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Nelly León

Mujer Levántete

Premio Mujer Impacta 2018

Publicado Diciembre 15, 2019
Por Mujer Impacta

Desde muy joven, Nelly supo que quería trabajar en la cárcel. Nacida y criada en Peralillo, es la menor de ocho hermanos y la única que pudo terminar la enseñanza media. ”Éramos una familia pobre económicamente, pero rica en valores. Cuando estaba en tercero medio, año en que mi mamá murió, del colegio nos llevaron a conocer el penal de Santa Cruz. Quedé impactada. Sentí que tenía que hacer algo por los presos y mi primera intuición fue pensar en ser gendarme”.

Lo cierto es que se vino a Santiago y empezó a estudiar pedagogía. Pero sucedió que, haciendo ya su práctica en un establecimiento educacional, de repente en la clase una niñita salió al baño con permiso. Como no volvía nunca, Nelly partió a buscarla. Y entonces vio que un tipo estaba abusando sexualmente de ella. Horrorizada, denunció el hecho y al tipo ante las autoridades… ”Pero aquí no pasa nada…”

Y no pasó absolutamente nada.

El tema le quedó dando vueltas mucho tiempo en la cabeza y un amigo sacerdote le dijo que el Señor estaba llamándola a la vida religiosa, pero ella cuenta que jamás había pensado en ser monja. ”Más bien quería casarme y tener hijos. Estaba pololeando. Y seguí con mi vida, hasta que conocí a una novicia de la Congregación del Buen Pastor. Así supe de Santa María Eufrasia, la fundadora, que trabajaba con las mujeres más pobres entre las pobres. Ella compraba esclavas, las formaba, las liberaba, acogía a las que delinquían… Sentí que ahí estaba mi vocación… y al novio le dije: ¡Chao!”.

De modo que así, a los 23 años, Nelly entró al Buen Pastor, en la época en que la comunidad de las Hermanas estaba en el recinto que ahora ocupa la Dirección de Gendarmería, justo al lado de la cárcel. Hacia allá se escapaba esta hermana todos los días, dedicándose algunas horas a conversar con las condenadas (la mayoría por microtráfico). También se ofrecía Nelly a escribirles las cartas que ellas querían mandarles a sus familiares y gente  “cercana”. Entretanto, una vez realizados sus votos, empezaron a enviarla a distintas partes del país, justamente en virtud de los mismos y buscando satisfacer necesidades tanto espirituales como concretas en relación a los derecho básicos de cada persona.

Esto, pensaba ella, es porque la realidad misma habla por sí sola… ¿Y sus votos?

Sus votos. 

En el intertanto, las internas no tenían sus necesidades mínimas satisfechas, ni quizás conocían sus derechos: dormían en el suelo, en colchonetas o en literas de a cuatro… “Yo llegaba para anunciar la buena noticia de Jesús, pero pensaba que ahí no podía estar Dios…”, recuerda hoy la Hermana Nelly honestamente, dando cuenta de su acción inicial, quizás furibunda pero un poco “a la buena de Dios”. Entonces se dedicó a recorrer los patios. Y empezó a ver que muchas mujeres salían y volvían; se fue enterando de sus historias y se dio cuenta de que la mayoría lo pierde todo al caer en la cárcel. Al salir en libertad no tienen nada o vuelven al mismo lugar donde robaban o traficaban. 

¿Qué hacer? 

“Entonces pensé en una Casa de Acogida, para ofrecerles una alternativa distinta. Y con el apoyo del padre Alfonso Baeza, abrimos el hogar de Mujer Levántate a fines del 2008. Para mí fue un milagro, porque todo se dio en muy poco tiempo. Desde entonces, hemos trabajado harto por la inclusión social de las mujeres privadas de libertad y sus familias. Ahora, no todas acceden a la casa de acogida: sólo las que no tienen dónde ir al dejar la cárcel”.

(Lo precioso del programa es que se ofrece a las que están a seis meses o a un año de su salida y las acompañan hasta que logran insertarse en la sociedad. La mayoría de los talleres que se les entregan son de apoyo psicológico, porque si no hay un cambio interno profundo, van a salir de la cárcel y pueden volver a reincidir).

Es lo que explica la Hermana Nelly: “El 90% de estas mujeres tiene una historia que las lleva a cometer delito y para rearmar su vida, deben sanar esa herida. La frase ‘En Chile se encarcela la pobreza’, que yo dije frente al Papa Francisco cuando vino al país, no la tenía escrita en mi discurso. Fue pura inspiración divina, porque la mayoría de ellas nace, crece y habita en un mundo de carencias”. Por eso, viviendo en San Felipe, ella viaja a Santiago cada mañana. Pasa jornadas completas en la cárcel, “tratando de ayudar a las chiquillas”. Porque Nelly es una convencida de que la vida sí se puede cambiar. Y que, cuando Dios quiere algo, las cosas resultan: porque es una obra de Él y no nuestra”.

A mucha gente le gustaría que las personas que delinquen estuvieran muertas. Pero no. Jesús piensa: ”No está muerta, sino que está dormida”. Y acto seguido, la llama: “¡Muchacha, levántate!”.

Y  luego pide que le den de comer.