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Patricia Pupkin

Fundación Amanoz

Premio Mujer Impacta 2017

Publicado Diciembre 15, 2019
Por Mujer Impacta

Fundación Amanoz

Cuando Patricia decidió casarse con su pololo, a más de alguien debe haberle llamado la atención: ella era prácticamente una adolescente en la plenitud gozosa de sus 17 años y, al parecer, no hubo voz alguna que la hiciera cambiar de idea o pensar “las cosas mejor”. Quizás porque ya habían armado juntos ciertos planes para iniciar su vida en común, lo cual se concretó al poco tiempo, cuando ambos decidieron emigrar juntos a Alemania y construir allí su propia familia. 

De hecho, tuvieron con Juan Carlos Kantor sus tres niños y, habiéndose dedicado a cumplir ambos sus respectivos roles paternos, la joven madre empezó a atender también inquietudes personales de otro orden, que la llamaban a ampliar su radio de acción en otras áreas. Y así, con la llegada exacta de los 30, se vio impelida a clarificar sus necesidades internas, de modo que casi el mismo día tomó la decisión de estudiar Orientación Familiar.

“Fue en ese paso por el Instituto donde descubrí mis profundas ganas de ayudar a las personas mayores de edad y, en particular, a aquellos que se encontraban solos y no tenían, obviamente, instrumentos para encarar su presente… ni menos, su futuro“. Eso era lo que pretendía bajo el lema de ”Aprendiendo a envejecer”, sueño que a Patricia se le cumplió el año 2000 cuando, gracias al apoyo de su marido, creó la Fundación Amanoz con el fin de mejorar la calidad de vida emocional y afectiva de las personas de la tercera edad.

En sus inicios, la idea era reunir a un grupo de voluntarias para ir juntas a una residencia de adultos mayores, donde realizaban semana a semana talleres de desarrollo personal que incorporaban, por cierto, elementos y técnicas destinadas a potenciar el ámbito afectivo. Y como el proyecto fue creciendo cada vez más, se hizo necesario muy luego ampliar la red de colaboradoras a 120 integrantes, que ahora  van a las distintas residencias de adultos a dictar charlas y armar talleres: todo esto sin olvidar que lo más prioritario es el acompañamiento de quienes, en esta etapa de la vida, viven sus días en la más profunda soledad.
 

El año 2014 hubo, sin embargo, un evento trágico en la vida de Patricia y su familia: Juan Carlos Kantor, el pololo, marido y padre, compañero de avatares y pieza clave para la creación y funcionamiento de Amanoz, murió en un accidente ocurrido en el lago Villarrica. “Tras esa pérdida – dice su mujer- decidí honrar la memoria de quien fue un apoyo total en mi proyecto. Y le di su nombre a la Fundación Amanoz, que hoy se llama FUNDACIÓN JUAN CARLOS KANTOR”.  

Y así, transcurridas casi dos décadas desde ese chispazo inicial que mitigó tantas soledades postreras, Patricia sigue trabajando solidariamente en otras áreas comunales y, sobre todo… Sí. Trabajando, sí, “por este sueño que construí junto a mi esposo en el año 2000”.