Pía Villanueva

Isla Robinson Crusoe

Premio Mujer Impacta 2019

Pía Villanueva es una reconocida fonoaudióloga en nuestro país y no solo por su profesionalismo, sino por su gran vocación y calidez humana. Desde hace 20 años estableció un compromiso con los habitantes de la isla Robinson Crusoe que hasta hoy mantiene.

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El archipiélago Juan Fernández es uno de los secretos mejor guardados que tiene Chile. Se encuentra a unos 757 kilómetros de Santiago y llegar a una de sus islas puede ser, a veces, complicado. Sin embargo, recibe una pequeña cantidad de turistas al año. La riqueza natural formada por las tres islas: Robinson Crusoe, Alejandro Selkirk y Santa Clara, fueron reconocidas en 1977 por la UNESCO como “Reserva de la Biósfera” ya que alrededor del 60% de la flora de las islas es endémica, única en el mundo, al igual que muchas de las especies marinas que se encuentran en el lugar.

A todas luces el archipiélago cuenta con un encanto sin igual, que a muchos suele atrapar. Una de esas personas es Pía Villanueva, que decidió un día ir de vacaciones  a la isla Robinson Crusoe y desde entonces no ha podido parar de visitarla todos los años. Su primer viaje tuvo como excusa realizar una de sus actividades favoritas que la ayudan a desconectarse, bucear.

Decidida a descansar del trabajo y la rutina, quiso pasar sus días conociendo la isla y realizando diferentes deportes. Luego de un día de buceo se encontró con una cara familiar, era uno de sus estudiantes de la universidad. Que se hospedaba en casa de uno de los pescadores y ahí reconoció algo poco habitual, por ello decidió abordar a su profesora. Él le contó que la hija de 15 años del caballero donde se alojaba, no pronunciaba bien su nombre. Ante eso, Pía acordó con él ver a la joven en la plaza central de la población para trabajar con ella cada mañana de los días que le quedaban en la isla. 

Al día siguiente, se dirigió a la plaza donde había acordado encontrarse con su estudiante. Cuando llegó, Pía notó una fila de personas, en su mayoría mujeres y niños. Ella, en su desconocimiento, decidió preguntar al último de la fila: “¿Que está pasando? ¿Están regalando algo?” “Estamos esperando a una doctora que va a tratar a los niños con problemas del habla”. Obviamente, se referían a ella. 

Era una fila de más de 50 personas, todas con diferentes casos que requerirían de tiempo, algo con lo que no contaba. Pudo ver la necesidad que había en la población, la carencia de profesionales y el ánimo de los isleños de recibir ese servicio. Fue en ese primer viaje de desconexión que nació el “Programa de estimulación a niños de las isla Robinson Crusoe”. 

 

 “La Isla del olvido”

Al llegar a Santiago, presentó este proyecto en la Universidad de Chile y aplicó al PROGRAMA DE FONDO CENTRAL DE INVESTIGACIÓN, eso con el fin de recibir la ayuda necesaria para que esto fuera posible. Llegar a la isla no era tarea fácil. Los vuelos comerciales no eran tan accesibles para llevar a un equipo de profesionales, ya que solo existen tres aerolíneas con capacidad para 8 o 10 personas. Esporádicamente viajan buques de la armada y una vez al mes, la isla era abastecida a través de un buque de carga. Llevar este programa a un área tan remota del país no sería para nada sencillo. 

Pero Pía estaba convencida y focalizada en lograr su objetivo: hacer que su programa de estimulación fuera posible y se mantuviera en el tiempo. A diario recordaba las palabras de una isleña que la llevó a uno de los lugares más altos de la isla y al mirar al horizonte le explicaba por qué desde ese punto ellos llamaban al lugar “La isla del olvido”. 

 

“En ese punto donde el mar se pierde en el horizonte, los visitantes de la isla se olvidan de las promesas que hicieron cuando estuvieron en ella. En ese punto los isleños pierden las esperanzas de eso que imaginaban posible, de estas fantasías que muchos brindaban”. 

Las palabras de esa mujer se quedaron sembradas en la mente de Pía y fueron el motor de esa energía que movió masas e hizo de las adversidades, posibilidades. Decidida a no olvidar, reunió los fondos, motivó a colegas y estudiantes, los hizo parte del proyecto, viajaron en avionetas, buques de carga y de la Armada por horas, inclusive días. Se alojaron en casas de los isleños, carabineros y autoridades; trabajaron en un pequeño espacio asignado en la única escuela existente en ese momento y repitieron el viaje cuatros veces al año por más de una década. 

Muchos creyeron que las palabras de Pía serían una promesa olvidada, pero lo que no se imaginaban era que esa mujer que venía de la ciudad sería el motor que dirigiría a un equipo de personas por más de 20 años a la isla; que realizaría investigaciones e implementaría diversas metodologías a más de una generación. Y también sería una mano amiga en momentos de dificultad. 

El 27 de febrero del 2010 después del terremoto grado 8.8 que sacudió a Chile, la isla fue golpeada por un tsunami que acabó con la vida de 17 personas en el puerto San Juan Bautista. Pía se convirtió en uno de los centros de acopio más grandes de Santiago. La isla, que pasó a ser su hogar, la necesitaba, por ello tomó todas las acciones que estaban a su alcance para ayudar a las familias del Archipiélago Juan Fernández. 

Esta mujer es una forjadora de cambio. Fue capaz de percibir la necesidad y con vocación e infinita pasión por lo que hace, tomó acción y decidió transformar esa realidad.