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Elena Rada

Fundación Humanitaria Cavirata

Premio Mujer Impacta 2018

Publicado Diciembre 15, 2019
Por Mujer Impacta

Aunque todo el mundo dice que no pareciera, tengo 91 años y siempre me preguntan cuál es mi secreto, y creo que es mantenerme activa. Todavía me queda energía.

Todos los días me levanto temprano y conduzco sin problemas mi automóvil para dirigirme a la Fundación Humanitaria Cavirata, que actualmente presido en Punta Arenas. Allí me recibe una veintena de adultos mayores, algunos varias décadas más jóvenes que yo. Se alegran al verme. Ellos me quieren y respetan. Para muchos, soy la única imagen de familia que tienen.

Asumí el liderazgo de la institución hace 25 años, tras la muerte de mi padre, Ramón Rada, quien fundó Cavirata con el objetivo de acoger y ayudar a ancianos en circunstancias de riesgo o abandono. Mis hermanos y yo éramos niños cuando el papá comenzó. Él era un muy buen contador y gracias a eso pudo comprar un terreno y con sus propias manos construyó una primera casa.

Hoy la fundación cuenta con un total de 18 pequeñas y cómodas viviendas, donde puede habitar una o dos personas autovalentes, de por vida y sin costo alguno. Tenemos, además, un gran salón, donde se realizan celebraciones, talleres y diversas actividades grupales. Este modelo, que ha ido creciendo y mejorando en infraestructura y prestaciones durante mi administración, es único en Chile. 

A los beneficiarios se les proporciona todo lo necesario para que vivan sus últimos días con tranquilidad. De repente hay fallecimientos y esa es la parte triste. Cuando me hice cargo, escuché a muchos decir con pena que se irían a una fosa común. Así fue como, con harto sacrificio, adquirimos un terreno en el cementerio Parque Cruz de Froward, para asegurarles también una sepultura digna.

Por esta labor social, fui distinguida como ciudadana ilustre de Punta Arenas en 2014, reconocimiento que también había recibido mi padre. Soy mamá de siete y tengo varios nietos y bisniestos y ellos, mi familia, fueron los que me postularon en 2018 al Premio Mujer Impacta.

 Me sorprendí cuando me llamaron para decirme que era una de las ganadoras. Yo no tenía idea que me habían presentado. Lo agradezco y doy las gracias además a la comunidad y a todos los socios y colaboradores que nos apoyan.

A mediana edad, fui una ferviente defensora de los derechos civiles de las mujeres y durante años estuve a cargo de administrar un criadero de aves que formé con mi marido, hoy fallecido. Tuvimos un excelente matrimonio y llegamos a cumplir 51 años de casados. Cuando mis hijos terminaron la universidad, cerramos el criadero y me fui a trabajar a la farmacia que tenía mi esposo. Ahí me quedé mucho tiempo, hasta que lamentablemente él falleció de un infarto cerebral. Fue una cosa muy repentina. Y bueno, a partir de ese momento mi vida cambió por completo.

Ahora vivo sola y reparto mi tiempo entre las labores que me exige la fundación y aquellas que realizo con especial dedicación para los míos. Lo mejor que me ha pasado han sido mis hijos. Tengo una familia grande. Lo bueno es que soy ordenada, todas las noches escribo una lista de las cosas que tengo planeadas para el otro día… Así no se me olvidan. Y aunque cuento con ayuda, hay tareas que no me gusta delegar, porque quiero estar segura de que queden bien hechas.

Los fines de semana me gusta estar tranquila. Me dedico a mi jardín y de vida social tengo lo justo y necesario: un bautizo, un matrimonio, pero nada más. No soy de las que andan con amigas de allá para acá.

La gente que está en Cavirata es súper cariñosa conmigo. Son personas que han sufrido tanto y están solas. Siempre pienso: Dios mío, si yo estuviera en su lugar, ¿cómo me sentiría? Es tremendo. Las familias deberían apoyar a sus adultos mayores, compartir con ellos, respetarlos, considerarlos. En ese sentido, nos falta mucho como sociedad. No es posible que todos terminemos en hogares… No puede ser.