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Paulina Arellano

Fundación Amigos del Maule por la Vida

Premio Mujer Impacta 2016

Publicado Diciembre 15, 2019
Por superadmin

Yo nací y crecí en Santiago, pero cuando a los 36 años me casé, me fui con mi marido a San Javier porque él administraba un campo aquí, así que tocó acompañarlo.

En ese tiempo, y recién llegada no tenía demasiado qué hacer y pronto empecé a sentirme sola y sobre todo muy triste, sobre todo porque ya tenía un buen tiempo tratando de tener hijos sin resultado. Tenía en la cabeza un reloj de arena constante y me imaginaba que cada grano que caía era una posibilidad menos de ser mamá, que se me acababa el tiempo porque la vida biológica de la mujer es súper corta.

Optamos por hacer dos tratamientos para ayudar el proceso de embarazo, pero fueron fallidos. Ante eso, comenzamos a pensar en la adopción, que para nada era un camino que tuviéramos contemplado. 

Después de dos años y medio de comenzar con todo el procedimiento, recibí a mi primero hijo: Tomás. Cuando me llamaron y me dijeron: ‘Llegó el día, son los papás de un niño precioso que los espera mañana para conocerlos’.  Dudo que haya una emoción más fuerte, ni siquiera en los partos biológicos. Sentía susto, alegría, pena, nervios, todos los sentimientos mezclados. Cuando llegamos al lugar, apareció este gordo trastornante y me enamoré de él.

Con todas las ganas que yo tenía de ser mamá, me aterraba que se validara el tema del aborto sin un verdadero propósito. Justo en ese momento escuché una frase que me marcó del discurso 21 de mayo de 2014: “Cada aborto que se realiza, es una señal de que como sociedad estamos llegando tarde”. De inmediato pensé que, como parte de la sociedad, no quería seguir llegando tarde ni quedarme de brazos cruzados, mientras se gestaba un proyecto de ley con el que no estaba de acuerdo. Pero yo sabía que no era suficiente con manifestarse en contra, tenía que hacer algo más… algo por esas mujeres que están sufriendo, que tienen miedo, que a veces están solas y necesitan una mano. Así que decidí formar la agrupación Amigos del Maule por la Vida junto con 50 personas más, sin demasiada planificación, luego nos transformamos en red de la Fundación Chile Unido en la Región del Maule y empezamos respondiendo a las necesidades que iban surgiendo.

Actualmente, trabajan conmigo un voluntariado que está integrado por alrededor de mil personas en cuatro unidades: acompañamiento, solidaridad, educación y comunicaciones. A cada voluntaria se les asigna un caso según el perfil de cada mujer. Están disponibles para acompañarlas a las ecografías, conversar cuando lo necesiten, conocer a las guaguas al nacer y entregarles un ajuar: ropa, pañales y juguetes. También las apoyamos después del parto; les damos herramientas para que emprendan con algún negocio o bien les ayudamos a buscar trabajo.

Después de asignar a la voluntaria que dará acompañamiento a la mujer según sus características, realizamos los contactos con el ginecólogo que la atenderá y con la sicóloga, en caso de que esté muy angustiada. Cuando las mujeres llegan decididas a abortar, están muy solas y dominadas por el miedo. Por eso es clave que se desahoguen. ¿Qué decisión libre se puede tomar si estás aterrorizada? La idea es que sea cual sea la decisión que tomen acerca de su embarazo, no lo hagan presionadas por sus circunstancias. Es entendible que vean el aborto como única salida cuando están asustadas y ahí es donde actuamos para acompañarlas. Queremos ofrecerles algo mejor, algo que no las dañe.

La primera vez que recibí a una mujer, tenía miedo de entrometerme en su vida, pero finalmente tuve buena acogida y gracias a las capacitaciones que recibimos de Chile Unido, las 33 mujeres que hemos apoyado, desecharon la idea de abortar. De ellas, tres han optado por la adopción y tres sufrieron abortos espontáneos. Hay algunas que llegan súper agresivas, pero si logras sacar esa coraza, te encuentras con la verdadera mujer detrás. Lo clave es saber qué es lo que sienten, qué les está pasando.

En cuanto a los casos de niñas de 11 años embarazadas producto de una violación, son situaciones muy dolorosas. La violación es un acto de violencia extrema contra la mujer, pero el aborto también lo es y no la va a ayudar a superar ese trauma. En cambio, sí tengo confianza en el acompañamiento y asistencia sicológica durante el embarazo. Y siempre existe la adopción como solución real, efectiva y no dañina. En lo personal, el año pasado conocí a una mujer maravillosa que hace 40 años se practicó un aborto, lloraba abrazada de mí como si el tiempo no hubiese transcurrido… son ellas mismas las que no se perdonan.

Recibir el Premio Mujer Impacta ha significado algo maravilloso, sobre todo para la Fundación…