, 2019
Por Mujer Impacta

Me gané el premio Mujer Impacta en 2015 porque quisieron reconocer mi esfuerzo por informar y educar, desde mi programa de radio “Saliendo a flote”, sobre la realidad de la discapacidad en el país, que se transmite en la Radio de la Universidad de Chile. Este programa es una forma de mostrar otra realidad, esa que yo tuve que aprender hace 15 años cuando ya no pude caminar más. 

Hace 15 años yo era una persona muy activa. Desde mi época escolar ya era inquieta y sentía una fuerte inclinación hacia el deporte. Cuando todos estaban en matemáticas, yo estaba haciendo vóleibol y cuando estaban en castellano, yo estaba jugando básquetbol, haciendo cualquier cosa, menos estar en la sala.

Con el correr de los años, mi ritmo de vida se fue intensificando y, sin darme cuenta, me transformé en una mujer dedicada por completo a mi trabajo. Nunca entendí por qué estaba trabajando tanto, yo me levantaba a las cinco o seis de la mañana. A las siete ya estaba en la piscina, hacía natación en YMCA (Asociación Cristiana de Jóvenes) y después de eso iba a trabajar al hotel Ritz, donde hacía terapia de acupuntura y masajes. También tenía mi propia consulta y practicaba Aikido, arte marcial de origen japonés. Finalmente, durante las últimas horas del día, me dedicaba a estudiar medicina china. Y llegaba a mi casa a las 12:30 de la noche.

Un día, a mis 24 años, sufrí un accidente automovilístico que me mantuvo 18 días en estado crítico y me dejó una lesión cervical que me dejó tetrapléjica. Cuando comencé a recuperar la sensibilidad, me derivaron a una clínica donde pasé año y medio en rehabilitación. Creo que es el proceso más duro que he tenido en toda mi vida, desde lo físico y emocional, pero más desde el área física. Nunca había sentido tanto dolor en mi vida. Jamás. Pero es lo más lindo que he vivido, me di espacio tanto para llorar como para hacer pataleta, pero nunca falté a una hora de terapia.

A pesar de las dificultades y el dolor, decidí retomar mi pasión por el deporte. Durante tres años, fui única mujer chilena que, sin movilidad de manos y muñecas, juega tenis en silla de ruedas. Lo que no se mueve, se muere.

Mi hermano Adrián, de 33 años, trabaja conmigo y es quien me acompaña la mayor parte del tiempo. Me ayuda a movilizarse en mi silla de ruedas y en cualquier actividad que requiera su asistencia. 

Un año después del accidente, comencé a acercarme a los hospitales y a las clínicas para buscar personas que hubieran sufrido accidentes similares al mío y no hubiesen tenido las mismas herramientas emocionales que yo para salir adelante. “Estas experiencias hay que darlas a conocer, siempre y cuando sea de utilidad para los otros para los otros. Yo quería demostrar cómo se puede hacer de la adversidad algo positivo, eso era lo que yo quería conversar con la gente, y durante tres o cuatro años me dediqué a eso porque sabía que en muchos lugares seguro había mucha gente pasando por algo parecido.

Luego comencé a dar conferencias y charlas motivacionales. Me acerqué a los colegios, a las instituciones públicas y privadas, y llegué a la Universidad de Chile. Cuando me pidieron ir a dar una charla a los estudiantes, fue la primera vez que me enfrenté a una audiencia de esa magnitud: 480 asistentes. En ese momento comencé a tomar conciencia de que las comunicaciones me enamoraban y que se habían convertido en una pasión.

En la Universidad me ofrecieron ser docente en la Facultad de Medicina yo acepté y en una de mis clases, conversando con mis alumnos entendí que todavía faltaba mucho por hacer en cuanto a educación y cultura en temas de discapacidad. Al preguntarle a los estudiantes qué era lo primero que se les venía a la cabeza cuando les mencionaba la palabra discapacidad, las respuestas eran: drama, rehabilitación, pena, niño símbolo, dificultad, compasión. Nada positivo. ¿Y si yo había hecho con mi vida algo positivo, por qué ellos lo miraban desde otra perspectiva?

Ahí fue cuando se me ocurrió que debía difundir las historias de personas que hacían cosas maravillosas con la discapacidad y decidí enviar un mail a Juan Pablo Cárdenas, director de la Radio Universidad de Chile. Sin tener nociones sobre periodismo o locución, mi voz se ganó un espacio en la emisora y así nació “Saliendo a flote”.

Aquí hace falta mucho por hacer. En Chile falta aceptar que el otro es diferente y que su opinión es tan válida como la propia. Si uno no hace ese clic, es muy difícil que se pueda avanzar en materia de inclusión.

Tras muchos años de reflexión, entiendo que después de todo lo que me pasó he aprendido es a respetar mi espacio y el de los demás. Aprendí a no juzgar, a respetar mis tiempos y aprovecharlo con mis seres queridos.  También he aprendido a auto reconocerme, a descubrirme poco a poco. Antes, mi desconexión emocional, el no escucharme, me hacía arrancar de mí misma.

Cuando gané el Premio Mujer Impacta lo recibí como una señal de que debo seguir trabajando y de que estoy haciendo las cosas bien. Siempre he dicho que si el reconocimiento se hiciera en todas las aéreas y si yo reconociera tu trabajo y tú reconocieras el mío de forma constante este sería otro Chile.

Todas las personas tenemos problemas, todas. Para mí el estar vivo es suficiente”, dice la radiolocutora y agrega “¿por qué vale la pena seguir luchando? Porque no vale la pena, vale la alegría. Y con mi silla de ruedas yo soy una mujer tremendamente feliz.