María Luisa Vial

Fundadora Colegio San Rafael

Premio Mujer Impacta 2014

Publicado Diciembre 21, 2019
Por Mujer Impacta

Cuando cientos de niños pobres vivían aglomerados con sus familias en Lo Barnechea – literalmente, en casuchas inventadas a orillas del Mapocho-, María Luisa Vial se atrevió, empujada por su marido (el entonces Ministro de Educación Gonzalo Vial), a darle curso a una antigua obsesión: sacar a esos niños a flote y entregarles el mejor regalo, que en justicia es la educación. Una educación integral, que incorporara en la familia la tradición y costumbres a los aspectos contingentes y, por lo mismo, con énfasis en Lenguaje, aunque sin ceder ni un punto en cuanto a los niveles de excelencia. Con este fin, Lucha Vial construyó un proyecto vivo, cambiante según los tiempos y de acuerdo a ciertos principios fundamentales, cuyas directrices emanaran directamente de la convivencia y, por ende, de la observación en terreno. Porque, si su interés fue siempre ”la realidad al crudo”, nunca quiso entregarles lo que ella llamaba ”pura paja picada”. 

Corrían los años 70 y ella vivía con su larga familia en una linda casa que miraba, desde lo alto, al río. 

Todo nació una fría mañana de invierno, de ésas en que el cielo se cierra y las nubes negras se desparraman en baldes de lluvia. Inquieta y decidida a ver qué ocurre allá abajo, María Luisa se acerca y vislumbra, entre el furor de las aguas, unas sombras movedizas que chutean en silencio los peñascos, temblequeando sus piernecitas de niños entre las resbalosas piedras. Al día siguiente vuelve, vuelve al subsiguiente. Y así, durante varios días, los escucha hablar y les pregunta. Conversan. La ronda infantil crece cada tarde. Y ella, sentada sobre una roca que después fue la suya, pensaba: pobres pajaritos dejados de la mano de Dios… hasta que los mismos padres, abuelos o quienes fueran le construyeron un banco de madera a esta señora venida de arriba. La Señora Lucha. Un hada.

“Lo que tienes que hacer es FORMAR UN COLEGIO”, le dijo Gonzalo. ”¡Ahora!. Los niños no pueden esperar”. Y ahí vio con más nitidez el camino: tenía que ofrecerles a éstos las mismas oportunidades que se les ofrecen “a los demás niños”. Los niños no pueden esperar, cuando el río se lleva todo con las crecidas en invierno. Los deshielos cordilleranos arrasan con todo. Tu casa: algún techo y cuatro tabiques si no hay paredes. Colchones, tablas, árboles, perros y gatos juntos, un zapato… Todo flota y se va: alguna vez, hasta las guaguas. Y lo que no se va, se moja; se pudre en el légamo, se hunde en las aguas turbias del Mapocho.

Y Lucha, la Miss Luchita, armó un colegio como Dios manda: con sus historias, sus mitos, sus ritos. Con sus precarios hábitos y algunas costumbres. Pero también con lo más importante: LA BELLEZA. Había que regalarle alguna luz a la vida – en este caso tan vulnerable- de estos hijos carentes de todo.

El Colegio San Rafael se fundó en 1978 y comenzó atendiendo en Primero Básico a unas cuantas alumnas, en un lugar cercano, bajo el nombre de Nuestra Señora del Loreto. Hoy es mixto y educa a más de mil (1000) alumnos, habiendo egresado de él todo tipo de profesionales. Muchos profesores – algunos de ellos trabajan en el establecimiento, así como varios administrativos-, médicos, artistas, músicos, investigadores… suma y sigue. Y sucede que ya los hijos de estos exalumnos han salido de la pobreza, lo cual es una alegría y por cierto, un logro esperado… pero al no cumplir con el requisito de vulnerabilidad, no pueden estudiar en este colegio.

Y todo porque María Luisa Vial creyó en su sueño; persiguió su objetivo y supo hacer de su inspiración una realidad tangible: LOS NIÑOS NO SON PIEDRAS A LA ORILLA DEL RÍO.