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Maria Magdalena Muñoz

Fundación Ideas para la Infancia

Premio Mujer Impacta 2016

Publicado Diciembre 15, 2019
Por Mujer Impacta

Mi casa estuvo rodeada de mucha pobreza y violencia. Nací en una familia que vivía en Melipilla, rodeada de fierros, en una casa de madera construida detrás del taller mecánico de mi padre. Una casa que no siempre tuvo un baño, que no siempre tuvo ventanas.

Yo sabía que nadie me iba regalar nada y mucho menos me ayudaría a salir adelante, así que decidí hacerlo por mí misma. A los 14 años comencé a trabajar, primero repartiendo cartas de cobranza, luego como mesera en un restaurante, de palomita vendiendo pasteles en la carretera y más tarde como temporera, polinizando tomates y pimentones. Tenía muy claro mi objetivo: A pesar de la precariedad económica, mis papás siempre nos dijeron que teníamos que estudiar. Mi papá no terminó el colegio, no tuvo apoyo de su familia; él estudiaba y leía escondido porque mi abuelo era de la idea que trabajara, y se convirtió en mecánico al igual que su padre y su hermano. Mi mamá, en cambio, viene de una familia con más recursos; mis tíos son profesionales. Ella quedó embarazada a los 17 años de mi hermana mayor y a pesar de que rindió la Prueba de Aptitud para entrar a la universidad, decidió casarse y no siguió estudiando.

Por eso siempre me esforcé mucho en estudiar y en mantener un buen rendimiento académico, así logré obtener la beca Padre Hurtado y entré a estudiar Bachillerato en la UC.

Desde niña era muy consciente de lo que pasaba en mi casa y por eso mismo un día decidí que debía dar mi aporte para que los niños no tuvieran que vivir situaciones parecidas, generando conciencia de lo importante que es considerarlos, escucharlos, comprender que cada situación negativa les afecta, los deja marcados y va mermando sus posibilidades de desarrollo a futuro. Eso es algo que me motiva muchísimo.

Siempre tuve ese propósito presente por ello comencé como voluntaria en la Protectora de la Infancia, impartiendo talleres. Trabajé en un programa de la red SENAME con familias de acogida. Un día me pidieron evaluar competencias parentales para decidir si un niño se quedaba con su familia o se iba a un hogar, comencé a preguntarles a los demás cómo lo hacían y nadie tenía claridad sobre cómo evaluar los casos. Era irresponsable y poco ético tomar la decisión de retirar a un niño del cuidado de sus padres sin fundamentos claros. Estoy segura que con las herramientas adecuadas, los padres pueden proteger a los niños de las consecuencias negativas que conlleva la precariedad económica.

Viendo el déficit existente para evaluar e intervenir las familias, decidí, junto con dos amigos comenzar a investigar metodologías basadas en evidencia, para posteriormente enseñarlas a otros profesionales. Tradujimos y validamos la Escala de Evaluación Familiar de Carolina del Norte, que hoy es un instrumento de uso obligatorio en programas de diagnóstico e intervención de la red SENAME. Hace 10 años atrás era un anhelo y ahora se usa de Arica a Punta Arenas.

Así comenzó a tomar forma Ideas para la Infancia hasta que nos constituimos en fundación el 2013. Actualmente desarrollamos investigación en terreno, cursos de capacitación y diplomados para profesionales de la red SENAME y Chile Crece Contigo, en temas como reunificación familiar, apoyo a adolescentes que viven en residencias de acogida y están trabajando para implementar un programa de apoyo a madres privadas de libertad y sus bebés.

Estamos trabajando con los profesionales de 23 residencias de protección. Nuestro objetivo es lograr una intervención efectiva para que los padres que perdieron el cuidado de sus hijos por falta de habilidades parentales, puedan aprender, ser más competentes y hacerse nuevamente cargo de ellos. No tenemos la oportunidad de trabajar directamente con los niños, pero nuestro impacto es mucho mayor si consideramos que sólo el 2015 capacitamos a más de 1700 profesionales. También apoyamos a los adolescentes de entre 13 y 18 años que ya no tienen posibilidades de adopción ni de reunificación familiar y por lo tanto deben ser preparados para el egreso. Buscamos darles herramientas para que puedan lograr lo que se proponen en sus vidas.

En Chile hay alrededor de 1600 niños en residencias; si queremos reducir ese número, hay que hacer prevención. Si hubiéramos llegado un año antes, no tendríamos que sacar al niño de esa casa. Ésa es nuestra apuesta para poder darles herramientas a las familias de forma oportuna. En todos los casos que llegan a intervención familiar en la red SENAME ya hay vulneración de derechos, ya hay maltrato instalado, negligencia o abandono.

Y no sólo necesitamos prevención en esa etapa de la infancia. A futuro, Chile debe tener una ley de egreso asistido de los hogares de acogida, es decir, que el Estado subvencione a los adolescentes hasta que tengan las condiciones mínimas para hacer frente a su vida de forma independiente, porque hoy día, a los 18 años, si un joven no está estudiando, egresa. Ningún adolescente que está en familia cumple 18 años, apaga las velas, y se tiene que ir de su casa. Esos jóvenes necesitan las mismas oportunidades que tendrían en familia.

Yo me di cuenta de lo que significaba ser pobre cuando entré a la universidad. Antes de eso, era mi realidad y no me la cuestionaba, pero sí luchaba para cambiarla. Toda mi vida había estado muy centrada en trabajar, en salir adelante. Y cuando llegué a la universidad, me di cuenta que había gente que me discriminaba por no estar vestida como el resto o por ser becada.

Por esa misma situación que yo viví, entendí que parte de la clave es enseñarles la empatía y para eso tienes que empatizar primero con ellos, entonces volvemos a lo mismo del principio, cómo somos capaces de ver a los niños y cómo les afectan las situaciones. En este país falta mucha empatía, cuando algunas personas dicen “hay que matar a ese adolescente delincuente”, estoy segura que ellos no saben lo que hay detrás de ese niño, si alguna vez alguien se puso en sus zapatos para que él pueda hacerlo con los demás. Mis hijos son mi motor, ellos están teniendo esa oportunidad que yo no tuve y quiero que otros niños también las tengan.

Mis prioridades son mis dos hijos, Vicente y Antonia y compatibilizar mi rol de madre con el trabajo, siendo coherente con lo que enseño a otros profesionales. Le agradezco a Dios y a mis padres haber sido capaz de surgir, de haber salido adelante. Yo creo que uno construye su suerte, pero muchas veces no hay alguien que confíe en ti y eso es lo que les pasa a muchas personas, nadie les h…a dicho: tú puedes… nosotros queremos hacerlo.