Artista, gestora cultural y emprendedora social, Azucena Gutiérrez creció en una familia profundamente ligada al folclore chileno. En 2022 creó Patrimonios del Mundo, Los Niños de Chile, un proyecto que recorre el país para conocer a niños que mantienen vivas las tradiciones de sus territorios y darles un espacio para mostrarlas. A través de la televisión, las redes sociales y encuentros presenciales, busca que sean ellos mismos quienes cuenten sus historias y que el patrimonio deje de ser algo que se observa desde lejos para convertirse en una experiencia que los niños viven, sienten y transmiten.
Música, bailes, animales, oficios, fiestas y costumbres. En distintos rincones de Chile, hay niños que crecen aprendiendo tradiciones que vienen de sus padres, de sus abuelos y de quienes llevan toda una vida habitando esos territorios.
Muchas veces esas historias permanecen allí, conocidas sólo por quienes forman parte de ellas. Azucena Gutiérrez Urra quiso sacarlas de esos lugares y llevarlas a todo Chile.
Oriunda de Codegua, en la Región de O’Higgins, Azucena es artista, gestora cultural y emprendedora social. Su relación con el folclore comenzó mucho antes de dedicarse profesionalmente a él. Es hija de Miguel Gutiérrez Lazo, destacado folclorista nacional, fundador de Los Grillitos de Graneros y uno de los principales impulsores de la oficialización de la cueca como danza nacional.
Creció, por lo tanto, rodeada de música y tradiciones.
En 2014 representó a Chile en la competencia internacional del Festival de Viña del Mar con su propuesta musical Folklore Rosado, continuando una trayectoria vinculada a la música de raíz y a la difusión de la cultura chilena.
Pero con los años comenzó a aparecer una preocupación distinta. En sus recorridos por el país fue conociendo expresiones culturales que permanecían prácticamente invisibles y tradiciones infantiles que corrían el riesgo de perderse.
Fue entonces cuando pensó que había que mirar el patrimonio desde otro lugar: desde los niños.
En 2022 creó la Fundación Niños del Sur y dio vida a Patrimonios del Mundo, Los Niños de Chile, una iniciativa que busca encontrar, conocer y mostrar a niños de las distintas regiones que son portadores de las tradiciones de sus comunidades.
La propuesta tomó forma de programa de televisión y comenzó a emitirse por Agricultura TV y Radio Agricultura, además de difundirse a través de plataformas digitales.
En cada lugar, Azucena se encuentra con niños que tienen algo que contar. Algunos bailan. Otros cantan. Hay quienes muestran sus animales, enseñan un oficio, hablan de las costumbres de sus familias o presentan las fiestas y tradiciones que forman parte de su vida cotidiana.
Son niños de localidades rurales, de zonas extremas y de comunidades alejadas de los grandes centros urbanos. Y son ellos quienes toman la palabra.
Para Azucena, eso es fundamental. No quiere que los niños aparezcan simplemente como parte de un registro folclórico. Quiere que comprendan que aquello que han aprendido en sus casas y que muchas veces consideran cotidiano tiene un valor que merece ser conocido y protegido.
La iniciativa ya ha llegado a las 16 regiones de Chile y sus contenidos han superado los seis millones de visualizaciones. Más de 500 personas participan directa o indirectamente cada mes en las distintas actividades, pero el alcance del proyecto no se mide solamente en quienes aparecen frente a una cámara. También está en lo que ocurre después.
Algunos de los niños que han participado en el programa, especialmente de zonas de la Patagonia y otras localidades alejadas, comenzaron a recibir ayuda de municipalidades, empresas y organizaciones que conocieron su trabajo a través de la iniciativa.
Llegaron becas, recursos para traslados, alimentación, apoyo para el cuidado de animales y auspicios que permitieron continuar desarrollando actividades que hasta entonces se sostenían con enormes esfuerzos familiares.
Es el caso de “Moñoño, el Perro Niño”, de San Vicente, y de distintos niños y agrupaciones que encontraron en el programa una ventana para mostrar aquello que hacen en sus comunidades.
Para Azucena, cada uno de esos apoyos tiene un significado que va más allá del aporte económico. Es una señal de que alguien vio lo que ellos estaban haciendo y consideró que valía la pena ayudar a que continuara.
La iniciativa también ha buscado llevar esta preocupación a espacios donde puedan generarse cambios de mayor alcance. Durante 2025 presentó dos proyectos de ley relacionados con cultura y educación ante el Congreso Nacional y organizó la primera Exposición Nacional del Patrimonio y Folclore de los Niños de Chile.
Más de 250 niños de distintas regiones llegaron entonces al Congreso para mostrar sus tradiciones. Por un día, fueron ellos quienes ocuparon ese espacio para contar qué hacen, de dónde vienen y qué quieren conservar.
Azucena cree que el patrimonio no está únicamente en los museos, los monumentos o los grandes acontecimientos que aparecen en los libros.
Por eso, una de las formas en que evalúan el trabajo consiste en seguir lo que ocurre con los niños y sus agrupaciones después de aparecer en el programa. Observan si continúan participando, si las tradiciones recuperan fuerza, si aparecen nuevas oportunidades y si otras personas comienzan a interesarse por aquello que antes permanecía prácticamente desconocido.
También mantienen contacto con las familias y agrupaciones, registrando las actividades y acompañando su desarrollo.
El proyecto reúne producción audiovisual, gestión cultural y trabajo territorial. Azucena articula a familias, agrupaciones folclóricas, municipios, empresas y medios de comunicación para conseguir que estas historias puedan llegar cada vez más lejos.
Ahora quiere seguir recorriendo Chile, fortalecer las alianzas que ha construido y ampliar la producción audiovisual para que más niños tengan la posibilidad de mostrar lo que ocurre en sus comunidades.
También espera que los proyectos de ley que impulsó puedan avanzar y que se generen nuevas herramientas para proteger y fomentar el patrimonio cultural de la infancia.
Pero detrás de todos esos objetivos hay una preocupación que permanece desde el comienzo: que los niños conozcan el lugar del que vienen y se sientan orgullosos de pertenecer a él.
Y en ese sentido, los niños tienen un papel fundamental.
Son ellos quienes reciben lo que sus padres y abuelos les enseñaron, quienes lo vuelven a cantar, a bailar, a contar y a compartir. Son ellos quienes pueden conseguir que una costumbre que nació hace muchos años vuelva a tener sentido en el presente.
Por eso Azucena salió a buscarlos por todo Chile. Para mostrar que el patrimonio también tiene cara de niño y que, mientras ellos sigan contando de dónde vienen, bailando sus danzas y orgullosos de sus raíces, muchas de esas historias todavía tendrán quién las continúe.



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