Hace 11 años creó Raipillán, grupo folclórico que tiene su origen en La Legua y en el que participan alrededor de 300 personas. Ganó el Premio Mujer Impacta 2015 por gestar el cambio social de mayor impacto en la comuna de San Joaquín, permitiendo que muchos jóvenes se mantengan alejados de las drogas y la delincuencia a través del canto y la danza.

Nacida y criada en La Legua, creció viendo cómo su madre trabajaba todos los días en su máquina de coser, mientras su padre era bodeguero en una tienda del centro de Santiago. Gracias a ellos, a Fabiola y a sus dos hermanos no les faltó nada para vivir, en comparación con muchas otras familias del sector, “tuve una infancia humilde, pero feliz”, cuenta.

Fabiola vive en un pasaje cercano a la Parroquia San Cayetano, cuyas paredes están cubiertas de murales con motivos religiosos y en grandes letras cursivas se lee “La gloria de Dios es que el pobre viva”. Éste es el sector de la Legua Vieja, un barrio emblemático de Santiago y una de las primeras poblaciones de la capital.

Con el pelo oscuro que le cae ondulado hasta los hombros y algo de nostalgia en la mirada, Fabiola relata que desde su juventud era una persona con mucha personalidad. Participaba en un coro infantil de la parroquia, del cual guarda muy buenos recuerdos, “bailábamos y cantábamos folclore, tocábamos instrumentos, hacíamos teatro, era bonito”, relata.

A los 17 años conoció a un joven mayor que ella, que vivía en la casa del frente, “en esos tiempos yo no pololeaba, era muy reservada porque estaba en una escuela de monjas”, dice. Pero esta vez fue diferente, ambos se enamoraron y poco tiempo después contrajeron matrimonio, luego de que ella egresara como técnico en párvulos de su escuela, “era una relación madura, recibí el título y me casé en junio, con 19 años”. Tuvieron un hijo y, posteriormente, compraron una casa en La Florida donde alcanzaron a vivir tres años, hasta el nacimiento su segunda hija.

Pocos meses más tarde, sus proyectos cambiaron drásticamente. Su marido murió a causa de una bronconeumonía fulminante y Fabiola decidió volver a La Legua, donde no se sentiría tan sola. “Comenzó mi lucha para sacar adelante a mis hijos y sobrevivir, porque aquí era complicado, La Legua es La Legua”, dice, refiriéndose a la población estigmatizada por la violencia en sus calles y el narcotráfico.

Viuda a los 29 años y con dos niños que mantener, comenzó a trabajar en un jardín infantil del barrio. “Llevaba a mi hijo después del colegio y mi hija se quedaba en la sala cuna del mismo jardín; prácticamente los crié ahí”, dice. Los gastos de la familia iban en aumento y Fabiola quería que sus hijos fueran profesionales. Esto la impulsó a ingresar a estudiar Pedagogía Básica, “me vi enfrentada al problema de que tendría que pagar las universidades y yo iba a estar sola”, dice.

Con orgullo cuenta que aprobó todos los ramos en el primer intento y luego de cuatro años de carrera, fue contratada en el colegio Juan XXIII de La Legua, donde lleva una década impartiendo clases. “Todo este trayecto de vida ha sido de harta lucha, ahora mi hijo es ingeniero y mi hija va a egresar de derecho. No te puedo decir ‘tarea cumplida’, pero estamos saliendo adelante”, dice Fabiola.

Raipillán surgió en esa misma escuela, cuando le pidieron participar en un acto escolar con su grupo de folclore en el año 2004. Ya estaba confirmado que asistirían, pero un par de días antes el grupo se retractó, dejando a Fabiola sin otra opción que improvisar, “les daba miedo ir a La Legua por las balaceras. Sentí que estaban discriminando a mi población, a mí, a mis hijos, a todos”, describe.

