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Nora Valencia

Fundación Santa Clara

Premio Mujer Impacta 2015

Publicado Diciembre 15, 2019
Por superadmin

Viví una adolescencia como cualquier otra joven. Disfrutaba organizar actividades, reunirme con mis amigos y asistir junto a mi numerosa familia a las grandes celebraciones que se realizaban en Andacollo para la época navideña. Ccrecí rodeada de mucha gente, nos gustaba estar juntos.

Mi juventud estuvo ligada al norte de Chile, específicamente a la región de Coquimbo, donde participaba en la Parroquia de San Luis, cantando e impartiendo catequesis. En una ocasión se me acercaron algunas hermanas y me invitaron a misionar a Ovalle, recorriendo los campos a pie, conversando con la gente. A mi regreso, descubrí que ése era el camino que quería seguir.

Poco antes de cumplir 20 años decidí ingresar a la Congregación de las Hermanas Franciscanas Misioneras de Jesús, donde tuve que pasar un mes de prueba para saber si tenía vocación religiosa. Cumplido el plazo, la madre superiora me envió a casa para que reflexionara y decidiera, pero yo me negué. Le dije: yo tome una decisión antes de entrar acá, si usted no me quiere, me voy a otra congregación. No tengo nada que pensar, esto es lo mío. Y nunca más me fui.

Durante mi preparación y luego de consagrarme, adquirí amplia experiencia trabajando con niños. Estudié pedagogía y me convertí en la directora del Colegio Santa María de Belén de Coquimbo, cargo que ocupé por 15 años. Durante ese período pude hacer un magister en dirección educacional. Estar en un colegio requiere mantenerse al día en la materia, es un ambiente súper competitivo, donde tienes que mejorar constantemente para que no se vayan tus alumnos.

En 2008 me vine a Santiago para dirigir la fundación que acoge a niños contagiados con VIH y a mi llegada me planteé varios objetivos. Uno de ellos era mejorar la calidad de vida de los niños e intentar que el hogar fuera un lugar de transición. Mi idea era que no envejecieran aquí.

El Señor me dio la posibilidad de sentir el instinto materno, la necesidad de abrazar, de acoger, de que los bebés se sientan queridos. Estoy muy consciente de que ellos están aquí por un tiempo acotado y luego volverán a sus casas o serán adoptados, pero me es inevitable sentir algo de dolor cuando finalmente se van. A pesar de eso, no hay nada que me haga más feliz que saber que existen familias que los quieren acoger.

La Fundación Santa Clara se financia a través de una subvención de Fonasa, recibida debido a la enfermedad de los niños. Ésta cubre alrededor de un 60% de los gastos y el resto lo conseguimos a través de diferentes iniciativas para recaudar fondos. Buscamos recursos por todos lados y además estamos empeñados en un gran sueño, que es conseguir nuestra casa propia.

Dirigiendo el hogar me he dado cuenta que una de las cosas más dolorosas es la indolencia de muchas personas que no están interesadas en informarse y todavía creen que el VIH se contagia a través del simple contacto o de la saliva. Por eso me enfoqué, además, en educar más allá de la prevención. Nosotros hemos golpeado puertas, hemos hecho campañas, con los pocos recursos que tenemos. Partimos educando en los colegios donde están nuestros niños, haciendo charlas anuales a los profesores.

Así me fui convirtiendo en la vocera de la fundación, llevando a cabo una estrategia comunicacional que, además de usar los medios tradicionales para lograr difusión, involucra las redes sociales. Voy a donde me inviten porque es importante hablar del VIH, decir que ellos existen y que el contagio hoy día desgraciadamente no está controlado, afirma. Convencerme de usar la tecnología no fue fácil, pero hoy tenemos cuentas en Instagram y Twitter.

Con el paso de los años y el avance de la ciencia, nuevos tratamientos han permitido que el virus del VIH deje de ser mortal y se convierta en una enfermedad crónica. Por lo mismo, aseguramos y fomentamos que las mujeres que padecen el virus no están condenadas a olvidarse de la maternidad. Siguiendo estrictamente las instrucciones del doctor, pueden lograr tener hijos sanos. En el pasado, la sobrevivencia de los niños era muy baja, fallecían antes de cumplir los siete años, actualmente eso se puede evitar. Sin embargo, existen muchas madres a las cuales el Estado no puede llegar, como aquellas que se encuentran en situación de calle o envueltas en las drogas.

Son los hijos de ellas los que llegan a la Fundación Santa Clara, menores que no han recibido ningún tipo de tratamiento, incluso, en algunos casos, llegan con, abandono hospitalario. Las cinco hermanas de la congregación que viven en el hogar, cuidamos de ellos y les damos las condiciones necesarias para sentirse parte de una gran familia. Hay un ambiente y una estructura de familia, van al colegio, tienen horarios y todos se reúnen para comer, nadie hace vida aparte.

Mi inspiración y fuerza vienen de mi vocación. Crecí en un ambiente de mucha devoción a Dios y a la Virgen María, especialmente de parte de mi padre.

Cuando supe que había ganado el Premio Mujer Impacta 2015, sentí que no era yo quien debía ser reconocida, sino la fundación, pero después me di cuenta de estar recibiendo un premio por una labor realizada con mucho amor. La verdad es que uno cuando le pone corazón, se nota. He tenido que hacer cosas que nunca en mi vida me hubiera imaginado, pero por la Fundación Santa Clara, digo ‘vamos adelante’, y así lo hemos hecho.