Natalia Rebolledo

Un Alto en el Desierto

Premio Mujer Impacta 2020

Publicado Mayo 6, 2021
Por Mujer Impacta

Después de ocho años trabajando en el sector público, Natalia se dio cuenta de que debía apoyar al Estado desde afuera y complementarlo. “Es tanto lo que hay que hacer por nuestro país, que es necesario activarnos como sociedad civil y trabajar en lo que se necesite. Muchas veces se dice que el Estado debería hacer las cosas, y resulta que nosotros también podemos hacerlo”. 

El 2013 conoció a un equipo que tenía un proyecto consciente de las necesidades de la zona norte de Chile y con su marido tomó la decisión de crear soluciones colectivas, reales, concretas y adaptadas al territorio, enfocándose en la sequía. Así nació la Fundación Un Alto en el Desierto. 

“Nuestro mayor desafío es impactar en los hábitos de las personas. Cambiarlos en torno a la eficiencia hídrica, que sean duraderos y se vaya innovando de forma práctica y sencilla. Es increíble, pero en comunas donde existen decretos de escasez, se sigue regando a las tres de la tarde con agua potable e invirtiendo mucho dinero en camiones aljibe. Queremos incidir en soluciones de más largo plazo”. 

Natalia busca generar acciones concretas para que Chile pueda adaptarse al cambio climático, principalmente solucionando la sequía y aridización de los territorios afectados por la escasez hídrica, mediante la educación ambiental, la innovación y el desarrollo del sector.

Un Alto en el Desierto trabaja para formar redes con la comunidad local, las escuelas, universidades, autoridades y empresas en torno a la reutilización del agua para hacer frente a la crisis hídrica que está viviendo el norte de Chile. Cuenta con una red de 15 escuelas rurales que reciclan 5 mil litros diarios de “aguas grises”, gracias a un sistema diseñado entre la Fundación, la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC) y el Liceo Bicentenario Politécnico de Ovalle. 

Las “aguas grises” son las que se originan, por ejemplo, en el uso de lavadoras, lavamanos y duchas. Nuestro sistema permite llevar el alcantarillado de estas tres fuentes a un fondo común, donde tratamos el agua con un filtro especial, para que después de unos días se pueda reutilizar en acciones como el riego de árboles frutales y ornamentales. 

La iniciativa se desarrolla en varias fases. Una primera etapa es la académica, donde ingenieros y químicos de la PUC diseñan los filtros y sistemas de limpieza de agua con materiales fáciles de conseguir en una ferretería de pueblo. Una segunda, en que los alumnos del Liceo Politécnico de Ovalle construyen estos filtros y sistemas de limpieza. Y una tercera, donde monitores de la Fundación Un Alto en el Desierto van a las escuelas y capacitan a los niños. Ellos están constantemente siguiendo el progreso y velando por la mantención de los sistemas de reciclaje.

“Gracias a este sistema, hemos podido ahorrar lo equivalente a 100 camiones aljibe al año principalmente en escuelas rurales de la región, que presentan carencia de agua potable y vulnerabilidad mayor al 80%. Se calcula que más de 7 mil personas se han visto beneficiadas con esta iniciativa”. 

La fundación también participó en la discusión de la Ley 21.075 de reutilización de aguas grises que se promulgó en 2018 y recientemente ha apoyado en la construcción del parque de atrapanieblas más visitado de Chile, en la Reserva Ecológica Cerro Grande. 

“Nunca vi tanta necesidad de tomar acciones concretas para adaptarme al cambio climático como cuando me cambié a la Región de Coquimbo y comencé a trabajar directamente en territorios apartados, en contacto directo con las personas y la naturaleza. Salir de una oficina cerrada al mundo real, me abrió los ojos y me hizo plantearme que hay mucho que hacer. Sin duda, me cambió la vida”.