Le pidió ayuda a su hija, que en ese tiempo tenía 13 años, y a sus dos sobrinos. “Preparamos un sambo caporal, un baile rapa nui y una cueca robada, bien bonita. Y a la gente le gustó”. Fueron invitados a varios eventos más y entonces se le ocurrió formar un grupo con sus familiares y amigos. “Éramos alrededor de 18 personas y ensayábamos en la calle, sacábamos la radio por la ventana y si venía un auto, subíamos a la vereda. Nadie bailaba folclore acá, entonces era muy llamativo”, relata.

Un año después, a fines del 2005, ya eran alrededor de 40 personas las que conformaban Raipillán, nombre de origen mapudungun y que significa “flor de espíritu”. “A todos les gustaba porque lo hacíamos bonito, con harto ímpetu y harta actitud”, comenta Fabiola.

Raipillán fue ganándose el reconocimiento de la comunidad y las autoridades locales, pero la iniciativa dio un giro en 2007, cuando Fabiola sintió que debía hacer algo más por los jóvenes. Fue así como, además del baile, “Raipillán se convirtió en una forma de apoyar a La Legua, acoger a los niños, alejarlos de las drogas”, dice. En ese entonces, ya superaban el centenar de integrantes, dentro de los que se encontraban niños de los tres años hasta adultos de 65.

Hoy son casi 300 las personas que participan en Raipillán. A los menores se les exige estar matriculados en el colegio y mantener promedio sobre 5,0. “En La Legua hay una deserción gigante de niños al sistema escolar, muchos. Entonces los empezamos a traer, los matriculamos y los teníamos a todos estudiando”, cuenta Fabiola. Según explica, Raipillán se transformó en una fundación que incentiva la prevención y la inclusión por la vía artística. Sus integrantes practican todos los días en un ambiente sano, rodeado de personas que los apoyan y se preocupan por su bienestar. Ellos prefieran ensayar en vez de estar en otra parte y ésa es, finalmente, la mejor forma de prevención.

Gracias a las donaciones que ha conseguido, se financian los estudios superiores de varios jóvenes. Conseguir ayuda económica ha sido una tarea ardua, pero con el apoyo de la Fundación Desafío y los fondos concursables adjudicados, han logrado presentarse en varios lugares de Chile y el extranjero. Sin ir más lejos, En 2011, 35 integrantes tuvieron la oportunidad de viajar a Europa por más de dos semanas. Se presentaron en Portugal y recorrieron ciudades de España y Francia. “Para muchos, ésa ha sido su única oportunidad de salir del país”, dice Fabiola.

Raipillán cuenta con 10 elencos, entre ellos un grupo que se encarga de la música y los instrumentos y los trajes son confeccionados por mamás de los mismos niños que bailan. Todos los años realizan una gala donde muestran el trabajo efectuado con esfuerzo. Han bailado danzas de muchos países, pero su especialidad es el folclore chileno. Entre todos se encargan de investigar los bailes y diseñar las coreografías. “Hicimos una gala que se llamó ‘todos juntos’, donde unimos todos los continentes, bailes de España, tarantela de Italia. Nosotros siempre estamos buscamos bailes típicos en internet y profundizando en este mundo del arte que es la danza”, explica Fabiola.

Para ella, Raipillán es como un hijo. Prácticamente le ha dedicado su vida al grupo y no le queda mucho tiempo libre para hacer otras cosas. Se siente inspirada por su entrega a Dios y la lucha por La Legua, “es una Legua luchadora, estigmatizada, vulnerable, que siempre ha estado en esa pelea por salir adelante y que le ha costado mucho”, comenta.

El Premio Mujer Impacta es para ella un reconocimiento a los integrantes de Raipillán. “Son ellos los que se ganan este premio a través de mí. Porque ellos forman, ejecutan y hacen Raipillán. Yo soy un instrumento, una herramienta, nada más que eso”, dice.

Desde su trabajo como profesora y vecina de La Legua, ha sido testigo en primera fila de la realidad de la población y la necesidad de luchar contra los problemas que la afectan. “Veo día a día sus emociones trastocadas, su sufrimiento, que les cuesta vivir… y yo quiero ampliar el mundo de cada uno de los jóvenes, decirles que la vida no es sólo La Legua, sino que hay un mundo más allá”.