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Popa Ramírez

Fundación Amigos de Jesús

Premio Mujer Impacta 2017

Publicado Diciembre 15, 2019
Por superadmin

Sí, mi nombre es Gladys, pero yo no me reconozco cuando me dicen así porque desde pequeña y gracias a mi padre, todos me llaman Popa y así prefiero que me llamen aunque mi identificación diga otra cosa.

Es curioso, mucha gente me dice que irradio tanta paz que quien no lme conoce podría creer que he tenido una vida plena y serena, pero no, he sufrido mis altos y bajos. Me mudé desde Sagrada Familia- Curicó- hasta Cerro Navia, me fui con mis dos hijos y mi marido cuando aún éramos muy jóvenes; allí llegaron otros tres niños a la familia, entre ellos Camila, una de las menores de la familia y literalmente la más delicada, ya que nació con osteogénesis imperfecta, también conocida como “huesos de cristal”. 

Aquí conocí a una persona que me cambió la vida para siempre: el padre Mariano Puga. Él me ayudó a conocer de manera más profunda el amor que Dios tiene por todos nosotros. También me introdujo a una comunidad que nos dio la opción como familia de irnos a vivir a Francia para apoyar el tratamiento de Camila. 

Viajé con mi hija al viejo mundo donde conocían mejor esta condición y por ende podrían tratar con más eficacia a mi niña. Tras esperar unos meses largos al resto de la familia, me entero de un percance familiar. Recuerdo que llamé a mi marido y me dijo que sentía que no quería irse, porque no podía dejar su entorno. Lo estaba pasando mal y lo entendí. Compré pasajes de regreso y ese mismo día en la tarde él me comentó que estaba listo para partir a Francia.

Toda esta situación fue complicada para la familia, fueron momentos duros. Sin embargo, y estaba infinitamente agradecida por las oportunidades que me había dado la vida, mis amigos, familia y vecinos. Por tal razón, yo esperaba encontrar una manera de devolver tanta bondad. 

Decidí que iba a poner una Casa de Acogida para recibir a niños vulnerables con discapacidades porque se quedan en su casa sin posibilidad de tratamiento. Muchos de ellos también están postrados al no tener espacio para trasladarse con la silla de ruedas.

 Así que una vez en Chile, me fui a trabajar como voluntaria en una Casa de Acogida de niños con discapacidad, donde me formé y capacité para lograr hacer lo que más adelante me propondría, formar un centro como ese en Cerro Navia. 

Partí a la municipalidad y molesté hasta que me ofrecieron cinco terrenos y elegí el más pobre y sucio porque estaba segura de que ahí iban a estar los jóvenes con mayor necesidad. Lo más difícil fue conseguir el financiamiento, pero siento que todo de alguna manera llega y que Dios nos va a ayudar.

Así nació la Fundación Amigos de Jesús. Intento preocuparme por cada detalle. Todo debe estar limpio e impecable. Creo que mi exigencia y responsabilidad hacen esto posible. 

Tengo fe en que no nos va a faltar nada, pero muchas veces terminamos sin mucho a fin de mes y ahí es cuando hay que ir a pedir ayuda a amigos increíbles que tengo. Ellos conocen la Fundación y por eso confían en el trabajo que hacemos. Mi compromiso es que lo que me prestan, después se los devuelvo.

La labor que se realiza en la fundación no es solo una ayuda para los chicos, sino que también es un trabajo que se realiza para sus familias. Se les presta ayuda a los niños en cuanto a su formación y capacitación y se le brinda a su vez el apoyo emocional que tanto necesitan los padres. 

Tras ver cómo familias de Sagrada Familia en la comuna de Curicó -donde vivía antes- viajaban para llevar a los niños a la capital, decidí que había que hacer algo por ellos. 

 En Sagrada Familia se enteraron de este centro en Santiago y me venían a dejar niños. Pero yo sentía que eso no estaba bien porque tenían que viajar demasiado tiempo para llegar. Así que con mucha ayuda abrimos una casa allá. Estoy viajando constantemente a verla.