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“Yo no soy activista por convicción, soy activista por amor. Mi hija me enseñó que el silencio mata. Y mientras haya una mujer que sufra violencia, yo no voy a descansar.”

María Consuelo Hermosilla es la fundadora y directora ejecutiva de la Fundación Antonia, una organización nacida en 2017 en Concepción tras la muerte de su hija Antonia Garros, víctima de violencia en el pololeo.
Desde ese dolor inmenso, Consuelo transformó su vida y creó una institución que hoy trabaja incansablemente para erradicar la violencia en las relaciones de pareja a través de un enfoque integral, feminista y con perspectiva de género.

La fundación entrega atención psicológica, legal y social gratuita a sobrevivientes de violencia, alcanzando a más de 600 personas atendidas directamente y más de 36.000 beneficiadas con charlas, talleres y campañas educativas. Entre sus logros más destacados se encuentra la promulgación de la Ley 7F, que declara el 7 de febrero como el Día Nacional contra la Violencia en el Pololeo, y la creación del primer Centro de Atención Integral Antonia (CAI), que permite acompañar a mujeres en procesos de recuperación y empoderamiento.

Hoy, la fundación tiene presencia en 16 regiones del país —principalmente en Biobío— y cuenta con 15 profesionales contratados y cerca de 100 voluntarios

Consuelo Hermosilla ha convertido su tragedia personal en una causa de vida. Su voz, reconocida por redes internacionales como Voces contra la Violencia y Estée Lauder Emerging Leaders Fund, representa a miles de mujeres que alguna vez fueron silenciadas. Desde Concepción, ha demostrado que el amor verdadero no se calla: se defiende, se acompaña y se transforma en esperanza.

El 7 de febrero de 2017 marcó un antes y un después en la vida de Consuelo Hermosilla. Ese día, su hija Antonia Garros, de 23 años, decidió terminar con su vida después de años de sufrir violencia en su relación de pareja. “No me dejaron verla en el Servicio Médico Legal. No sabía lo que había pasado, solo que mi hija no estaba. Cuando pude tomar su mano, le prometí que iba a hacer todo lo posible para que nadie olvidara lo que le ocurrió, ni a ella ni a las tantas mujeres que viven lo mismo.”

De esa promesa nació la Fundación Antonia, un acto de amor convertido en misión. Sin experiencia previa en el mundo social, sin fondos ni estructura, pero con una determinación inquebrantable, Consuelo comenzó a levantar una organización destinada a acompañar a mujeres que sufren violencia, especialmente en relaciones de pareja y pololeo. “No quiero que ninguna mamá vuelva a pasar por lo que yo pasé. Mi hija me dio la fuerza para transformar el dolor en acción.”

Antes de aquello, su vida transcurría entre trabajos de banquetería y carpintería. Divorciada, con dos hijas y acostumbrada a salir adelante sola, nunca imaginó que su historia se volvería una voz colectiva. “Siempre estuve a cargo de mis hijas. Fui mamá, papá y sustento. Cuando Antonia se fue, se me fue el sentido. Pero entendí que su historia podía salvar vidas.”

La fundación comenzó atendiendo casos aislados, ofreciendo apoyo psicológico y legal gratuito. Con el tiempo, se transformó en una red nacional con presencia en 16 regiones. Hoy cuenta con un equipo interdisciplinario de 15 profesionales y más de 100 voluntarios, todos comprometidos en acompañar procesos de recuperación que pueden durar entre seis meses y un año.

En 2023 inauguró el Centro de Atención Integral Antonia (CAI), el primero de su tipo en Chile, un espacio que brinda atención psicológica, social y jurídica especializada. “Las mujeres llegan destruidas, sin esperanza. Pero con el acompañamiento correcto, vuelven a confiar, a reír, a mirarse al espejo con amor.”

Su trabajo también ha tenido un profundo impacto cultural y legislativo. Gracias a su liderazgo y perseverancia, en 2021 se promulgó la Ley 7F, que estableció el 7 de febrero como el Día Nacional contra la Violencia en el Pololeo, un homenaje a su hija y un llamado permanente a la conciencia social.

Además, ha liderado campañas de gran alcance como El Abuso No Es Amor junto a YSL Beauty, y desarrolla programas educativos en masculinidades, liderazgo y sororidad, orientados a la prevención. Hasta hoy, más de 36.000 personas han participado en talleres, charlas y actividades de sensibilización a lo largo del país.

Los testimonios de quienes han pasado por la fundación reflejan su impacto. “Llegué agotada, perdida, sin saber quién era”, cuenta Sandra, una odontóloga de 25 años. “En la Fundación Antonia encontré el impulso para cambiar, para sanar. Hoy soy una mejor versión de mí misma.”

A sus 57 años, Consuelo estudia Psicología mientras continúa dirigiendo la fundación y recorriendo el país dando charlas. Ha sido reconocida internacionalmente por su liderazgo, integrando redes como Voces contra la Violencia y el Fondo de Líderes Emergentes de Estée Lauder, que apoyan a mujeres que transforman realidades desde su experiencia personal.

“Yo no soy activista por convicción, soy activista por amor. Mi hija me enseñó que el silencio mata. Y mientras haya una mujer que sufra violencia, yo no voy a descansar.”

Hoy, Consuelo representa una lucha colectiva nacida del dolor pero sostenida por la esperanza. Su voz y su fundación son un recordatorio de que cada historia puede convertirse en motor de cambio, y que del amor más roto también puede nacer una fuerza imparable.

Dirección:

Luis Carrera 1289, oficina 204, Vitacura

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