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Claudia Caroca

Colina 2.Zero

Premio Mujer Impacta 2015

Publicado Diciembre 15, 2019
Por superadmin

Desde niña siempre he sido muy despierta y activa. En el colegio donde estudié pertenecí al Centro de Alumnas y con frecuencia organizaba actividades ligadas a la acción social. Siempre me ha gustado liderar proyectos que tuvieran un impacto por la sociedad.

Cuando era voluntaria en la Ciudad del Niño, cursaba tercero medio, conocí a una mujer que además de ser asistente social, veía a los niños como parte de su vida, ahí tomé la decisión: quería ser como ella y eso me motivó a intentar seguir sus pasos.

Cuando me titulé como trabajadora social, entré en la Vicaría de la Pastoral Social del Arzobispado, allí estuve hasta el 2007. Trabajaba con jóvenes en situación de calle y me sorprendía que cada cierto tiempo algunos eran detenidos y desaparecían. Eso me llenaba de impotencia y me di cuenta que debía hacer algo, pero desde el otro lado. Entonces postulé a Gendarmería, específicamente a Colina 2, centro que para 2015 contaba con alrededor de 2.200 internos. Y entré. En ese momento ese centro de reclusión tenía una asistente social, un psicólogo y un terapeuta para intervenir en situaciones específicas. Pero, Gendarmería decidió ampliar la cobertura y se contrató a alrededor de 30 profesionales. Ahí entré yo. Y no me arrepiento, es una de las cosas que más me llena.

Al principio no fue fácil porque a pesar de ser una mujer fuerte, llegar a la cárcel es adentrarse en una cultura diferente, desconocida para quienes estamos. Lo primero que tuve que hacer, fue acostumbrarme a que la institución es muy jerárquica y la mayoría eran hombres. Solo éramos 50 mujeres de 300 que trabajábamos allí. Tuve que hacerme valorar porque había quienes pensaban ‘esta niñita loca que quiere cambiar el mundo’, pero me apoyaban en estas locuras y eso me hizo validarme y creer que podía hacer cosas que no se realizaban porque a nadie se le habían ocurrido.

Para mi familia no era normal que yo tomara la decisión de trabajar en un centro penitenciario, sobre todo en una cárcel de hombres que tiene internos con alto compromiso delictual. Ellos hubieran preferido un trabajo más seguro, tal vez en un municipio, pero a mí no me gustaba y esto era un desafío personal.

Después de dos años, comencé a entender la dinámica de la cárcel. Tuve que conocer a quienes eran los líderes, porque si se llega a ellos y validan lo que tú haces, tienes a todos los internos a tu disposición; de otra forma no avanzas, que era lo que me pasaba a mí.

Colina 2 tiene dieciséis módulos y yo trabajaba con alrededor de 340 internos, casi todos de Peñalolén y de Macul, del sector de la población Santa Julia. Con ellos empecé a hacer un huerto, en el año 2012, sin tener muchas aspiraciones, más bien como entretención. Pero al poco tiempo me di cuenta de su potencial y decidí crear un proyecto de reinserción con pretexto ambiental que incluyó capacitaciones en diferentes áreas: huertos orgánicos, lombricultura y compostaje, reutilización de materiales sólidos, reciclaje, eficiencia energética e hídrica, educación ambiental y recuperación de áreas verdes.

En el proyecto participaron internos que tienen entre 18 y 60 años, condenados por penas que van desde el hurto simple hasta robo con homicidio. Debido a los resultados, la iniciativa se replicó en el módulo 9 y luego toda la cárcel se sumó al reciclaje.

El módulo se autodenominó como “Ecomódulo” y la violencia logró disminuirse a cero y eso fue un logro muy grande porque antes esa zona era conocida como el “Coliseo Romano” porque se hacían peleas entre internos. De poco, unos internos fueron motivando a otros y así se fue logrando la paz.

Con el tiempo, mi familia se fue acostumbrando a mi trabajo y comenzaron a ayudarme en lo que podían. 

De a poco el esfuerzo comenzó a tener frutos y hasta pensamos en armar una cooperativa para que los chicos pudieran vender sus productos, porque desarrollaron hasta una línea cosmética.

Para mí, la retribución está en el compromiso y el respeto de quienes participan en este proyecto. Cuando se me ocurría algo, siempre me dieron su apoyo, aunque pensaran que no iba a resultar, pero eso era para mí más que suficiente.

 El Premio Mujer Impacta me hizo darme cuenta de que no sólo estaba haciendo bien mi trabajo, sino que me hizo comprometerme más porque si efectivamente estoy haciendo algo para cambiar mi pequeño mundo, tenía que seguir y hacer que ese espacio creciera. Hoy, gracias a Mujer Impacta, esta iniciativa se está replicando en varios centros penitenciarios del país y eso se logró gracias a la visibilidad y al respaldo que me dieron.