Tras trabajar durante casi diez años junto a Doug y Kris Tompkins en la creación del Parque Nacional Patagonia, María Jesús May decidió llevar su experiencia en conservación a las comunidades que habitan esos territorios. En 2022 creó Fundación Naturaleza Pública y el Vivero de Triple Impacto, una iniciativa que busca recuperar espacios con flora nativa, fortalecer las capacidades locales y acercar la restauración ecológica a la vida cotidiana de las personas.
Semillas, tierra y plantas nativas. Esos son algunos de los elementos con los que María Jesús May Espinosa trabaja para generar un vínculo diferente entre las personas y el lugar donde viven.
Durante casi diez años, María Jesús trabajó junto a Doug y Kris Tompkins en la creación del Parque Nacional Patagonia. Esa experiencia le permitió conocer de cerca los procesos de conservación y comprobar cómo un territorio que había sido degradado podía recuperar su biodiversidad cuando existía un compromiso sostenido por protegerlo.
Sin embargo, con el tiempo comenzó a hacerse una pregunta: ¿cómo conseguir que las comunidades también fueran protagonistas de esos procesos y no sólo espectadoras de la conservación?
A partir de esa inquietud decidió crear Fundación Naturaleza Pública, convencida de que las plantas nativas podían convertirse en una herramienta para generar cambios que fueran mucho más allá de lo ambiental.
En 2022 nació el Vivero de Triple Impacto, donde se producen especies nativas a partir de semillas locales, se capacita a personas de las comunidades y se desarrollan proyectos participativos de restauración ecológica.
La propuesta busca que el cuidado de la naturaleza no ocurra únicamente en parques nacionales o grandes áreas protegidas, sino que también pueda formar parte de la vida cotidiana. Una escuela, un jardín infantil, un hospital, una plaza o un barrio pueden transformarse en lugares donde las personas aprendan sobre su entorno y participen directamente en su recuperación.
A esta manera de relacionarse con la naturaleza María Jesús la llama “Cultura del Jardineo”.
Recuperar el vínculo con la naturaleza
La idea detrás de esta propuesta es que para cuidar un territorio primero hay que conocerlo y valorarlo. Por eso, Naturaleza Pública trabaja directamente con las comunidades y las involucra desde el comienzo de cada proyecto.
El proceso puede partir con la recolección de semillas, continuar con el diseño participativo y las jornadas de plantación, y luego seguir con capacitaciones, mantención y monitoreo de los espacios restaurados.
La fundación articula su trabajo con escuelas, jardines infantiles, hospitales, municipios, servicios públicos y organizaciones comunitarias, aprovechando las redes y liderazgos que ya existen en cada localidad.
Para María Jesús, esta forma de trabajar es fundamental. Su objetivo no es llegar a una comunidad con un proyecto predeterminado, sino identificar las voluntades que existen en el lugar y generar las condiciones para que las propias personas puedan involucrarse en la recuperación de su entorno.
Actualmente, el vivero produce alrededor de 20.000 plantas nativas al año, provenientes de semillas locales. De ellas, entre 3.000 y 3.500 son incorporadas en proyectos participativos de restauración.
La iniciativa ya está presente en más de 11 localidades de la Región de Aysén, incluyendo Villa O’Higgins, y ha desarrollado proyectos en distintos espacios de la Patagonia.
Uno de ellos es el Jardín Etnobotánico del Hospital de Cochrane, donde la recuperación de flora nativa también busca acercar a las personas al conocimiento de las especies propias de la zona.
En establecimientos educacionales y jardines infantiles JUNJI se han creado Bosques Miyawaki, pequeñas áreas de vegetación que permiten recuperar espacios y, al mismo tiempo, convertirlos en lugares de aprendizaje para los niños.
Uno de estos bosques alcanzó una tasa de supervivencia superior al 99% durante su primer año, pese a haber sido plantado principalmente por niños de entre dos y cuatro años.
También destaca el Corredor Ecológico de Puerto Río Tranquilo, reconocido por el Ministerio de Vivienda y Urbanismo como referente nacional en Soluciones Basadas en la Naturaleza.
Cuando las personas empiezan a mirar distinto
El impacto de Naturaleza Pública no se mide solamente por la cantidad de plantas producidas o por los espacios que logran ser restaurados. María Jesús también se preocupa de observar qué sucede con las personas que participan de estos procesos.
Durante una capacitación a viveristas de CONAF, recuerda haber visto cómo una de las participantes guardó discretamente algunas flores silvestres después de una salida a terreno.
El gesto llamó su atención porque, para María Jesús, reflejaba algo que iba mucho más allá de la capacitación. Esa mujer había comenzado a reconocer y valorar especies que antes probablemente pasaban inadvertidas.
Para ella, ahí está una de las transformaciones más importantes que puede generar Naturaleza Pública: cambiar la manera en que las personas miran la naturaleza que las rodea.
Algo similar ocurrió con una educadora que participó en uno de los proyectos de la fundación. Después de plantar junto a sus alumnos, comenzó a entender el patio del establecimiento de otra manera. Ya no era solamente un lugar de recreo, sino también un espacio para aprender, cuidar y generar un sentido de pertenencia.
La fundación trabaja especialmente con mujeres, niñas, niños y jóvenes, entregándoles herramientas para conocer la flora nativa y participar en su recuperación. También capacita a mujeres en recolección de semillas, propagación de especies y restauración ecológica, buscando que ese conocimiento pueda permanecer en las propias comunidades.
Que el cambio continúe
Una de las particularidades del modelo de Naturaleza Pública es que el éxito de un proyecto no termina cuando se planta un árbol o cuando una especie logra sobrevivir.
La organización realiza seguimiento virtual mensual y monitoreos presenciales anuales, registra las tasas de supervivencia de las plantas y lleva un control de las personas y organizaciones que participan.
Pero existe otro indicador que para María Jesús resulta especialmente importante: comprobar si una iniciativa da origen a otras.
Lo llaman “encadenamiento de nuevos desafíos” y consiste en observar si, después de participar en un proyecto, las propias comunidades comienzan a plantearse nuevas acciones para seguir recuperando sus espacios.
Porque la idea es que el trabajo de la fundación no dependa eternamente de su presencia. Que las personas aprendan, adquieran herramientas y puedan continuar por sí mismas.
Para María Jesús, esa es una de las claves para lograr cambios culturales que permanezcan en el tiempo.
Su desafío para los próximos 25 años es que cada comunidad de la Región de Aysén pueda reconocer el valor de su flora nativa y tenga las capacidades necesarias para restaurar activamente su propio territorio.
Mientras tanto, Naturaleza Pública continúa creciendo a través de nuevos proyectos, alianzas y espacios de formación, llevando la restauración ecológica a lugares donde antes quizás nadie pensaba que podía estar.
Porque para María Jesús la conservación también puede comenzar en un patio de colegio, en una plaza o junto a un hospital. En cualquier lugar donde una comunidad esté dispuesta a conocer lo que tiene, valorarlo y hacerse responsable de cuidarlo.



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