Educadora de párvulos y cofundadora de Fundación Infancia Primero, María de los Ángeles Castro lleva más de veinte años trabajando junto a familias con niños pequeños. En 2014 decidió transformar una experiencia desarrollada en centros de salud familiar en un modelo capaz de llegar a distintos territorios del país. Así nació una iniciativa que busca acompañar a madres, padres y cuidadores durante los primeros años de vida, fortaleciendo los vínculos familiares a través del juego y entendiendo la crianza como una tarea que no debería vivirse en soledad.
Hay una edad en la vida en que todo comienza a construirse. Antes de aprender a leer o escribir, antes incluso de pronunciar las primeras palabras, un niño aprende a través de una mirada, de una conversación, de una canción, de alguien que se sienta a jugar con él.
Fue justamente en esos primeros años donde María de los Ángeles Castro González encontró su lugar.
Educadora de párvulos, comenzó su trayectoria profesional en 2006, trabajando en centros de salud familiar del sector sur de Santiago. Allí conoció de cerca a madres y cuidadores que enfrentaban la crianza con poco apoyo y muchas veces en medio de una profunda sensación de soledad.
Durante años observó a esas familias, acompañó sus procesos y fue comprobando que pequeñas transformaciones en la manera de relacionarse con los niños podían tener grandes consecuencias. Jugar juntos, conversar, cantar, leer un cuento o simplemente detenerse a mirar qué había detrás de una conducta eran gestos sencillos, pero capaces de cambiar la experiencia cotidiana de la crianza.
La metodología comenzó a mostrar resultados positivos y María de los Ángeles comprendió que aquello que estaba funcionando en un lugar podía llegar mucho más lejos.
En 2014, junto a un equipo, fundó Fundación Infancia Primero con una pregunta que terminaría marcando el rumbo de su trabajo: ¿cómo llevar ese acompañamiento a muchas más familias sin perder la cercanía que lo hacía efectivo?
Así nació Crecer Jugando, un programa pensado para que los propios equipos de cada territorio pudieran acompañar a las familias y replicar una metodología que había sido probada durante años.
Criar no debería ser una tarea solitaria
Para María de los Ángeles, detrás de muchas de las dificultades que aparecen durante la crianza existe una realidad que suele pasar inadvertida: no todos cuentan con las mismas redes, el mismo tiempo ni las mismas herramientas para enfrentarla.
Por eso, su mirada va más allá de enseñar a los adultos cómo relacionarse con sus hijos. Busca también cambiar la manera en que la sociedad entiende la crianza.
No se trata únicamente de una responsabilidad privada. Es, en su convicción, un desafío que involucra a toda la comunidad.
Fundación Infancia Primero trabaja principalmente con madres, que representan cerca del 95% de quienes participan, pero también incorpora a padres y otros cuidadores. El propósito es fortalecer sus herramientas para acompañar a niños y niñas entre los 0 y 4 años, precisamente cuando las experiencias tempranas tienen un papel fundamental en su desarrollo.
A través del juego y de las actividades cotidianas, los adultos aprenden a observar de otra manera. Una rabieta deja de ser simplemente una conducta difícil; puede convertirse en una señal que necesita ser comprendida. Un niño que no quiere participar puede estar expresando algo que todavía no sabe decir con palabras.
Ese cambio de mirada tiene consecuencias concretas. Las evaluaciones realizadas por la organización muestran una disminución significativa del estrés parental, un fortalecimiento de las competencias protectoras, vinculares, reflexivas y formativas, y avances en el desarrollo socioemocional de los niños.
También aumenta el tiempo que las familias comparten en actividades tan sencillas como jugar, cantar o leer.
De una experiencia local a una red nacional
La historia de Infancia Primero comenzó en el trabajo directo con las familias, pero poco a poco fue tomando otra dimensión.
Hoy la fundación ha acompañado a más de 12.000 familias y sus programas están presentes en 39 territorios de ocho regiones del país, desde Coquimbo hasta Los Lagos.
Su crecimiento tiene una particularidad: no consiste en instalar equipos propios en cada comuna, sino en entregar herramientas para que los territorios puedan apropiarse del modelo.
La organización trabaja junto a los municipios, que aportan profesionales, espacios y las condiciones necesarias para implementar los programas. Infancia Primero, en tanto, entrega la metodología, capacita a los equipos y los acompaña durante los primeros 18 meses.
Después, el seguimiento continúa a través de plataformas tecnológicas desarrolladas por la propia fundación.
Esta fórmula ha permitido que una experiencia nacida en centros de salud familiar pueda viajar mucho más lejos, conservando su esencia y llegando a comunidades muy distintas entre sí.
Detrás de ese crecimiento existe además una preocupación permanente por medir aquello que hacen. La fundación realiza evaluaciones desde 2011 y su estudio más reciente corresponde a una evaluación experimental de impacto desarrollada junto a Focus, en la que se compararon familias participantes con un grupo de control.
Los resultados mostraron, además de la disminución del estrés parental, una mayor percepción de apoyo social y una reducción del aislamiento que muchas veces acompaña los primeros años de crianza.
La evidencia también ha permitido demostrar que acompañar a los adultos puede tener efectos directos sobre el bienestar de los niños.
La primera infancia como prioridad
María de los Ángeles no ha querido que el trabajo de la fundación se quede únicamente en la intervención directa.
Una parte importante de su labor está puesta también en la conversación pública: conseguir que la primera infancia ocupe un lugar prioritario en las decisiones del país.
Porque para ella, acompañar a una familia cuando sus hijos son pequeños no es solamente ayudar a resolver una dificultad del presente. Es intervenir en un momento en que todavía se están construyendo los vínculos, la confianza y las herramientas que acompañarán a ese niño durante buena parte de su vida.
En ese camino, la fundación ha contado con el apoyo de organizaciones filantrópicas y espacios de innovación social, entre ellos Fundación FEMSA y el laboratorio latinoamericano SUMA. Este último apoyó parcialmente la evaluación de impacto a través de su fondo Impacta, asociado a la Education Endowment Foundation de Inglaterra.
El desafío ahora es seguir creciendo, llegar a nuevos territorios y conseguir financiamiento de largo plazo que permita sostener el trabajo en el tiempo. Pero también continuar desarrollando herramientas que hagan posible transferir el modelo y fortalecer la incidencia para que el acompañamiento a las familias deje de depender únicamente de iniciativas aisladas.
Más de veinte años después de sus primeros encuentros con madres y niños en los centros de salud del sur de Santiago, María de los Ángeles sigue mirando hacia el mismo lugar: esos primeros años en que una conversación, un juego o un abrazo pueden tener una importancia mucho mayor de la que parece.
Porque, en el fondo, acompañar a un niño también significa acompañar a quien lo está criando. Y ayudar a una familia a sentirse menos sola puede ser una de las primeras formas de cuidar el futuro.



© Todos los Derechos Reservados – Mujer Impacta