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"Ninguna familia debería renunciar a la rehabilitación por falta de recursos".

Después del nacimiento de su hija y de un diagnóstico que parecía dejar pocas posibilidades, Aracelli Melo descubrió en los caballos una herramienta que cambiaría su vida. Tras especializarse en terapias asistidas con caballos y comprobar en su propia familia los avances que podía generar, en 2014 creó la Fundación Ángeles a Caballo. Su propósito es que niños, jóvenes y adultos en situación de discapacidad, especialmente de familias vulnerables, puedan acceder gratuitamente a una rehabilitación que integre lo físico, lo emocional y lo familiar.

En 2010 nació la primera hija de Aracelli Del Pilar Melo Meza. Durante sus primeros meses de vida todo parecía transcurrir con normalidad, hasta que al año y dos meses recibió un diagnóstico que cambiaría para siempre la vida de su familia: ataxia severa y déficit del transportador de glucosa, una condición neurológica que afectaba su movilidad, el habla y su desarrollo cognitivo.

Para Aracelli y su marido comenzó entonces un proceso difícil, que ella describe como un duelo. Tuvieron que despedirse de la hija que habían imaginado para aprender a conocer y querer a la hija que tenían frente a ellos, una niña que les mostraría que su vida podía ser muy distinta a la que habían proyectado.

Durante años, ambos mantuvieron sus trabajos para poder costear un intenso proceso de rehabilitación. Kinesiología, terapia ocupacional, fonoaudiología, piscina y distintos tratamientos comenzaron a formar parte de la rutina familiar.

Fue en medio de esa búsqueda que conocieron la equinoterapia.

Aracelli pudo observar cómo el trabajo con caballos producía efectos que iban mucho más allá de lo físico. El movimiento del animal ayudaba a estimular la musculatura y el equilibrio, pero también generaba una conexión distinta, despertando en los niños motivación, confianza y ganas de participar.

Quiso aprender más y decidió realizar un diplomado en terapias asistidas con caballos. Luego comenzó a trabajar diariamente con su hija. Seis meses después, los avances fueron sorprendentes. Aquello que parecía difícil de imaginar a partir de su diagnóstico comenzó a hacerse realidad.

Hoy su hija camina, habla, lee, escribe, estudia, juega con sus amigos y lleva una vida activa.

Para Aracelli, esa experiencia terminó convirtiéndose en un punto de inflexión.

Una terapia que cambia vidas

A medida que conocía el mundo de las terapias asistidas con caballos, Aracelli también comenzó a darse cuenta de que no todas las familias tenían las mismas posibilidades que la suya. Había padres que no podían costear los tratamientos que sus hijos necesitaban y que, por falta de recursos, debían renunciar a terapias que podían marcar una diferencia importante en sus procesos de rehabilitación.

Fue entonces cuando junto a su esposo decidió transformar su experiencia familiar en una iniciativa que pudiera ayudar a otros. En 2014 crearon la Fundación de Equinoterapia Ángeles a Caballo, con el propósito de ofrecer gratuitamente terapias a personas en situación de discapacidad, especialmente a quienes pertenecen a familias vulnerables.

Actualmente la fundación atiende a más de 500 beneficiarios al año, principalmente de la comuna de La Florida, y desarrolla un modelo de rehabilitación que combina las terapias con caballos con distintas actividades orientadas al bienestar y la inclusión.

Hay equinoterapia, equitación adaptada y talleres de autorregulación emocional para situaciones de crisis. También se realizan talleres de vinculación terapéutica con caballos para adultos y actividades deportivas adaptadas en el Estadio Bicentenario de La Florida.

La preocupación por las familias se extiende además fuera de las sesiones de rehabilitación. La fundación realiza talleres gratuitos de alimentación saludable en colegios diferenciales y ha impulsado huertos familiares que posteriormente continúan siendo trabajados por quienes participan en el programa.

La idea es acompañar a las personas desde distintas dimensiones, entendiendo que la discapacidad no afecta únicamente a quien recibe un diagnóstico, sino que también modifica la vida de todo su entorno.

Más allá de la rehabilitación

Uno de los casos que Aracelli recuerda especialmente es el de un niño de siete años con autismo que llegó a la fundación sin lenguaje verbal. Después de varios meses de trabajo con los caballos comenzó a decir sus primeras palabras, identificar colores y establecer contacto visual. También mejoró su interacción con otras personas y disminuyeron significativamente sus niveles de ansiedad. Para su familia, esos cambios no ocurrieron solamente dentro del lugar donde se realizaban las terapias. Se trasladaron a la casa, al colegio y a la manera en que el niño comenzó a relacionarse con quienes lo rodeaban.

Son justamente esos avances los que la fundación busca observar y acompañar.

A través de encuestas periódicas a los cuidadores, conversaciones con las familias y seguimiento de los cambios que se producen en el hogar y en el colegio, el equipo va identificando nuevas necesidades y ajustando sus objetivos.

También se observan aspectos como la movilidad, la autonomía y la autoestima de los beneficiarios, entendiendo que el éxito de una terapia no siempre se expresa en una cifra, sino en pequeñas conquistas que pueden modificar la vida cotidiana.

Para Aracelli, la experiencia de su propia hija es la primera y más importante demostración de ello.

Una familia detrás de cada proceso

La Fundación Ángeles a Caballo funciona con un equipo multidisciplinario y desarrolla sus programas principalmente gracias a proyectos y recursos públicos que permiten mantener la atención gratuita.

Cada año, más de 500 personas se benefician directa o indirectamente de sus actividades, y entre 51 y 200 participan mensualmente en los distintos programas.

Pero detrás de cada número hay una historia familiar. Hay madres y padres que llegan después de años de buscar alternativas, niños que necesitan encontrar una manera distinta de comunicarse, jóvenes que buscan desarrollar mayor autonomía y adultos que necesitan recuperar espacios de participación.

Aracelli conoce bien ese recorrido. Sabe lo que significa recibir un diagnóstico inesperado, buscar respuestas y enfrentarse a tratamientos costosos mientras se intenta mantener la vida familiar en funcionamiento.

Por eso existe una convicción que atraviesa todo su trabajo: el principal obstáculo para muchas familias no es necesariamente la discapacidad, sino la falta de acceso a terapias de calidad. Su propósito es que ninguna de ellas tenga que decidir entre pagar la rehabilitación de un hijo o cubrir las necesidades básicas de su hogar.

El desafío que se ha propuesto para los próximos años es ampliar la cobertura de la fundación y conseguir que las terapias asistidas con caballos sean reconocidas legalmente como una prestación de rehabilitación, de manera que puedan estar disponibles para todas las personas que las necesiten.

La historia de Ángeles a Caballo comenzó con una madre que buscaba una alternativa para su hija y terminó convirtiéndose en una oportunidad para cientos de familias.

Aracelli sabe que el camino recorrido por su hija no puede repetirse de la misma manera para todos, pero también aprendió algo durante esos años: un diagnóstico puede marcar el comienzo de una historia, pero no tiene por qué determinar hasta dónde una persona puede llegar.

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